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martes, 4 de agosto de 2009

Principios dificiles de una escuela

PRINCIPIOS DIFICILES DE UNA ESCUELA

En ese patio en forma de escuadra, había una pileta, donde se almacenaba agua, estaba cerca de la toma de una llave de agua, pegada a la barda.
Por el patio de atrás, se encontraba un pozo.
De donde, cuando empezó a funcionar la escuela primaria se extraía el agua, en cubetas, ayudándose con una carrucha.
También, por mucho tiempo, no hubo luz eléctrica.
Y cuando, ponían a bailar a los chiquitines, la maestra Rosa Eva Velásquez de la Garza y la maestra Flor de Maria Ortega tenían que armonizar con palmadas, marcar tiempos, tararear las canciones, y con ese acompañamiento, hacer que los niños, se imaginaran las melodías.
Si, fue difícil el comienzo de la escuela.
Pero ha dando grandes frutos al pueblo.
A México.
Cuantos alumnos que han pasado por sus aulas, han sido presidentes municipales, médicos, ingenieros, licenciados, contadores, maestros y directores de escuela.
Es su educación básica, lo que los han catapultado, a pelear por un mejor futuro.
Y son los maestros, los que con su esfuerzo, doble, por tener tantas carencias la escuela en sus inicios, han hecho posible que lo que estaba en germen, desarrollara, creciera y diera frutos.
El pozo de ese patio ( lo mandó hacer fray Andrés de Olmos hace 455 años) , siempre estaba con ramitas, palitos, su agua.
Las pelotas, que a los alumnos se les caían, intentaban extraerlas, primero arrojaban una tabla, o rama, que quedara justo debajo de la pelota, para que la levantara un poco, luego aventaban la cubeta, y ahí estaban en el brocal del pozo, todo un enjambre de huercos, unos de panza, con brazos hacia delante, otros, mas aventados, se trepaban al brocal del pozo, se agarraban fuerte del travesaño de donde pendía la carrucha, o de los pilares de cemento, que sostenía el marco, de donde pendía la carrucha, y así tenían mejor vista del fondo de ese pozo.
¡Jala la cubeta para allá!
¡Otro poco hacia ti!
¡Dámela a mí!
Como si estuvieran pescando la pelota, con la cubeta.
Se daba cuenta algún maestro, y…
¡Niños, niños!, ¡quítense de ahí!
Y el dueño de la pelota, enojado, frustrado, de nada sirvió la ayuda de sus compañeritos, ¡para que venia el maestro en ese momento!
¡Si ya mero la sacaban!
Y por mas que le pusieran tablas al pozo, para taparlo, si eran cientos de manos, que curiosas, se las quitaban.
Era hondo, yo tiraba piedras, a su fondo.
Y tardaba en escuchar su choque al caer al agua.
Se contrato, quien limpiara el fondo de ese pozo, unas cuantas veces, pero no duraba limpio, era caso perdido, a los pocos días, volvía a tener basura.
Y no se ahogo un niño ahí, porque Dios es muy grande, y no lo permitió.
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