Latidos de cariño y afecto que nutren al Alma.Gracias por su visita.

jueves, 25 de marzo de 2010

Buelita y yo





BUELITA Y YO

Y seguiré contando, como pasaba los meses de vacaciones, en la escuela "Expropiación Petrolera" ,de Pueblo Viejo,Veracruz.
De pequeñita, abuelita me contaba historias; y jugábamos a:
Abuelita, me sentaba en su regazo, de frente a ella, a horcajadas.
Me tomaba de los dos bracitos, y entonaba el…
Aserrín, aserran,
Los maderos de San Juan,
Piden pan,
No les dan,
Les dan un hueso,
Se les atora en el pescuezo,
Y se ponen a llorar…….
Al tiempo, que me balanceaba hacia atrás y hacia delante.
Al final, se iba más de prisa, y terminaba, haciéndome cosquillas en el cuello, cuidando que no me fuera a caer.
Mas grandecita, parada frente a ella, tomaba una mano mía, y hacia con la otra mano de ella, como si una hormiguita o arañita, fuera caminando sobre mi brazo.
Decía: ahí va la arañita, caminando a su cuevita, se encuentra una amiguita, se para a comprar mandadito, y abuelita con sus dedos simulaba los pasitos cortos de un animalito.
Yo ya me sabía el final, pero me gustaba jugar una y otra vez con mi abuelita.


Y con un rápido movimiento, de su mano, que emulaba a un animalito, empezaba a hacerme cosquillas, en esa mano que había servido de caminito.
Y que se mete a su cuevita, y la cuevita o casita, pues era la axila y era un reír, un pasársela bien, un estoy bien.
Somos abuelita y yo, pero estoy bien.
Abuelita me quiere, aunque no me lo diga.
Tuve que trabajar mucho, buscar la llave a sus sentimientos, la llave a su corazón, para que abuelita me dijera que me quería.
Años y años.
Y lo logré.
Después de años y años.
De niña le decía:
Abuelita ¿me quieres?
Claro, estoy al pendiente de ti.
Y abuelita, ¿Por qué tu no me compras juguetes, como mis papás?
Porque yo te visto, te calzo, te doy todo lo que necesitas, allá ellos, que te compren juguetes.
Abuelita, ¿Por qué nunca me dices que me quieres?
Porque te lo demuestro.
Es que yo quiero oírlo
Dime que me quieres, ¡anda dímelo!
No le veo caso, lo que se ve, no se pregunta.
Pues, yo te quiero mucho.
Te quiero tanto, pero tanto, que cuando tú mueras, yo me suicidaré.
Sin ti, no quiero vivir.
¡Niña! No digas eso, ni de broma.
No es broma abuelita.
No me imagino vivir sin ti.
Eso dices ahorita, deja que te enamores, y tu abuelita chuchurreta hasta te va a estorbar.
¡Ya lo veras! ¡Si lo sabré yo!
No abuelita, yo nunca me voy a casar.
Yo cuidare de ti, y de mi tío Ángel.
Tú te jubilarás, y rentaremos un cuarto, donde felices los 3 viviremos.
¡Niña! ¡Niña!
¡Sueñas con los ojos abiertos!
Y empezamos un dialogo eterno.
De esos diálogos, que se eternizan, porque no se les encuentra solución posible.
Oye hija…. Dime abuelita.
Tú crees que al rentar casa, nos acepten con tu tío, ¿así como es?


¡ sabes que tiene esquizofrenia !
Cuando se pone bravo y grosero, y grita tantas maldiciones
Sabes, hijita, creo que en ninguna casa cabremos, nos correrán pronto.
Abuelita, no te preocupes. Rentaremos casa a las orillas del pueblo, donde nada se escuche, donde no tengamos vecinos cerquita, donde corra el aire libremente. No te preocupes todo saldrá bien.
Tienes razón, hijita, en este pueblo, hay mucha tierra, y muchos solares existen retirados, ahí rentaremos.
Y abuelita, se quedaba contenta por unos días.
Oye, hijita…. Dime abuelita.
Cuando yo me jubile, y rentemos una casa en las orillas, no te da temor, que una noche, alguien intente hacernos daño; sabes que tu tío Ángel, le da por vagar, y cuando lo quiere hacer, ni para que oponerse, seria capaz de darnos un mal golpe.
Y tú y yo, solitas en ese solar, apartado de toda gente, ¿si alguien nos quiere hacer daño?
Abuelita, no te preocupes. Rentaremos casa en el centro, donde hay muchos vecinos, donde todos nos veamos como familia.
Y abuelita se quedaba contenta por unos días.
Hasta que regresaba con su interrogarse, en el sentido contrario.

viernes, 12 de marzo de 2010

El Mataperros



EL MATAPERROS

En muchas poblaciones he escuchado hablar del señor del costal, del roba chicos, del coco, y de tantos inventos, a los que recurre la imaginación popular, así como de la llorona, del jinete sin cabeza, del cuco.
Pero solo en Pueblo viejo, supe que existiera el mataperros.
Si , EL MATAPERROS.
Contratado por “alguien”, tal vez por debajo del agua.
Cada que se venia la canícula, los calores tremendos, y se corría el peligro de que algún perrito callejero, contrajera la rabia, salía este singular señor, que tenia este oficio.
Y todos los habitantes corríamos la voz.
Ya anda el mataperros haciendo de las suyas.
Amarrábamos a los perritos, los encerrábamos, y empezaba el aullar de perros, el chillar.
Pues si siempre andaban libres por todo el pueblo.
Las calles del pueblo se veían mas desoladas, sin la presencia continúa de éstos animalitos fieles.
El mataperros, vestía camisa de manga larga, pantalón grueso de mezclilla, roto por aquí y allá, por algunos canes que no tan fácilmente se dejaban atrapar.
Botas altas, como para pisar víboras.
Un sombrero para protegerse de los soles.
Una mochila, donde guardaba sus frascos mortales, lazos de diferentes gruesos, y longitud, restos de comida en bolsas. Y que no le faltara el tambor.
Grande, de lámina gruesa.
Veía a un perrito, solo, por esas calles de Dios, se le acercaba con cuidado, le aventaba un poco de comida, a que el animal la oliscara.
Ya perdiendo el miedo la posible victima, la atraía con otras porciones pequeñas de alimento, hasta que la hacia que se introdujera al tambor.
Ahí, en el tambor, tenia mas comida, pero envenenada.
El can la deglutía, y el mataperros empezaba con su macabro rodar del tambor por el pueblo, donde se sentían escalofríos al escuchar los aullidos del perro envenenado.
Para un lado, para otro; hay iba el pobre perro, rasguñando las paredes curvas del tambor.
Ya muertos, le pasaba una lazada por las patas, lo introducía a un costal, le dejaba un momento en una esquina mientras buscaba más victimas.
Luego pasaba con una carretilla, recogiendo los bultos que había dejado.
Algunos chiquillos, agarraban aquello como un juego.
Seguían al mataperros, por varias cuadras, le echaban porras, le avisaban donde había un perrito callejero.
Las madres, al notar la ausencia de sus vástagos, los buscaban, y de las puras orejitas se los llevaban a sus casas.
Pero que andaban haciendo; divirtiéndose a costa del sufrimiento de un ser que aunque no piense (¿será cierto que no piensa?), tiene vida.
A ver, tú, ponte a hacer eso; y tú, arregla allá.
Que tal si se le escapa alguno; el perrito, al sentir los dolores, los puede morder.
Nadie los mando a andar tras el mataperros.
El lo hace por necesidad; ustedes por gusto.
Ya tiene tiempo que no ha existido un caso de rabia en Pueblo Viejo,Veracruz.
Antes del mataperros, un señor, bañándose, como se encontraba alejado de la casa el cuartito, destinado a ese uso, sin techo, una rata, le brincó a un hombro, y una levísima herida le produjo.
No supo si fue mordedura, o sólo un rasguño.
No se hizo caso, tenia mucha chamba, solo se enjuagó, y posteriormente, al cabo de unos días, murió, por la espantosa enfermedad de la rabia, o hidrofobia.
Hace muchos, pero muchos años de esto que estoy narrando.
Ya no he sabido que exista el mataperros.
¿Por qué en otros sitios no se necesito del mataperros?
O tal vez, si existió, pero fue mas cauteloso.
Tal vez, encerraba a los perritos, en un sitio secreto, donde nadie se diera cuenta que eran sacrificados.
¿Qué es más malo, matarlos haciendo un circo de ello, o matarlos en lo oscurito? Se los dejo de tarea.

sábado, 6 de marzo de 2010

Remy y Yugui

Cuando estaba pequeña,en mi casa estaba prohibido llorar; si moría algún animalito de los muchos que teníamos, ni por pollos, comidos por tlacuaches, ni por una perrita, que llegó sola, y se encariño conmigo.
Ni por gatitos, que siempre, aparecían camadas completas, en cualquier rincón de la escuela.
Todavía, hasta hace muy poco, yo seguía con el no debes llorar por un animal.
Le decía a mi hijo, no llores, ¿se murió un perrito? No te apures, conseguiremos otro.
Los vacunaba, desparasitaba, y si se enfermaban o ponían tristones, los llevaba con el veterinario.
Bien cuidados, pero si morían, nada de llorar.
Ya me había hecho a la idea, se va a morir.
Ya hice todo lo posible, no hay remedio.
Y ni modo.
Pero este octubre, próximo pasado, contábamos en la casa, con 2 perritos de 3 años, uno grande hermoso, cruzado .
Blanco, con manchas cafés.
Y uno, más pequeño, también blanco, con manchas cafés, también cruzado,pero este coker.
Los 2 cariñosos, a más no poder.
Juguetones.
A las 6 de la mañana, los deje salir de mi casa.
Para las 7 un rechinido de carro, un chirriar de llanta, un trancazo seco, yo estaba en la casa, y ese golpe, y ese aullido de dolor, taladró mis oídos.
Presentí lo peor.
Salgo a la cochera, abro el zaguán y veo venir tendido a mi perrito, al más grande, a mi Remy, y tras de el al mas pequeñito, al Yugui.
Llegando al frente de la cochera, mi perro parando su pecho, se arqueaba de dolor, me miraba suplicando ayuda, yo abrí la reja lo mas posible, y con palabras cariñosas, le decía, ¡Entra Remy! ¡Entra a tu casa!
¡Ándale chiquito! ¡Entra ya!
Y mi Remy, hizo un esfuerzo, entro a la cochera, y ahí, se hecho de golpe y se quedo, inmóvil, estirando sus patitas, blancas, con botitas cafés.
No se, pero mi perro, tenia una expresión de sumo dolor.
Sus ojos, no dejaban de mirarme, como pidiéndome ayuda.
Sus ojos de café claros, tan tranquilos siempre, tan seguros de mi cariño, me suplicaban ayuda, y yo no podía dársela.
Baja mi hijo, ¡mamá! ¿Qué pasa?
¿Qué le pasa a Remy?
Se estiraba Remy, se encogía, y yo rápidamente, a mi hijo le explique, lo que había pasado.
Y le dije, hijo, ¡recemos! ¡Recemos! Pidámosle a Dios, que lo hizo, a Dios, que si es posible, al rato que abra el veterinario de aquí cerca, nuestro perro se salve; pero si no hay remedio, que nuestro Remy, no sufra tanto, de un modo tan inútil.
Y empezamos a rezar, de modo audible, y mi perro nos veía, y yo le decía,
¡Chiquito! ¡Mi Remy!
¡Como quisiera poder ayudarte!
¡Te queremos mucho!
Le pido a Dios por ti, que te ayude.
Y mi perro, nos veía, y aunque nadie me lo crea, y no me importa ser tachada de lucas, mi perro se relajo, y juraría que agradecía oírnos rezar, y así murió.
Su hociquito, quedo estirado hacia atrás, enseñando sus colmillos, y toda su dentadura.
¿Entendería mi perro mi preocupación por el?
¿Se sentiría acompañado?
Porque yo le decía a mi hijo, no te vayas, que Remy no se muera como un perro, ¡solo!
Será perro, pero tiene quien lo quiera.
¡Y no se va a morir solo!
Y murió, cobijado con nuestro cariño, no duro ni 10 minutos su agonía.
Y mi esposo, ¿pues que paso aquí?
¡Y para que lo dejaste salir?
Y llore 3 días, cada que platicaba de Remy, y cada que me acordaba de mi perro, llore y llore.
Llore por perros, gatos, pichones, pájaros, por todo ser viviente, que alguna vez quise y no pude demostrar mi dolor ante su perdida.
Y mi esposo decía, ¿no lloraras de remordimiento?
¿Por qué de remordimiento?
Ni que lo hubiera matado yo.
¡Porque lo dejaste salir!
Pero si no fue la primera vez, cada semana, muy de mañana, le dejaba salir, junto a su hermano.
Llore, porque me cayó muy de repente su muerte.
Lo vi salir corriendo, vigoroso, sus músculos tensos, brincando de gusto, y al rato, agonizando.
Por primera vez, no sentí tener control sobre lo que pasaría después.
Llore, porque quería a mi perro.
Llore, porque no pude quitarle ese dolor, porque me daban ganas de tener enfrente al desgraciado, que le aventó el carro, y decirle algunas frescas.
Que comprendiera, que tal vez, sino hubiera sido mi perro, tal vez, un ser humano hubiera sido el atropellado, hubiera sido la victima inocente de su forma inconciente de manejar.
Que comprendiera, que un carro, así como es útil, también es un arma letal, la mas letal de todas.
Y que por eso, uno debe de ser muy cuidadoso al manejar.

martes, 16 de febrero de 2010

Platicaba con todo lo que me rodeaba



Las vacaciones se me hacían largas y tristes.
Así fueran navideñas o de fin de cursos.
Maestros, alumnos, todos se iban a sus casas.
Incluyendo los maestros, que vivían en el anexo a la escuela.
Los salones, cerrados con candados, solo se abrían cuando se acercaba el inicio a clases, para limpiarlos, y tenerlos listos.
Deambulaba como duende por toda la escuela, con mis juguetes en rastras, en unos carritos, que hacia de cajas de zapatos, a los cuales les hacia un hoyito, de donde partía un mecatito, y así, mis juguetes y yo recorríamos, toda la escuela.
Hasta, que aquella cajita, quedaba destrozada de tanto deambular, y otra caja de galletas, de lo que fuera, ocupaba su lugar.
Platicaba con todo lo que me rodeaba con juguetes, con árboles, con muros, con las nubes, con los rayos del sol, con los animalitos.
Y nada de llorar.
Estaba prohibido.
Desde la vez, en que una noche, observando a los alumnos de secundaria nocturna, jugar al básquetbol, yo sentada en la orillita de la banquetita, que quedaba frente a nuestra casa, un pelotazo dio en mi rostro, y lloré.
A gritos lloré.
Y nuestro tío Ángel, el loquito, salió con el machete en mano, dispuesto a matar al que se había atrevido a hacerme llorar.
Me sorprendió la respuesta de mi tío Ángel.
Desproporcionada, a lo que me había pasado.
Completamente fuera de toda realidad.
Fue todo un logro calmarlo.
Y abuelita, me regañó.
¿Quieres que tu tío mate a alguien por tu culpa?
Métete, y no salgas de casa, si no sabes soportar los golpes, sean del tipo que sean, si vas a llorar por todo, mejor no salgas de casa.
No nos metas en problemas.
Bastantes tengo yo con tu tío Ángel.





Me tragaba mis lagrimas, las reprimía, y después de muchos años,he aprendido de nuevo a llorar,de felicidad( como cuando nació nuestro hijo),de tristeza,de gozo,de nostalgia, razoné...


si Dios nos dío las lagrimas fue por algo.





Les diré un poema de un sacerdote( no recuerdo su nombre) que ya murió de cancer,y sus ultimos días redactó lo siguiente:


.





ASI COMO TODOS LOS RIOS LLEGAN AL MAR,




ASI NUESTRAS LAGRIMAS LLEGAN AL CORAZON DE DIOS.




Reciban un gran abrazo amigos, y recuerden,no es malo llorar,seas hombre,seas mujer,niño o anciano, llorar no es debilidad, es DESAHOGARSE.


.

domingo, 7 de febrero de 2010

Vivir en la escuela



Claro que disfruté vivir en la escuela "Expropiación Petrolera" de Pueblo Viejo, Veracruz.
Con todo y su carga de trabajo.
Los maestros, eran libres de mandarme a hacer pagos aquí y allá; y lleva esto, y necesito esto. Pero, me gustaba el ambiente de la escuela.
Sus murmullos, incluidos los de los alumnos, los de los pichones, y todo, todo lo que hacia a ésa escuela tan especial.
Cuando cada ocasión de festejos, cómo de dia de madres, del maestro, del soldado, que porque se acerca navidad. Siempre, se viste de un modo, y de otro a los salones, a las paredes, a la escuela, que se vea de fiesta.
Y los maestros, andan presurosos, y los niños, jubilosos.
Y los ensayos de tal o cual bailable, o de la cuerda, o de los concursos de deportes ¡no me aburrían!
Acercándose navidad, los maestros encargaban a cada niño una esferita, de las de antes, de vidrio delgado y color liso.
Las comprábamos en las tienditas del pueblo, envueltas en sus cucuruchos de papel periódico.
Y los árboles de navidad, algunos eran troncos secos de arbolitos, engalanados con mucho algodón, simulando nieve, o se hacían hechizos de conos grandes de cartón, forrados, de sopa de moñitos, pintados estos de aluminio.
O en las paredes, se dibujaba un pino, y luego, cada niño, aportaba tarjetas viejitas de navidad, y todo muy alegre, se vestía a ese pinito de la pared.
O de estropajos de fierro, se desdoblaban, y se hacían campanas, con una esfera como badajo. Cada año era diferente el preparativo navideño.
Y mi papá, y mi mamá, me mandaban regalos.
Primero, el cartero, me traía una tarjeta, con el aviso de un paquete en el correo.
Ir con abuelita, por el camino, que corría desde lo que era la caseta publica de teléfonos, que era atendida por una señorita; entre esa caseta, y la iglesia, de la Purísima Concepción.
En ese caminito de tierra, había infinidad de flores, pájaros, casas alegres llenas de luz, mariposas, el solo recorrerlo, era una aventura.
Como a 6 cuadras, de la plaza, daba uno vuelta a la izquierda, a topar la calle que venia del monumento a Cuauhtemoc, en esa esquina, cruzando la calle, el edificio de un solo piso, de material, era la oficina de correos.
Se usaban en ese entonces, unas brochas y pegamento, que creo que era de la corteza de lo que escurre en los árboles de nogal, así, de ese color vidrioso, era el color del pegamento áquel, que estaba en unos botes en correos; eran para cerrar los sobres y pegar estampillas.
Recuerdo, que nosotras siempre, mandábamos cartas y cartas.
Y papá, la letra de sus cartas.
Remarcaba una y otra vez, sus letras.
¿Con inseguridad?
Mi papá, habla a tramos cortos, y se regresa de continuo en lo que dice, y repite otra vez, buscando en su mente lo más adecuado a decir, precavido, como abuelita.
No papá, no le perdió nada a abuelita.
A lo mejor, refinó en algunos defectos.
Pero nadie es perfecto.
Y yo lo quiero así, tal como es.
Y me daban unas cajotas de ensueño.
Enormes, como las de las televisiones actuales de 29 pulgadas.
Y en el camino a casa, pesaban las cajas.
A poco a poco. Llegamos a casa.
No importaba; que vieran que mi papá, se acordaba de mí.
Que habían ido al otro lado (E.U.), y escogido papá y mamá, regalos navideños para todos.
Y yo estaba siempre en esa lista.
Yo contaba en esa lista como hija.
Y tal vez, solo en esa lista.
Al llegar a casa, abrir semejantes cajotas, contenían muñecas que hablaban, que caminaban, que tomaban mamila y tenían un hoyito para hacer pipi. Juegos de te, estufitas, cajitas musicales, muñecos inflables. Ropita para muñecas, perfumes, talcos y tantas cosas, para mis muñecas.
Se que escogían lo mejor para mi; escogían lo mejor, con el pensamiento, ella está muy sola, sola con su abuelita.
Pasara navidades y años nuevos, y cumpleaños sola.
Pero ahí le van regalos, y regalos.
Y ponía mis juguetes, en filita, en la cerca, donde pasaban los pobladores del pueblo, con sus hijos de la mano.
Y chuleaban las muñecas. Y me decían, para halagarme, la muñeca se parece a ti.
Y si eran grandes las muñecas, creíamos que tú eras la muñeca.
Pueblo Viejo, es prodigo en piropos cariñosos a los niños.
Y las niñas comentaban a sus padres ¡yo quiero unos juguetes como los de esa niña!
Y yo pensaba, ¡yo quiero unos padres como los tuyos!


Unos padres, que estén cerca,que cada mañana despiertes,y los veas.


Me acostumbré a mirar con el Corazón y el Alma.

lunes, 1 de febrero de 2010

Cosecha de aguacates



Bueno, seguimos con el regreso de vacaciones grandes, y la cosecha de aguacates.
Había un árbol de aguacate de mantequilla, daba pocos frutos, pero muy grandes.
Estaba el del fondo, que daba cientos de aguacates de cáscara gruesa, otros árboles de aguacate, que se les ponía la cáscara morada, y para que le sigo, un edén.
Se llenaban varios baños de aguacates.
Mi abuelita, se encargaba de contar, dividir en porciones, y luego clasificar por tamaños los aguacates, y en bolsas de estraza, que tenían unos hilos, que las hacían mas macizas, y que servían de agarraderas, los iba colocando.
Las bolsas con aguacates más grandes, para el señor director, y otras bolsas para cada maestro. Del turno matutino y vespertino.
Ese primer dia, el de regreso a clases, no había tales clases, era mas bien de matricular.
Andaba poco alumno, por los patios de la esuela.
También se cortaban tamarindos, y como daban muy poquitos, sólo a unos cuantos maestros les tocaban.
Mi abuelita, se encargaba de cuidar todos los árboles frutales en vacaciones; solo consumíamos, los que se caían solos, en picos de gallo, como guacamole, en salsas, etc.
Abuelita decía, no son míos los frutos, son de la escuela y para la escuela.
Y sobraban aguacates de los que caían, los colocaba en filita, en las bardas, donde quien pasara, los pudiera tomar.
También había cosecha de papayas, guayabas, limones, cocos, plátanos, mandarinas, anonas que es un fruto muy raro, primero se queda pelón el árbol, sin hojas, y quedan esos frutos, como piedras duras, que los chamacos, en un descuido, ocupaban para jugar a batearlos.
Ya madura la anona, tiene un sabor como a zapote, pero más dulce, su pulpa es clara y la semilla esta más alargadita.
¡Un manjar!
De esos frutos, no recuerdo su fecha de cosecha, la de los aguacates si.
Empezaban las clases, ¡cosecha de aguacates!
Y me gustaba ver la sorpresa y gusto de los maestros, cuando se iban a sus casas, con sus bolsas llenas de aguacates.
Murió abuelita, y luego, luego, en el primer regreso de vacaciones, ni un aguacate encontraron.
¿Y los aguacates?
Estaban los árboles, pero pelones.
Que los chamacos se metían a robar.
Y los maestros, ¡al que se los comió, chorro verde le debió de dar!
Eran demasiados aguacates, ¿Qué se hicieron?
Me gustaría saber, si alguna otra vez, esos maestros, saborearon un aguacate de la escuela Expropiación Petrolera,de Pueblo Viejo,Veracruz.
No hubo un solo maestro, que reclamara alguna vez, por la clasificación o repartición que hacia mi abuelita Luz de la cosecha de aguacates.
Sabían de sobra, su forma justa de obrar. A todos por igual, excluyendo por supuesto al señor director que le tocaba de lo mejor y en mayor cantidad.
La foto muestra a maestros de la escuela Expropiación Petrolera ( años 50-60).

domingo, 24 de enero de 2010

JESSI ESTA EN CASA

Gracias amigos por todas sus oraciones y súplicas por la salud de Jessi a Nuestro Padre Dios,
ella salió bien de su operación,y ya se encuentra en casa,con sus padres.

Para mayores informes,pueden visitar el siguuiente blog:

http://elmundodejessika.blogspot.com


Unidos en oración y amor, demos gracias a Dios.

miércoles, 13 de enero de 2010

CADENA DE ORACION POR JESSI

Pedimos a nuestro Padre Dios por la salud de nuestra amiguita Jessi ,

que le de fortaleza a sus padres

y que se cumplan las palabras de la Biblia en Deuteronomio 7:15

Y QUITARA JEHOVA DE TI TODA ENFERMEDAD.


Me uno a la Cadena de Oración de La Familia Bloguera, encabezada por el blog de Christian ,de

Sandra, de Estrella y muchos más que estamos unidos en el amor por Jessi,una peke que está

peleando muy duro por su salud.

Los invito a que se nos unan pidiendo en oración por el restablecimiento de esta chiquitita de 12

años a quien se le realiza un transplante de riñón.

jueves, 7 de enero de 2010

Regreso a clases



Hablaré del regreso de las vacaciones escolares.
De cómo las vivía yo.
Maestros, alumnos, se iban a sus casas.
Los maestros que vivían en el anexo, también.
Para esto, el primer dia laboral cuando regresaban de vacaciones, de julio y agosto a la escuela, se cortaban todos los aguacates del solar de la escuela.
Se llenaban varios baños de diferentes tipos de aguacate, del oloroso, redondo y grande, que por cierto, siempre le salían manchas negras, como lunares.
Era su piel muy delgadita, y el director de la escuela, profesor Jesús Briones Vázquez (q.e.p.d.)(ver foto ), no lo mandaba cortar, por el poder curativo de sus hojas.
El siempre pedía un te de ese aguacate oloroso, y mi abuelita, se lo llevaba diario, a la dirección, sobre todo en tiempo de frío.
Que es bueno, para taquicardias, anemias, algo tendrá, que el profesor siempre lo pedía.
El maestro, cuidaba mucho de su salud, cero refrescos, cero grasas.
Tomaba de un chocolate vitaminado, que tenía un señor, como atlas, al frente.
Y le daba a mi abuelita, frascos de esos para mí.
Muy rico y nutritivo.
Seguido traía pasteles, como los actuales naturistas, y bisquetes.
Y nos daba a mi abuelita y a mí.

Yo lo veía, subir las escaleras, del frente de la primaria “Expropiación Petrolera” imponente su estatura, muy derecho, con su sombrero gris de fieltro, ladeado ligeramente.
Sus ojos, con sus anteojos, de cristal claro, con arillo dorado. Sus zapatos, bien boleados, negros invariablemente.
Su ropa, de corte impecable.
Siempre de manga larga.
Y en tiempo de frío, con saco, ya sea de vestir, o de pana. Y su bufanda ancha que lo protegía en cuello y pecho.
Y en sus manos grandes, en ocasiones traía una bolsita de estraza, con quien sabe que golosinas, que al final de su jornada de trabajo, sobre su escritorio de lamina ponía y le decía a mi abuelita, y señalándome con la mirada, le decía, ahí les dejo eso.
Mi abuelita, le expresaba, muchas gracias, señor director.
Se ponía su sombrero, con una ligera inclinación de cabeza, y se iba, bajaba la escalera, tal como la subía, con prestancia.
Y yo, abuelita, ¡déjame ver! ¿Qué es eso?
¡Deja!
Que el director se suba al carro de sitio.
Hasta que atravesara toda la plaza, y hasta que lo viéramos subir al carro.
¡Eternidades!
¡Deja ver!
¡No! Aprende a tener paciencia, a no ser tan curiosa, y en eso, no faltaba quien le hablara al maestro en la plaza, se detuviera por breves momentos, eternos para mí.

martes, 5 de enero de 2010

Infractores



Cuando rompían vidrios de la escuela los huerquillos, si no estaban los maestros, o el director, porque eran fines de semana, o vacaciones, yo me daba la carrera sobre el chamaco infractor, y lo seguía hasta su casa, y rápido, queja a la presidencia municipal.
A poco iba a permitir, que cuando volvieran a clases, ya estuviera la escuela con vidrios rotos.
La consideraba mi casa.
Y los padres, pero Lucha, para que te quejas a la presidencia, dinos, y nosotros pagamos o mandamos poner el vidrio.
Bueno, entendido.
Cuentas claras y el chocolate espeso.
Algunos chamacos, como en cada salón se vendían golosinas o galletas para gastos de la escuela, se metían de repente, en las noches, o sábados y domingos, con la ambición de robarse algún dinero.
¡Pero chasco!
No había dinero en los salones.
En mi casa, se guardaba de cada maestro, cajitas y cajitas retacadas de moneditas, hasta le poníamos, 1 ro. A, 2 do. B, 3 ro. A etc. Así, sucesivamente, para identificar de quien eran las cajitas de dinero.
Éramos el banco de los maestros.
Al morir buelita, yo me di tiempo, y entregue a cada maestro lo suyo.
Desde dinero, libros, material importante, laminas, herramientas, que habían dejado en guardia.
Que no dijeran, se murió doña Luz, y quien sabe que paso con el dinero, o con las pertenencias de los maestros.
Una cosa es tener dolor, por una pena; y otra, es pasarse de listo.
A mi me supo criar bien mi abuelita Luz.
¡Y si! algunas personas, intuían donde se guardaba el dinero, mientras se hacia bonche grande, y se depositara al banco, de las ventas de la cooperativa.
En una ocasión, se metió un ladrón a nuestra casa.
Abuelita lo vió desde un salón, cuando se metió a nuestra casa.
Creyó que era su hijo Toño; y se dirigió rauda a la casa.
¡Hijo! ¿Quieres de cenar?;
Y silencio.
¡Hijo! Te vi entrar.
Silencio.
Que llega Toño, ¿Qué haces mamá?
Te vi llegar, ¿Cómo te diste la vuelta, y por donde?
Toño, hizo la seña de silencio.
Tomó un machete, y buscó en la casita.
Tres camas había, la de Toño, la de Ángel, y la de abuelita y mía.
Debajo de una cama, estaba el malhechor.
Toño, con frialdad le dijo a abuelita, a éste lo mato yo.
Y con el machete, le tocaba a la altura de sus costillas del fulano.
Vi su cara de temor.
Debajo de la cama, no podía moverse.
Mi tío, tenia de corazón una piedra.
Sus ojos, verdes, estaban entre coléricos, y con un gusto a poder hacer su voluntad, sobre un pobre cristiano indefenso.
Y abuelita, ¡no hijo!
No te manches las manos, con la sangre de un hermano.
Todos los seres humanos, ante Dios, somos hermanos.
Somos hijos del mismo Padre; no debes derramar su sangre.
Nunca te quitarías esa mancha.

Pero mamá, se atrevió a meterse a nuestra casa; estoy en mi derecho.
¿Y si te hubiera hecho algo?
Hijo, hubiera preferido eso, a que tú te convirtieras en un asesino.
Y nada de lo que existe en esta casa, vale lo que la vida de un ser humano.
No lo hagas hijo, por favor.
Bueno, que salga de ahí, ¡ese cobarde!
Y salio temblando, el ratero.
Después supe, que era el “Rafles”, o “el Manos de Seda”, como se le conocía en el pueblo.
Mi tío lo miraba de arriba abajo; casi no hablaba. Había decisión en su mirada.
Lo retaba a que hiciera algo, para descabechárselo.
El ratero, clavaba su mirada al suelo.
Mi tío dijo pediré que traigan autoridad.
Se encamino a la puerta de la casa, y el ratero aprovechó para empujarnos a mi abuelita y a mí, y brincar por una ventana que daba hacia el patio donde se localizaba un pozo.
Se corrió la voz, de lo que deseaba hacer mi tío con el intruso; y fue la primera vez y la última, que alguien entró a nuestra casa.

domingo, 3 de enero de 2010

Los invito al "recalentado"



Vivir aquí en México, es ser una persona alegre y dispuesta A SOBREVIVIR las fiestas que empiezan desde las posadas,el 12 de dic.el 24 y 25 de dic,el ultimo y el primer día del nuevo año y culmina con el 6 de reyes.
En todas las casas guisamos como para un batallón,los primeros días del año,son los del "recalentado".
te visitan, y ofreces un bocado.
vas de visita y pobre de ti si no te comes lo que te ofrecen.
hace días,una de mis cuñadas fue a dar a urgencias,la presión alta y la azúcar también.
luego decimos,porque en diciembre hay tantas defunciones.
pudiera ser los excesos,y no se diga de aquellos que beben líquidos espírituosos y espumosos.
reciban un abrazo y ya saben,los invito al recalentado,yo hice tamales,camarones en chipotle,al natural, jaiba a la francesa,salpicón,y después les cuento que más.
y no he muerto en este paso de un año a otro.
¡viva México!

viernes, 1 de enero de 2010

EMPECEMOS JUGANDO ESTE 2010

La Gata Coqueta,en su blog Mis caricias del Alma, me ha dejado este regalo,que tiene ésta condiciÓn.

Poner 10 cosas que no logro sacar de mi cabeza:

1.- bajar de peso.

2.- terminar un libro que estoy escribiendo.

3.- aprender más de compu.

4.- necesito más tiempo,no me alcanzan las 24 horas del día...

5.- quiero aprender mucho más de como tocar guitarra.

6.- tejer,están varios hilos y estambres en espera,una bufanda a medias,y el invierno se está pasando.

7.- tengo que visitar varias amigas para darles su abrazo de principio de año.

8.- ya no comerme las uñas de las manos por lo nerviosa que ando.

9.-dejar de tomar un poquito menos de café,sólo un poquito menos,prefiero tomar café a comer.

10.- practicar más con el teclado electrónico,lo poco que sabía,de seguro ya se me olvidó.¡Horror¡



y los blogs que no me saco de la cabeza...son muchos,no sé por cual decidirme.

Los visitaré uno a uno,los invitaré,y también invito a quienes siguen este blog,

para que participen,y despues de un tiempo,chequen si pudieron alcanzar alguno de esos

objetivos,o si de plano,mejor se lo quitaron de la cabeza.


EMPIECEN EL 2010 JUGANDO Y RECIBAN UN GRAN ABRAZO DE SU AMIGA MARUCHA.

sábado, 26 de diciembre de 2009

¿ Matas o patas ?

Mientras disfruto estas festividades decembrinas,este chaparrito (Yugui) hace de las suyas.


LES DESEO A TODOS MIS AMIGOS BLOGUEROS UN PROSPERO AÑO NUEVO,

MUCHA DIVERSION,

QUE LES VAYA ESTUPENDO Y QUE LO DISFRUTEN AL MÁXIMO.

domingo, 6 de diciembre de 2009

¿ Cuanto valor tienen en sí 20 centavos ?



Y que me faltan 20 centavos en la feria de un mandado, y con lo estricta que era mi abuelita.
¿Por qué te falta feria?
¿No hiciste bien las cuentas?
Ahorita mismo, vas y pides esos 20 centavos.

¿Qué?
¿Con tanta gente que hay comprando ahí?
¿Con lo que hay que gritar y manotear para que te despachen tu mandado?
Si no se dan abasto para atender, a pesar de tantos empleados que tienen.
¿Tú quieres que pida esos 20 centavos, que me hicieron falta?
¡No abuelita! ¡No me pidas eso!
Hagamos un trato.
No me des en dos o tres días para gastar.
Y es que abuelita, en todo el dia, y digo todo el dia, me daba cada que yo quería 20 centavos, para que fuera comprando cuanto yo quisiera.
Semillitas, jicama con chile, casi todo costaba 20 centavos.
Por eso, yo ofrecía no pedirle nada en dos o tres días.
Un gran trato pensaba yo.
Si era por el dinero, yo le pagaría con creces esa falta de los 20 centavos.

Pero no aceptó abuelita el trato.
¡Vas y pides tu dinero!
No es por el valor en si, sino porque para que sepan, que una hija mía, no se sabe dejar arrebatar, el dinero que es suyo.
¡No debes dejarte!
Así sean 20 centavos, o 20 pesos, para el caso es lo mismo.
Es tu dinero y vas y lo exiges.
¿Que acaso no sabes contar?
¿Qué eres tonta? ¿Que se ríen de ti, y te dan mal la feria?
¿No tienes sangre en las venas, y cualquiera te quita las cosas, al fin que a la niña le da vergüenza?
¿O quieres que vaya yo, y exija, lo que por derecho tú debes exigir?
¿Qué les digo, vengo por 20 centavos, que no le dieron a mi nieta, y no tuvo cara para venir a reclamarlos?
¿Eso quieres?
¡Ahorita voy!, dijo abuelita.
¡Pero yo le gané!
¡Y llegué volando a la tienda!, y yo creo, que si no me hubieran devuelto esos 20 centavos, a más de alguno, lo hubiera madreado.

Bueno,eso me pasó cuando yo tendría unos 10 o 12 años de edad, y la foto es de hace un mes que fuí de visita a Pueblo Viejo,Veracruz.Está tomada en el camino de entrada a la ciudad.

¿y ha ustedes como les iba cuando los mandaban a la tiendita a algún mandado ?

¿ los jovenes en la actualidad sabrán defender unos centavitos de fería?

martes, 24 de noviembre de 2009

Mandados



En ese tiempo, pocos del pueblo tenían televisión.
El doctor Ramón Cantú Ochoa, era uno de los afortunados.
Cuando mas grandecita(en la foto,en la edad de los "mandados"), mi mandaba mi abuelita la tienda con la recomendación, ¡no te dilates!, ¡no te entretengas!, optaba por ir a las tiendas, que se ubicaban por la calle que está rumbo a la fuente, porque tenia que pasar a fuerza por frente de la casa del doctor Cantu, y ahí, hacíamos montón, frente a la tela mosquitera de la sala del doctor, todos los chiquillos del pueblo.
Mirábamos la tele a ratitos.
Nos empujábamos la chiquillería, soñábamos con tener una así, grandota, con patas, de pantalla de blanco y negro.
Y luego a la carrera, con zancadotas largas, largas, que parecíamos venados, corríamos, pasábamos frente a la papelería y mercería de la maestra Idalia Ibarra; los puestesitos ambulantes que vendían jugos de naranja, verduras, y frutas, que si tenias ganas de algo, un poquito mas exótico, como unas granadas, las tenias que encargar, desde un dia antes, que te las trajeran de Tampico, y que de seguro, las comprarías.
Dejabas atrás la carnicería de don Jerónimo Maya, y si nuestros mandados no incluían tortillas o masa, hacíamos la compra en la tienda de la esquina, que era la de don Ramón Rodríguez y sus hijos.
Pero, en ocasiones, teníamos que llegar hasta la otra tienda, la que se ubicaba en la acera de enfrente, la de don Luís Wong, porque compraríamos masa o tortillas.
En esa tienda, en el exterior, de ella, en la banqueta de esa esquina, se vendían pescados y jaibas, vivos, en trastos con poquísima agua, para tanto marisco; alcanzaba a verlos, con sus branquias, dilatándose, en un esfuerzo por sobrevivir !y como!, si estaban fuera de su elemento, fuera de su laguna.
Cerca de estos puestos de mariscos, estaba un pequeño puesto de revistas, y periódicos, como El Sol de Tampico, y el Mundo.
En las tardes, lucían estas banquetas solas, ya no estaban los puestos de revistas, periódicos, mariscos, jugos de naranjas, ni el de frutas o verduras.
Creerían, que todo Pueblo Viejo, dormiría la siesta.

En esa tienda grande, la de don Luís Wong, para comprar la masa o las tortillas, teníamos que hacer filas, donde en ocasiones, mas de una hora durábamos; si solo era mandado, tenían unos mostradores, de madera, en forma de amplia escuadra, y empujando, aquí y allá, colarte entre tanta gente, y gritar, a todo pulmón, haciéndose escuchar, porque siempre había mucha personas comprando.
¡Me da 50 centavos de galletas!
Y te las daban en unos cucuruchos de papel estraza, de ese color cafecito, era un puñado de galletas de animalitos, o de marías.
Si llevabas suficiente cantidad de galletas, hasta una bolsa de estraza, merecías.Y el aceite, tenían una instalación de tubería, que salía de unas latas de lamina, que ubicaban estas, en una especie de tapanco o bodeguita y llegaba abajo, de donde al abrir su llave, llenaban el trastecito que llevaras, y de acuerdo a lo que fueras a comprar de aceite suelto para comer.
Las latas vacías de aceite, se vendían, para ocuparlas como tamaleras, o abiertas por completo, se usaban como charolas, donde se ponían galletas, o panes caseros, y luego hornearlos.
También las latas de aceite vacías, se ocupaban para hacer recogedores de basura, solo se cortaban en dos partes, de manera diagonal, y se les ponía un palito de escoba, como mango.
Total, que todo el pueblo, utilizaba esas latas vacías, y había que encargarlas con mucha anticipación.
Y había tan pocas tiendas en el pueblo…
En ocasiones, llevaba apuntado en un papelito lo que necesitaba.
Estiraba la mano, a ver cual de los dependientes, se dignaba agarrar el papelito.
Pero si, cuando ya te habían surtido esa lista, tú pedías algo más, no te lo despachaban, solo te cobraban lo de la lista, y ya no te hacían caso.
Se comportaban como autómatas, era demasiado el trabajo.
Los dependientes seguían con otro cliente, y con otro.
El chile, tomate y esas cosas, te las daban en un cucurucho de papel periódico.
A veces, el papel tenía signos en chino.
Eran chinitos los dueños de la tienda.
Igual que los dueños del otro gran almacén, “El Movimiento” que estaba frente a la plaza.
Los dos fiaban el mandado; en un principio, mi abuelita me contó que pedía fiado, pero luego le salían con, ¡ya la vi! Comprando en la otra tienda.
Es que esas dos tiendas eran rivales de ventas.
Y querían amarrar a sus clientes.
A mi abuelita no le gustaban de esos “frijoles”, así que prefería comprar al contado.
Así no le debía nada a nadie, y nadie le podría recriminar nada.
Yo corría como gacela, por un tomate, un poquito de arroz, una leche, que no se porque, entre el griterío, me ofuscaba y salía pidiendo la de las rosas.
¿Cuál?
¡La que tiene flores!
No faltaba algún adulto que me ayudaba, ¡déle leche clavel!
¡Para que se vaya ya!
¡Me aturde con sus gritos!
Y es que si no presionaba, a puro grito, y brincos en el mostrador, se aparecía mi abuelita Luz, y me avergonzaba con ¿Por qué tardas tanto?
¡Allá te necesito!
Una vez en una feria, me hicieron falta 20 centavos.
¡20 centavos!
Lo que costaban unos dulces Tomy, una muelita de coco, una naranja con chile, 2 chicles, cualquier cosa baladí, pero no me dieron bien la feria...(luego les cuento cómo me fue)

viernes, 13 de noviembre de 2009

¿ En tu niñez tú creías en la cigüeña?



Yo, como pacientita de la partera y enfermera del pueblo , porque mi abuelita, por todos lados le buscaba la salud a mi cuerpecito, me tocó ocupar tanto las instalaciones de madera, como las nuevas.
Y el mirar tantos rostros de madres, estrenando bebé, yo deseaba un dia ver llegar a la cigüeña; con ese engaño dulce, mi abuelita me llevaba a rastras, cada que necesitaba los servicios de doña Irma Gutiérrez.
Yo decía, no abuelita, esa cigüeña, no ha de existir.
Nunca la he visto. Y vaya que voy seguido a la clínica de doña Irma.
Y buelita, me enseñaba unos libros, con estampas de las cigüeñas.
¡Pero aquí no se ve que carguen bebes!
Y buelita me decía, ¿pues que no ves a los bebes en esa clínica?
Llegan las madres sin bebé, salen con bebe.
¡La cigüeña! anda, vamos a que te inyecten, y un dia la veras.
Y casi llegando a la clínica, mi abuelita, hacia la finta, ¡ahí va la cigüeña!
¿La viste?
¿Dónde?, ¿Dónde?
¡Uh, ya se fue!
Eso te pasa, porque vienes renegando, en lugar de pelar bien los ojos, entonces para que los quieres, ¿para venir llorando?, si solo es un piquetito de mosco.
Cuando estaba entre 1 ro., y 2do. Grado de primaria, me reunía con chiquitinas, nos metíamos entre la pared del foro, y una tela mallacorla, del solar del dr. Cantu.
Bien apretadas, que apenas cabíamos en ese como callejoncito, en intimidad.
Eso nos envidian los hombres a las mujeres, el chismorreo, llegamos a cualquier lugar, y al rato, ya estamos en confiancitas, el hecho de ser mujeres, nos da esa credencial, de tu y yo, podemos hablar el mismo idioma, desde muy pequeñas, somos mas abiertas, para preguntarnos de todo, a sabiendas, que ni a su hermano, se lo van a contar, ¿porque somos mujeres pues?; o si vamos al baño, ahí vamos, con otra de cuatacha,o el, vamos a peinarnos, y es solo, para ponerse uno de acuerdo en algo, de importancia, como que pedimos de comer, o de aquí, a donde le pedimos a los maridos que nos lleven, ya me imagino, a un hombre pidiéndole a otro hombre, vamos al baño, a…,pues no, eso sólo es prerrogativa de la mujer ,vamos ganando, de todo a todo, mujeres de principio a fin.
Y seguimos disfrutando, que nos llamen el sexo débil, pero vamonos mas despacio, ya conozco, a varios varones, que se han herniado, porque nosotras, de mujercitas mulas, les pedimos con voz melosa, que hagan de todo, baja aquello, que está bien alto y pesado, carga esto, ¿como que pesa?, y aquí si, levantamos la voz, para que se apene, y no se atreva a negarse al favorcito, de herniarse, para hacerle un caprichito a una mujer.
Y de pilón, en sus camas, de hospital preguntan porque señorita enfermera, hay más hombres herniados, que mujeres.
¿Que les decimos?, es que ustedes, son mas débiles, pero de sentimientos; pues no, físicamente, pues no, ¡uy!, a ver que hora se darán cuenta…de que no son Superman.
No hay que ser así, hay que cuidarlos, tan lindos que son, con su aire, del fuerte de la casa.
Bueno, en lo que estaba, en confiancitas, en como desde chiquitas, nos reunimos para saber un poco mas de aquello o de lo otro.
Ahí, entre el follaje, de unas matas de tulipanes, de flores rojas, de los cuales yo me comía sus pistilos dulces; mis amigas y yo, tratábamos de adivinar eso de los bebés.
Salió una con la novedad, que su mamá se había aliviado hacia poco, y que de entre sus piernas, había salido su hermanito.
Como se le vino de improviso, ahí en su casa lo tuvo.
¡No puede ser!
¿Y la cigüeña?
¡Puro cuento!
Yo escuchaba embobada, eran tiempos en que no se hablaba de esas cosas, y todo eran conjeturas entre chiquillas.
Pero cuando nuestra amiguita dijo, salen, por donde sale la pipi.
Yo no me aguanté y espete, el ¡no es cierto!, si ni la popo puede salir por ahí.
¡Como crees que un bebe!
Y todas reímos de la que estaba con nuevo hermanito.

(en la foto está mi hijo,de cuando era un bebito)

viernes, 6 de noviembre de 2009

Doña Irma Gutierrez de Navarro,partera de Pueblo Viejo,Veracruz.



Para las inyecciones, y de hierro, que dejaban toda la pierna dormida, puesta y dispuesta, doña Irma Gutiérrez. Que era la partera del pueblo.
Su casa, se encuentra, al lado de donde estaba la peluquería.
Solo por un tiempo, vivió en casa de una de sus hijas, por el rumbo de la iglesia de la Purísima Concepción ( ver foto de la iglesia del pueblo,cortesía del cronista profesor Martín Pérez San Martín ), en una casa grande de madera.
Y continuaba parteando, en esa casa, si no la dejaban, de dia y de noche, era muy solicitada. Mientras edificaban cuartos y cuartos, en su propiedad, para las parturientas.
Hermosos cuartos, todos azulejeados, y pisos de mosaico, un lujo para esos años, pero el sacrificio hizo, para comodidad de sus pacientes.
Su esposo, murió hace poco, de 98 años de edad. Su nombre era don Eustacio Navarro Sifuentes, conocido por todos como don Tacho, el peluquero más querido y reconocido de la región.
Es que no crean, que solo era peluquería y ya.
Si casi, casi, era el psicólogo, de todo el elemento masculino del pueblo.
Siempre tenia tiempo, para escuchar las platicas, las cuitas, las quejas, los planes, de todo aquel que lo pasaba a visitar, a saludar, aunque no fuera a peluquearse en ese momento; al fin que tarde que temprano, todos eran clientes de el.
En ocasiones, solo iban a echarse una partidita de damas chinas, o de ajedrez.
Los comodinos, a leer el periódico del dia, o las revistas, como “ Los Agachados”, “La Familia Burrón”, “ Hermelinda Linda”, “Condorito”, “Chanoc”, “Alarma”, “Alerta”, “Kalimán”, “El Libro Vaquero”, o llenar los crucigramas, de algunas revistas especializadas en ellas.
Me daba cuenta de todo este trafique, porque llevaba a mi tío enfermo, a peluquearse.
Primero me daba una vuelta, para checar, cuantos clientes había por delante, mientras no sabía bien a bien la movida, solo me asomaba, y corría a la casa, para decirle a mi abuelita son tantos…
Como a la media hora, me decía mi abuelita, ves a ver, si ya son menos clientes, para que tu tío no se tarde tanto, no vaya a empezar a hacer un alboroto, o se fastidie, y agarre camino, y ya no se peluqueo.
Me aventaba otra carrera a la peluquería, y seguían los mismos tantos clientes que ya había contado.
Mi abuelita se desesperaba, y me regañaba, con un, o no sabes contar, o porque no te fijas bien en cuales son los clientes, cual es su físico, como edad, estatura, o su modo de vestir.
A lo mejor ya llegaron otros, y tu los estas contando, como si fueran los mismos de hace rato.
Pregúntale a don Tacho, de quien va a seguir tu tío Ángel.
Y que se te quede bien grabado, como es esa persona, ya no quiero errores. ¿Entendido?
Con el tiempo fui agarrando golpe, y don Tacho, al mirar que yo me asomaba, sonriendo me indicaba con una seña, cuantos eran en realidad, los que faltaban de peluquear o de rasurar, y de quien seguiría mi tío.
¡Un gran tipo don Tacho!
Delgado, ágil, muy ágil con su navaja, peine y tijeras, en ocasiones, me quedaba un ratito, mirando su destreza en el rasurar y peluquear a sus clientes.
Parecía que iba a operar, así de respetuoso lo veía en el desempeño de ese oficio que le encantaba; sacudía muy bien el sillón, de rastros de cabello del anterior trabajo, invitaba a subirse al cliente, a ese sillón, como si este fuera a ser su trono, durante la rasurada.
Ya sentado, movía una palanca para recostarlo un poquito, y con otra palanca, pedaleaba, esta ultima hacia un sonido como de fuelle, una especie de pu/pu/puf, y así ponerlo a la altura que el considerada necesaria, de acuerdo al físico del prospecto, si era bajito, corpulento, alto, gordo ,flaco, etc.
Ya puesto a la altura requerida, ahora le colocaba la tela, del tamaño de un mantel, que le llegaba hasta las rodillas a la mayoría de los clientes, sujetándosela d el cuello.
Le embadurnaba jabón, con una brochita, para suavizar su piel, y sacaba una navajota, como para matar cochinos, y sus clientes, tan tranquilos.
A la navaja, le sacaba filo, en una como correa, que tenia pegada a la silla giratoria de peluquear, limpiaba la navaja de continuo, y en el rostro del cliente, marcaba caminos, pulcros, limpios de jabón y de barba.
Los enjuagaba bien, los secaba con una toalla, y les daba unas como cachetaditas, con una loción, y de pilón, le pagaban por cachetearlos.
Olía tan bonito ese lugar, todo tan tranquilo, todos hablando como en susurro, a nadie le conviene que el peluquero, se distraiga, cuando esta con una navaja así de filosa, apoyada en el cuello de un cristiano…
Su peluquería, tenia dos puertas, una por cada lado de la escuadra que formaba la esquina, corría tan libre el viento, que no hacia falta prender el abanico; por fuera de ella, existía un cilindro, que parecía un caramelo, con tiras anchas color rojo y blanco, que siempre giraba, y giraba, como hipnotizándolo a uno.
Estaba frente a la plaza, la peluquería de don Tacho.
Doña Irma su esposa, y partera desde muy joven, aun vive, ahora ha estado un poquito enfermita, y logro salir de su cama, reponiéndose de una embolia, pero ha tenido fuerza de voluntad, y Dios la ha sostenido, y sigue siendo doña Irma Gutiérrez, un orgullo de nuestro pueblo, de Pueblo Viejo.
El año pasado, le hicieron un reportaje, para un periódico de Tampico, Tamaulipas (Estado vecino) pues si Pueblo Viejo, Veracruz,tiene muchas historias que contar.
Y todas de superación, a base de muchos esfuerzos.

martes, 27 de octubre de 2009

Las noches con buelita ( 2 da. y final )

Buelita, le gritaba desde el salón…¡Toño!, ¡Toño!, ¿porque no viniste por la llave?Y esa persona furtiva, hechó a correr, hacia el solar del fondo, ese enorme patio, que tenía infinidad de salideras hechizas.
( en la foto,se ve la puerta de rejilla de lo que un día,hace muchos años,fue mi hogar)


Mi tío Toño llegó en ese momento, desde el zaguán grande, el del frente, con libros bajo el brazo, y buelita, se volvió mas desconfiada.¿Quien era el que corrió?Nunca lo supo.
Tuvo miedo de que a su niña le pasara algo.Y por eso cargaba conmigo, en las noches, de salón en salón.


Cuando me vencía el sueño, a pesar de tantas historias contadas por mi abuelita, juntaba unas 3 sillitas, o en un mesabancos, de esos en que cabían 2 o 3 alumnos, y ahí, me acostaba, mientras acababa de limpiar ese lugar.
Si había muchos moscos, me tapaba con trapitos, o con una toalla, y al terminar de asear ese salón, llamaba a mi tío Ángel, al loquito, para que me cargara, y me llevara al siguiente salón, mientras ella pasaba el recogedor, las escobas, el trapeador, trapos de limpieza, quinqués, al siguiente lugar.
Si yo quería estar en el dintel de la puerta de un salón, escudriñando los alrededores, que estaban bien oscuros, mi abuelita me dejaba, decía no tengas miedo, tu tío Ángel, esta cerca.En noches de luna llena, si se lograba mirar mejor los grandes patios, los corredores, pero aun así, existían grandes porciones de la escuela, que estaban en oscuridad total.
Al terminar de barrer los salones, mi abuelita, nos íbamos a casa.Me acostaba en el petate, frente a la puerta de rejilla, y le ordenaba a mi tío Ángel, no despegarse mucho de los alrededores, y entonces, después de todo lo que ya había barrido, salón tras salón, corredores y patios; seguía con el lavado de los servicios sanitarios.Acababa después de las 10 de la noche, porque tenia primero que sacar agua del pozo, o de la pileta, que estaba frente a los baños de las niñas, como a 5 metros de distancia.
Al termino de la jornada del dia, todos a dormir.Yo con buelita, aunque de muy pequeña, me hiciera la chis en la cama.Soñaba cosas curiosas, como que volaba sobre nubes, y no hacia caso de ir al baño.Pero buelita, nunca me regaño por eso.Se levantaba muy temprano a bañarse, y a bañar a su niña con agua tibia.
Yo llegue muy débil a sus brazos.Con una gran anemia.
Siempre me llevó con medico tras medico.Como con el doctor Del Ángel Herrera, que tenia su consultorio, en el Edificio Medico Altamira, como lo dice su nombre ubicado en la calle Altamira, # 111 Pte.También, con el dr. Salazar, cuyo consultorio, se ubicaba igualmente en la calle Altamira, pero este cerca del bar “El Vapor”, y frente al consultorio, había una tienda de juguetes económicos, y un poco mas allá, un estudio fotográfico.
La salita de espera, del consultorio del doctor Salazar, era atendido mientras aguardábamos la consulta, por una recepcionista afable y cortés; ese local contaba con muebles de cedro, nunca suficientes, por la gran cantidad de pacientes, que acudíamos, con el medico.En las paredes, existían cuadros, de bebes ataviados, con ropitas, de verdad.
Mi abuelita me desparasitaba, con unas bolitas amarillas, muy amargas, que me tomaba con una cucharada de miel.
También me daba la emulsión de Scott, la del señor que trae un gran pescado.

Pero mi abuelita, no se conformaba con eso.
Le dió por comprarme, aceite de hígado de tiburón, o de tortuga, y era una cucharada grande, sopera, y ese aceite, espeso, espeso, que me quería vomitar de niña, y buelita...
¡No! ¡Tómatelo! o te llevo a que te pongan inyecciones.
Después, para cortar ese sabor y olor a puro marisco, me empujaba una cucharada de jugo de limón.Y yo repetía todo el dia a marisco, y olía a marisco todo el dia.En la bajadita, donde venden artesanías de conchitas de mar, en Tampico, aun es posible, encontrar ese aceite.
Dicen que es muy bueno, hasta para alguien enfermo de tuberculosis, que fortalece mucho los pulmones.Y he sabido de casos, de personas, que al tomar muchas bebidas embriagantes, y sintiéndose muy congestionadas, embotados sus sentidos, por llevar esa vida por largo tiempo, optan por hacer un alto, a ese degenerar su organismo, y buscan desintoxicarse con ese aceite, la variante en esos casos, es que después de la toma, se tapan, de pies a cabeza, para sudar, todas las toxinas, que han introducido a sus cuerpos.
Algunas personas, dejan ya de tomar.Y otras, al retornar a ese vicio, cuando menos, no las agarra tan desprevenidas.Su cuerpo, puede aguantar, un poco más, las papalinas que se avientan.
No se debe dejar el tratamiento medico, pero ayuda la buena alimentación, y las vitaminas y minerales del aceite de hígado de tiburón o de tortuga.


Algunas personas, para evitar sentir asco, vacían el aceite en capsulitas, que venden vacías, en las boticas, y ellas las llenan con ese aceite.O si no, comprar el producto en capsulas, ya etiquetado.He visto, que hasta lo promocionan, como un gran tratamiento en debilidades por cáncer.


Pero, yo considero, que si estamos en la mera mata, donde fácil se consigue el aceite, es mejor comprarlo en la bajadita, que da al mercado Juárez.Se toma solo en tiempo de frio, porque cuando hace mucho calor, pueden salir unas ronchitas, que es un hervor de sangre, por lo caliente del aceite.No hace daño ese hervor, es como un salpullido suave, pero que necesidad de andar sudando mucho a marisco, espérense a que haga frio, y entonces, entonces si, a desintoxicarse, y a proteger su cuerpo contra gripas, dolores, y anemias.

Bueno, ya les avente un comercial, luego paso por mi comisión.No, no es cierto.Lo escribo, para que sepan, el que no lo sabe aun, como se pueden fortalecer.
He visto, y he sentido, grandes cambios en personas débiles.


Y conste, que ni lo vendo, ni tengo parientes en esas bajaditas de Tampico.

viernes, 23 de octubre de 2009

Las noches con buelita



Y volvemos al salón, a la noche alumbrados con quinqué.Si soplaba vientecillo, las flamitas danzaban, y las sombras, parecían bailar también.Aprendí con buelita, a hacer figuras con las sombras de los dedos de las manos; así vencí mi temor a la oscuridad, y comprendí el porque de las sombras.Sabia como lograr que proyectada la luz del quinqué, sobre mis manos, aparecieran en las paredes, delineados gallitos, conejitos, burritos, y tantas figuras que, en mi imaginación, cobraban vida, y de ahí nacían otras tantas historias.
Noche tras noche.Contar y contar buelita.
Entretener a una niña tan pequeña que se caía de sueño.
Al acabar alguna narración mi abuelita, me observaba si estaba sentada o parada, o balanceándome de asiento a asiento, y terminaba el cuento diciendo muy rápidamente…Y colorin, colorado,este cuento se ha acabado.El que se quede sentado(o parado)Será un burro pegado.Ya con esos estribillos, me obligaba a estar atenta, en que momento se terminaría el cuento.A nadie le gusta ser un burro pegado.Y cambiaba las historias, les agregaba personajes, se los quitaba, le daba otros finales, y yo empezaba con…¡Así no es!¡Así no es!Lo contaste la otra vez de otro modo, y así no iba, así no se vale.Y buelita, a ver, hijita, cuéntamelo tu, que a mi ya se me olvido como iba.Y ella barre y barre, moviendo mesabancos, y yo brincando a su lado, como pepita en comal, ¡escúchame! Fíjate abuelita, que iba así el cuento, y a ti se te olvidó esto, es muy importante; y se reía, reía de su niña, que todo se lo creía, hasta el que una viejecita, olvidara la historia del Patito Feo, o de Blanca Nieves y los 7 Enanos, de Cenicienta, de Hansel y Gretel , y las leyendas, y todas las historias que ella escuchó en boca de su madre indígena, o de su padre, un español, cuando la abuelita, también, una vez fue niña.Cuando recién llegue con ella, me dejaba en la casa, acostada en un petate, de esos de trenzado de palma, fresqueando, frente a una rejilla de madera, que mando a hacer, para que me entrara aire, y al pasar ella, de rapidito, me observaba como dormía.Pero una noche, desde lo lejos de un salón, vio pasar una figura de un varón, creyó que era su hijo el estudiante de Normal, lo divisó que se acerco a nuestra casa, e intentó ese sujeto, abrir la rejilla.Buelita, le gritaba desde el salón…( continuará)

La foto es de la escuela Primaria "Expropiación Petrolera" de en ese tiempo Villa Cuauhtémoc,Veracruz, hoy ciudad Cuauhtémoc,Veracruz.