Latidos de cariño y afecto que nutren al Alma.Gracias por su visita.

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martes, 21 de julio de 2009

Dos grupos,un salón ( e )

Maestro, no sea así, ya mero salen al recreo, o ya mero tocan la salida, y si se me pierden mis cosas, en mi casa tendré problemas.
El maestro: a ver si así entienden.
Algunas niñas, de 11 y 12 años, empezaban a limpiarse los ojos, disimuladamente.
No querían que las vieran llorar, y ser la burla de sus compañeros de salón.
Los mas desenvueltos, los que desde pequeños, les han enseñado a decirle pan al pan, y vino al vino; se dirigían al maestro, con sus rostros serios, curtidos por el sol de la laguna, y exponían los siguientes argumentos…
Maestro, usted disculpe, no debimos actuar así, pero en mi casa, nos hemos privado de algunas cosas muy necesarias, para que yo pueda venir a estudiar, y traer lo necesario.
Usted ha dicho, que un alumno sin lápiz, es como un soldado que va a la guerra sin fusil.
Y bajando más la voz, para no llamar mas la atención de sus compañeros; en ocasiones, mis hermanos y yo, preferimos andar en nuestra casa descalzos, para no maltratar los zapatos que traemos a la escuela.
La laguna da para comer, para vivir, pero no da para lujos.
Y estar comprando lápices, colores, reglas, cuadernos seguido, nadamas porque si, es un lujo.
Por favor, maestro, una vez mas se lo pedimos.
Déjenos ir por nuestras cosas…
El maestro veía en esos jovencitos, su otro rostro, el de la mirada de un hombre maduro, del que sabe ganarse el pan de cada día, del que se levanta de madrugada con sus padres, para ir a la laguna de Pueblo Viejo, y pasar horas aventando la red, que pesa lo suyo por la plomada.

martes, 14 de julio de 2009

Dos grupos,un salón (c)

Y el hacerse travesuras, como correr agachaditos, quitar un lápiz, o un borrador, y aventarlo por una ventana al exterior.
Porque por fuera de ese salón de actos, por la parte que colinda con el solar de las señoritas Alejandre, existía una banquetita delgada, y un tramo ancho de tierra de unos 3 metros, por todo lo largo que estaba el salón de actos, y en ese callejoncito, había sembrados, limoncitos, granadas y rosales.
De donde yo cortaba rosas hermosas, grandes, de colores variados, como el rosa, amarillas, blancas; había de varios tipos, como labios de novia, que son blancas, con orillita roja, los rosales sangre de toro, que eran rojo _ quemado, los bouquet de novia, que dan en racimo, así como las 7 hermanas, que son pequeñas, y siempre en racimitos, no se diga las de tipo de enredadera.
Y en mayo, yo llevaba de esas flores, a la Virgen, vestida de blanco, y éramos muchas las niñas, que en cánticos, después de cada misterio del rosario, con nuestras manos en plegaria, dábamos vuelta a los bancas de la iglesia, con el ¡ave, ave Maria!…
Y como éramos niñas, si podíamos dábamos la vuelta corriendo, y las catequistas, que no podían gritar dentro de la iglesia.
Terminando el rosario, a salir, y todas apredeaban a los guayabos de doña Mangú, y yo mas colmilluda, iba con modo, y le hablaba, porque su casa estaba frente a la sacristía de la iglesia, y su solar, abarcaba de calle a calle, y con un por favor, humildito, me la echaba a la bolsa, y doña Mangú, me prestaba una vara de tendedero, de las de otate, y ya aparecía yo, muy salsa, con permiso y toda la cosa, y recorría ese solar tan grande, y las demás niñas que continuaban, en el solar de la iglesia, empezaban a gritar, y corrían a casa de Doña Mangú , y Doña Mangú las mandaba a la porra, les decía, ¡No! ya las vi apedreando mi solar; y que como iba yo primero, pues tenia la derechera.
Yo tenía que portarme bien, porque mi abuelita, me vigilaba, de modo constante, desde la escuela que esta ubicada en contra esquina a la iglesia.
¡Y cuidadito y me dan una queja de ti!
Y un dia, que me vacilan, que yo a todo le tenia miedo a las catequistas, a doña Mangú, a mi abuelita, y que les demuestro que no, que me brinco al solar de doña Mangú, el de las guayabas, y recogí de las tiradas, y unas mulillas, que van y que le dicen a la dueña, ¡vaya a ver quien anda adentro!, y yo no podía salir sin ayuda, porque ese solar estaba mas bajo que el de la iglesia como metro y medio, y por mas que trataba de escalarlo, poniendo mis piesecillos entre las piedritas o ladrillos de esa barda, no lo lograba, y pedía una mano amiga, y las que me la daban, de verme con semejante susto, se desbarataban de risa, y así menos me podían ayudar.
Y que me cae la dueña y que me caigo de su gracia.
¡Mira nadamas!, yo que siempre te doy permiso, si eres igual a las demás.
¡Y ten tu permiso!, se acabo para mi.
En ese tiempo, también florea el framboyán, y eran enormes los ramos que cortaba del árbol que se ubicaba al fondo del solar de la escuela.
Y apartábamos los botones, de las flores sin abrir, y a la salida de la doctrina, en la placita, jugábamos a los gallitos, que consiste en enganchar los pistilos, que cada niña traíamos escogidos, por gruesos, grandes, o que se yo; y el que no se rompía, ese ganaba.
Bien que se divertía uno con esos gallitos, y en ocasiones, nosotras, nos poníamos gallitos de coraje, ¡tu me empujaste!, ¿ah si? , pues tu lo jalaste antes de tiempo, por eso rompiste el mío.
Y se pasaba el tiempo volando, ¡oh, hermoso tiempo el de la niñez!

lunes, 13 de julio de 2009

Dos grupos,un salón ( b )

Te explico brevemente…
O alguna madre de familia, que impertinentes, llegaban a cualquier hora.
Aunque estuviera el zaguán grande cerrado con cadena y un gran candado.
Se colaban por la parte de atrás, que tenia la tela mallacorla, destrozada en tramos espaciados, por los chamacos.
Y mire, maestro, mi hijo cumple con todo, ¿y porque su cuaderno tacho aquí y allá?
Otra madre, mi hijo trajo la tarea, y usted no se la reviso.
Si llego llorando, tanto que trabajo, y usted ni se la tomo en cuenta.
Señora, y no le dijo su hijo, ¿que ni siquiera me la presento cuando la pedí?
Que estaba platicando, si señora, ¡platicando!, dando la espalda al pizarrón, mientras yo me ocupaba en calificar tareas.
Y yo decía fuerte, ¡a ver niños! traigan la tarea al escritorio, la voy a revisar.
Cuando tocaron la salida, hasta entonces recapacito de donde estaba, y empezó en su bolsa, a buscar su cuaderno de tareas.
Ya para entonces, niño al que le entregaba su cuaderno de tareas revisadas, niño que salía del salón.
Recogí mi material educativo, cerré mi maletín y empezaba a salir del salón, para dejar libre, para el profesor del turno vespertino, cuando su hijo corre y me dice: ¡maestro, maestro!, no ha revisado mi tarea.
Tengo mi horario para firmar entrada y salida de labores.
La maestra de guardia, al final, firma de responsable, y la libreta de asistencia diaria, se guarda con llave, en el escritorio del director.
Como ve, las cosas sucedieron de diferente manera a como su hijo se las contó.
Y esa madre… ¡ay que pena!, profesor.
Disculpe mi atrevimiento.
Y extendiendo su mano, abierta la palma en ademán de amenaza, le dice a su hijo, que asustado, entre sus compañeros, escuchaba toda la conversación…
¡Ya veras!, ya veras, cuando llegues a la casa.
¡Y tu padre! ¡Me va a ayudar a corregirte!
Y nosotros, alumnos de los dos grupos, mientras se arreglaba esto o aquello, empezábamos las guerritas con bolitas hechas con pedacitos de hojas de cuaderno.

martes, 7 de julio de 2009

Dos grupos, un salón ( a )

DOS GRUPOS, UN SALON.


Por ser el salón de actos, muy amplio y largo, hubo ocasiones, en que al realizarse alguna mejora a un salón, como pintura, o por que hiciera falta otra aula, se metieron dos grupos a este salón.
De la parte de en medio, se dejaba un breve espacio libre, y hacia cada lado del salón, de modo que quedaran los alumnos de cada grupo dándose la espalda, se colocaba el mobiliario.
Cada maestro, tenía su escritorio de fierro, su silla, y su pizarrón.
Los maestros, quedaban de frente, pero a una distancia unos de otro, considerable.
A mi me toco un tiempo, estar en esas circunstancias.
Pero no podíamos estudiar bien, se escuchaba la clase de uno y otro grupo.
El bullicio de uno y de grupo.
Si el maestro de un grupo se veía obligado a salir a alguna diligencia, a traer algún material educativo pesado o delicado, que no pudiera mandar a alguno de sus alumnos; con una seña le encargaba al maestro compañero, que se encontraba en el otro extremo del salón, a sus alumnos.
Y nos dejaba trabajo, como para marearnos.
Y si tocaba la coincidencia que al único maestro que le habían encargado a los dos grupos, recibiera alguna visita inesperada, ya sea de otro compañero, que le solicitara algo de urgencia, ¿como lleno esta forma de…?
Firma esta circular de…es importante.
Te explico brevemente…