Latidos de cariño y afecto que nutren al Alma.Gracias por su visita.

viernes, 25 de septiembre de 2009

Profesor Froylán Lizcano España



Bueno, sigo contándoles cuales eran las danzas que enseñaba a sus alumnos el maestro Froylán Lizcano España.
La danza de Cuauhtemoc, cuya indumentaria, consistía en sandalias, taparrabo, manto adornado con grecas doradas alrededor, y lo característico, un enorme penacho, con plumas autenticas, pintadas de varios colores, espejos que reflejaban la luz, de acuerdo a como bailaba el danzante. Traía collares y un bastón de mando.
La danza de la Malinche.
La danza del Fuego: los alumnos de primaria,ataviados con taparrabos y descalzos ,danzando al son de tamborcillos,flautas ,cascabeles y pasando a través de unos aros encendidos.

Es la única escuela, donde he sabido que existiera un profesor que tuviera esos conocimientos en danzas tradicionales.
Cuando fue mi maestro, estricto a más no poder, nos hacia las hojas enumerar, desde el principio del año, para acostumbrarnos, a no andar arrancando las hojas de los cuadernos.
En su margen interior, debíamos poner la leyenda: “Debo superarme cada dia más”
Si no llevaba esa leyenda, te tachaba la tarea.
Nos enseño el siguiente canto oral:

El 20 de noviembre,
Desfila la bandera,
Airosa y altanera,
Por toda la ciudad.

Madero y Pino Suárez,
Sus vidas ofrendaron
Por darnos libertad.

¡Revolución! ¡Triunfante ya!
¡México escuelas al campesino da!
¡Revolución, en el taller!
¡Ciencia y trabajo
Unidos en el saber!
¡En el maizal! ¡En el trigal!
¡La espiga es símbolo de amor!
¡Paz y trabajo!
¡Bandera de la revolución!
¡Paz y trabajo!
¡Bandera de la revolución!

Y se ponía rojo de coraje, porque por mas que ensayábamos, no le dábamos el énfasis que el creía que debía dársele como himno triunfante de conmemoración de la Revolución Mexicana.
¿A ver porque cantan así?
¿Qué no aprecian las vidas perdidas para que ustedes tengan un gran país?
¿Para que tengan paz y tranquilidad?
Si no les estoy pidiendo que vayan a la guerra, solo deseo que canten con todas sus fuerzas.
Y ahí estábamos.
Sudorosos, afónicos.
Ya cuando de a tiro, le cansaba nuestra ineptitud, mejor se salía del salón, en un movimiento rápido.
Y al ratito regresaba, sereno.
Yo me quedé con la duda, que era lo que hacia para tranquilizarse.
¿Manotear? ¿patear alguna piedra? ¿maldecir?
Nunca lo oí maldecir.
Cuando presentó al grupo, en la fecha conmemorativa, y salimos cantando parejitos, tal como él quería, creo que fue uno de los momentos mas felices para el. Y también para nosotros. Se acabarían los ensayos de ese himno.
( fotografía de 1954, cortesía de la Profesora Rosa Eva Velazquez de la Garza)

miércoles, 23 de septiembre de 2009

Anécdota

Y ya abusando, encarrilada en esto de narrar cosas que recuerdo, o que me contaron, ahí les va esta anécdota.
Me la contó mi abuelita Luz…
Vivió un caporal, en un rancho cercano, que dejando que un dia cualquiera, una gitana le leyera la mano, ésta le auguró, que moriría de una cornada.
El joven que creía y no creía en la adivinanza del futuro, pero como se puso todo nerviosón, prefirió dejar la vida de rancho, y al pueblo se vino a vivir.
Su nuevo oficio, fue de zapatero.
Duró años ejerciéndolo, y comentaba, al paso del tiempo, riéndose de su credulidad, ya ven, como la gitana mentía.
Ya me estoy haciendo viejo, y cual cornada.
En una tarde, en que limpiaba su solar, de entre la tierra, sobresalió un objeto punzante, y con tan mala fortuna, que cayó sobre de el.
Como adivinaran, era un cuerno viejo, seco, de toro.
El zapatero, padecía de diabetes, su pierna, habiendo sufrido un raspón, con aquel cuerno, se infectó, le mocharon su pierna, y de eso murió.
¿Realmente adivino la gitana, fue sugestión, o coincidencia?

martes, 22 de septiembre de 2009

Profesor Froylán Lizcano España ( 1 )

23.- Profesor Froylan Lizcano España.
Por lo regular, le asignaban un sexto grado.
Cada maestro, después de un tiempo, se identifica mejor, con un grado escolar, depende de su carácter, edad, paciencia, humor, salud, y el director de la escuela, identificando esas preferencias, les otorgaba aquellos grupos, con los cuales se sentían mas afines y proclives a desarrollarse.
Por eso, ahora cuando escucho, a algún maestro decir, no sé que grupo me va a tocar, depende de una rifa o sorteo, ¡me asombro! Pero recalco, ya estoy chocheando.
Y en este mundo todo cambia, nada es seguro, solo la muerte.
Bueno, ya poniendo los puntos sobre las ies, añado, que al profesor Froilan, le encargaban los ensayos de las danzas tradicionales, como las siguientes:
La danza del venado, donde un joven, ataviado con un taparrabo, collares de cascabeles auténticos en cada puño y en ambos tobillos, con una cabeza disecada de venado, o yo lo creía así, se veía tan real, con cuernos auténticos, y ojos grandes de vidrio, incrustada en una como dona, pequeña, que quedaba en el interior de la cabeza de venado, donde vendría siendo el principio del cuello del venado; esa dona, es de la que salían los listones, que el danzante, se amarraría a su cabeza, para simular el porte altivo de un venado, que toma agua en la orilla de un rio, que pasta, que escucha unos ruiditos, que ocasionados por otros jóvenes, que simulan ser cazadores, que traen arcos y flechas, que danzaban sigilosamente agazapados, ya incorporándose, ya rodeándolo, aventándole flechas…
Todo ambientado con música de tamborcillos, y flautas.
Y todos los presentes en la escuela, callados, respetando esa representación, que se podía apreciar, a pesar de tantos años pasados desde su primera actuacion, perdidos sus vestigios, por el polvo del tiempo, pero ante nuestros ojos y oídos, se hacia de nuevo la magia.
Empieza a acelerarse la música, y también a verse la nerviosidad del venado, por sentirse acosado, trata de huir. Es herido, y se dramatiza la agonía y muerte del venado; para finalizar la danza, al joven que interpretaba al venado, lo colgaban amarrado de pies y manos de una rama gruesa y larga, así era sacado por sus compañeros, que interpretaron a cazadores y así, entre aplausos ensordecedores de los pueblovejences, salían de escena.
Había entre los alumnos de la primaria, dos jóvenes que sobresalían en su destreza para ejecutar la danza del venado.
Eran hermanos, hijos del zapatero del pueblo, de don Jorge Sánchez, uno conocido como Daniel Sánchez, y el otro como “El Mono”.También eran los mejores en las carreras de relevos, y de resistencia. Uno de ellos, ya siendo un joven veinteañero, se accidento gravemente en una moto, pero Gracias a Dios, sobrevivió.

lunes, 21 de septiembre de 2009

Profesora Juanita Caldera Alférez

22.-Profesora Juanita Caldera Alférez.
Le daban por lo regular 5 tos. Grados
Preparaba a las alumnas para los concursos de cuerda.
En individual, por parejas, en equipo.
Hacia unas pistas musicales, combinando varios ritmos, de acuerdo con los pasos que ponía.
Que yo sepa, nunca hubo quien le quitara los primeros lugares.
Solo si las alumnas, soltaban la cuerda, se enredaban al ponerse nerviosas; pero eran errores de las ejecutantes.
La enseñanza de la maestra Juanita Caldera Alférez, en relación al salto de cuerda, era impecable.
Al final de cada ensayo, premiaba a sus alumnas, con todo lo imaginable a una mente infantil, dulces, refrescos, moñitos para el pelo, etc.
La maestra era la encargada de la cooperativa escolar del turno matutino, de la escuela primaria “Expropiación Petrolera”, ahí se vendían bolis, quesadillas, refrescos, etc.
Sus instalaciones, estaban a un costado de la escalera, eran amplias, y contaban con suficiente material.
La maestra posteriormente, obtuvo su nombramiento como directora del turno vespertino de la escuela primaria “Expropiación Petrolera”.
En este año ( 2009 ) se jubiló,después de 50 años de magisterio.

viernes, 18 de septiembre de 2009

Profesora Flor de María Ortega y el Profesor Danilo Bayly Ortega



La maestra Flor de Maria Ortega, cuando me dió clases en 4 to. Grado, diario dedicaba un tiempo, para enseñarnos a leer, en voz alta,
Con la pronunciación adecuada.
En su escritorio, sentada derechita, con una regla en la mano, marcaba los tiempos de la lectura.
Cuando era coma, daba un reglazo al escritorio.
En el punto, daba dos reglazos, así como en punto y coma.
Cada que daba un golpe, en el escritorio, debíamos hacer una pausa.
Nos hacia leer en grupo, todos los días, de todo el año escolar.
Y también, nos ponía a leer, de manera individual.
Que se oyera claro, fuerte, con buena entonación.
Se leía una lección, empezaba algún alumno, la maestra hacia una señal, de detenerse aquel alumno, y señalaba a otro, al que ella decidiera, que tendría que seguir donde el anterior se hubiera quedado.
Así se probaba, si estábamos al pendiente, de lo que se estaba leyendo.
Gracias, maestra Flor de Maria Ortega.
Gracias por enseñarme a leer, con sus tiempos exactos y adecuados.
Nunca la olvidaré.

21.- Danylo Bayly Ortega.
Era el encargado, aparte de su grupo, de preparar a los niños para los bailes regionales.
Algunos que recuerdo que ponía eran los de siguientes estados…
Tamaulipas: con huapangos, como El Querréque, El Huerfanito, El Gustito, El Cuervo, La Viuda, El Fandanguito, El Caimán, El Hidalguense.
De Veracruz: El Canelo, La Bruja, La Bamba, El Son Jarocho, El Buscapiés.
Nayarit: El Gallito y El Jarabe Nayarita.
Oaxaca: El Son de la Tortuga, El Mosquito, y El Jarabe Mixteco.
Yucatán: Las Cintas, Almudes y el Chinito Koy-Koy.
Nuevo león: polkas como El Cerro de la Silla, El Naranjo, Evangelinas, Santa Rita, Rielera.
Tabasco: La Tutupana, El Tigre, El Jilguero.
Chiapas: Las Chiapanecas, El Rascapetate, El Alcaraban, La Escoba, El Cachito, La Danza de los Parachicos.
Chihuahua: Las Coronelas, Tres Pelonas, La Adelita, La Cucaracha.
Jalisco: Las Alazanas, La Madrugada, Los Machetes, El Jarabe Tapatío, La Negra, Guadalajara, La jota Tapatía, El Cascabel, La Culebra.
Coahuila: polka La Revolcada.
Michoacán: Danza de los Viejitos, de la región purépecha.
Querétaro: La Rosita, son arríbeño
Campeche: Pichito Amoroso.
Puebla: El Apasionado.
Guerrero: Que te vas, te vas.
San Luis Potosí: Cuaneros.
De Nayarit: La Majagua.

Y muchos mas bailes regionales, ponía el maestro Danylo Bayly Ortega, con sus coreografías, vestuarios y pasos; eran dignos de ser video grabados, lastima que en ese tiempo, pocos contaban con una cámara de video.
El lujo, era la cámara fotográfica.
El maestro Danylo Ortega, y la maestra Flor de Maria Ortega, hicieron cursos en el Instituto Regional de Bellas Artes de Tampico,Tamaulipas.
He ahí, el porque de su conocimiento profundo de ese arte.
Cuando yo andaba ya de novia, con quien actualmente es mi esposo, un dia en Tampico, el maestro Danylo, lo topo en la calle.
Mí ahora esposo, fue tiempo atrás, su alumno en la secundaria Melchor Ocampo.
Y el maestro Danylo Bayly, después de los saludos de rigor, poniendo severidad en el tono de su voz y su mirada, le dijo a mi novio, los maestros de la escuela “Expropiación Petrolera”, conocemos a Luchita, de toda la vida, no te vayas a querer pasar de listo, no creas que porque la ves sola, lo esta.
Todos la queremos, y te estaremos observando.
Mi novio era un joven muy serio y centrado, le sorprendió el comentario del maestro Bayly, y solo acertó a contestar, no maestro, yo la quiero a la buena.
Yo no estoy jugando con ella.
Días después, mi novio me comento ese detallazo del maestro, y sonriendo le dije, es cierto, los maestros de esa escuela, me quieren, y yo a ellos, no andamos de beso y abrazo, pero ese sentimiento real, existe, Gracias a Dios.

miércoles, 16 de septiembre de 2009

Rondas infantiles


La música que acompañaba esas rondas, eran por lo regular las siguientes composiciones:

1.-Doña Blanca.
Doña Blanca, está cubierta con pilares de oro y plata,
Romperemos un pilar para ver a doña Blanca.
¿Quién es ese jicotillo, que anda en pos de doña Blanca?
¡Yo soy ese jicotillo que anda en pos de doña Blanca!


2.- Que llueva, que llueva.
El estribillo era así;
¡Que llueva, que llueva!,
La virgen de la cueva,
Los pajarillos cantan,
La luna se levanta,
¡Que si! ¡Que no! que caiga un chaparrón.

3.- Acitrón de un fandango:
Acitrón de un fandango
¡Sango!, ¡sango!, sarabe,
¡Sarabe de farandela!,
Con su triquitritran.

4.-San Serafín:
San Serafín del Monte.
San Serafín Cordero,
Yo como buen cristiano, trabajare

5.-La Pájara Pinta:
Estaba la pájara pinta,
Sentadita en el verde limón,
Con el pico recoge las hojas,
Y con las alas, recoge la flor.
¡Ay, si! ¿Cuando la veré yo?
¡Ay si! ,? ¿Cuando la veré yo?
Me arrodillo a los pies de mi amante,
Fiel y constante,
Dame una mano,
Dame la otra,
Dame un besito
Que sea de tu boca.

6.- Amo a to:
Amo a to,
Matarile, rile, ron.
Que quiere usted
Matarile, rile, ron.
Que quiere usted
Matarile, rile, ron.
Yo quiero un paje.
Matarile, rile ron,
Escoja usted,
Matarile, rile, ron.

7.- La Víbora de la Mar.



8.- Brinca la Tablita:
Tengo una muñeca, vestida de azul,
Con sus zapatitos y su canesú.
La lleve a la playa, y se me conchivo,
Y al llegar a casa, la niña murió.
¡Brinca la tablita!,
¡Yo ya la brinque!,
¡Bríncala de nuevo!,
¡Yo ya me canse!
2 y 2 son 4
4 y 2 son 6
6 y 2 son 8
Y 8, 16…

9.- Mambrú:
Un niño nació en Francia,
Do re mi, fa sol, la
Un niño nació en Francia,
Muy bello y sin igual.
Do re mi, fa sol la,
Muy bello y sin igual,
Do re mi, fa sol la,
Por no tener padrinos,
Do re mi, fa sol la,
Por no tener padrinos,
Mambrú se va a llamar,
Do re mi, fa sol la.
-o-
Mambrú se fue a la guerra,
¡Que dolor! ¡que dolor! ¡que pena!
Mambrú se fue a la guerra,
Do re mi ,fa sol la,
No se cuando vendrá,
Do re mi, fa sol ,la,
No se cuando vendrá.

10.- y las canciones del señor Gabilondo Soler, conocidas como las de cricri… ¿quien es el que anda ahí?, ¡es cricri ! ¡Es cri cri! el grillito cantor.
Como la Patita, el Ratón Vaquero, el Negrito Sandia, el Chorrito, y muchas otras más.

lunes, 14 de septiembre de 2009

Personal de la Esc. Prim. Exp. Petrolera de Pueblo Viejo Veracruz ( 5 )

19.-Maria Adelfa Nava Palacios.
También vivió en el anexo del segundo piso de la primaria, con su esposo el profesor Leonel Sandria, y sus 5 hijos, Sarita, Melita, Leonel, Justiano y Fita.
Nano es doctor en Tantoyuca, y sus hermanos, son maestros también, como sus padres.
Se crió junto con los hijos de la maestra Adelfa, su sobrina Mechita, hija de su hermana Mercedes.
Mechita, ahora ya mayor, también es maestra de primaria.

20.- Flor de Maria Ortega Domínguez.
Además de atender a su grupo, era la encargada, al igual que la maestra Rosa Eva Velázquez de la Garza de preparar a los niños de 1 ero. y 2 do. Año para los concursos de las rondas.
Cada año se llevaba a cabo, y venían representantes de las escuelas de Quebrache, Cacalilao, El Ojital, El Higo, Veracruz, y varias mas, que pertenecían a la misma zona escolar.
El rival de siempre, para la primaria “Expropiación Petrolera” fue la escuela “Manuel Azueta”, ubicada en el mismo pueblo, a pocas cuadras de distancia, una de la otra.
Y se formaban porras de varias escuelas, nacidas al calor de los concursos, que gritaban hasta quedar afónicas.
Participaban en esas porras, alumnos, padres de familia, hermanos, vecinos, era una fiesta de todo el pueblo.
Y la maestras, ponía los pasos, vestuarios, figuras que realizaban al bailar, ya sea en rueda grande, en ruedas pequeñas, espirales, de dos en dos las chiquitinas, y fueron contadas las ocasiones, en que la escuela Expropiación Petrolera, no se llevo el primer lugar.
Al empezar los ensayos para una ronda, se pide la opinión de los padres; si pueden permitir a sus hijos participar en la misma.
Cuando yo participé en una ronda, mi abuelita, les dijo a las maestras, que ella me podía comprar todo el vestuario, que se necesitara, pero que por su trabajo, ella no podría estarme vistiendo, peinando y arreglando.
La maestra Felicitas Constantino, que vivía de la pasadita, para abajo, pasando, por donde se pedía el servicio del gas a domicilio, casi frente al domicilio, del maestro Danylo Bayly, esa maestra, se comprometió con mi abuelita, a hacerse cargo de arreglarme, que mi abuelita me concediera el permiso de salir, que ella, se encargaría de que yo estuviera lista para participar.
El mero dia, la maestra me arreglo para la ronda, pero no le gusto del todo la crinolina que yo tenía, que era un aro de alambre, con tul almidonado, para que armara el vestidito, y me presto otra, que tenía un tul, más grueso, y abullonado, para que se viera mucho más esponjado mi vestido.
Este era blanco del pecho, con un fajin de raso rojo, que rodeaba a la cintura, y por la espalda, formada un gran moño.
Faldita corta, blanca, de forro americano, con una gasa blanca, transparente, con lunarcitos rojos.
Las mangas de ese vestidito para ronda, eran de la misma gasa de la faldita.
Calcetines blancos, con holancitos rojos.
Choninos blancos, con encajitos, para lucirlos mejor, al bailar el sapito glo,glo que esta debajo del agua, donde te tienes que acuclillar, simulando un sapito que brinca.
Zapatos de charol blanco, de 2 o 3 correas,, para que al estar bien ajustadas al pie, y sujetas con hebillas, fuera casi imposible, que se zafara un zapatito, al momento de participar en la ronda de concurso.
Todo ese vestuario, era un sueño hecho realidad, para una niña de 6 o 7 años.
Que hasta el sueño se me quito, la noche anterior a la ronda.
Olía mis zapatos nuevos, veía mi vestidito colgado con un gancho de ropa, de un clavito, acariciaba mis calcetines, y le decía a mi abuelita…que lentas pasan las horas.
Y ella me contestaba, eso es porque eres una niña, deja que crezcas, a ver si te va a alcanzar igual el tiempo.
Las maestras, al formarnos, para participar en la ronda, nos ponían talco en las manos, para evitar que al estar sudadas, por la emoción, nos soltáramos en los giros fuertes, y nos lastimáramos, como en la víbora de la mar, que es un caracol, muy rápido, donde termina uno corriendo.

domingo, 13 de septiembre de 2009

Personal de la Esc. Prim. "Exp. Petrolera " ( 4 )

14.-Maria Dávila Rojas.

15.-Alberto Limas del Valle.
16.-Minerva Torres Martinez.

17.-Rosa Eva Velásquez de la Garza.

18.-Isabel Moreno Ríos.
Llegó de la Ciudad de México, con su hija Toñita.
Vivieron en el anexo del segundo piso de la escuela.
La jovencita llegó bien de salud, tenía bonito carácter, y pronto hizo amigas en el pueblo.
Sé, que aún la recuerdan con cariño.
Paulatinamente, empezó a cambiar de carácter.
Fue enmudeciendo. Al barrer, su madre, la maestra Isabel, notaba que lo hacia de manera maquinal, seguía camine y camine, empujando hacia adelante la basura.
Hasta que la maestra le decía, ¡hija! ¡hija! detente.
Un dia, al intentar la jovencita sentarse en la cornisa del segundo piso, en la parte frontal de la escuela, a la altura de donde esta el letrero del nombre de la escuela, y que es una pared muy amplia, que obscurece por completo un salón, no calculó bien, y cayó al vacío.
Fueron testigos, los vendedores que se ubicaban en la plaza, frente a la escuela.
Ella era delgadita, quedó como dormidita con sus piernitas recogidas, como si tuviera frío.
No se le notaba nada roto. Pero de sus oídos y nariz, salían hilitos de sangre.
Su muerte fue instantánea.
Y en las comisuras de sus labios, que jamás habían dado un beso de amor a un joven, y jamás lo harían ya, espumeaba la saliva, con un rojo brillante.
Todo el pueblo le lloramos.
La tumba de Toñita, quedó en el cementerio de “La Trinidad”, en Tampico,Tamaulipas.
Pensamos que su mamá, la maestra Isabel Moreno Ríos, se regresaría a México, pero aguantó estoicamente la soledad, y se marchó, hasta que se jubiló, unos 8 años después, a vivir con su hijo Ricardo, ingeniero de profesión, en una casona de la mejor colonia de la ciudad de México.

sábado, 12 de septiembre de 2009

Personal de la Esc. Exp. Petrolera de Pueblo Viejo, Veracruz ( 3 ).

12.-Oralia Nabor.
Llegó al pueblo con un nuevo método de enseñanza de lectura y escritura, que consistía en recortar letras y dibujos del periódico, y posteriormente, pegarlos a los cuadernos.

13.-Alma Acevedo Rodríguez.
Oriunda del pueblo. Su padre, don Marcos Acevedo, fue presidente municipal del pueblo. Su hermano Marcos Acevedo Rodríguez, también fue presidente municipal del pueblo; así como su cuñada, la doctora Reyna Enith Domínguez Wong, que es sobrina de la maestra Gloria Domínguez.

martes, 8 de septiembre de 2009

Pérsonal de la Esc. Prim. "Expropiación Petrolera" de Pueblo Viejo Veracruz ( 2 )


6.-Víctor García Narváez.
Ponía a ensayar una y otra vez a los muchachos de la banda de guerra.
Contaba la escuela, con trompetas, cornetines, tambores.


7.-Maria de Jesús Juárez Villegas.
Jovencita, güerita, y nosotros, de igualados, cuando nos dio clases en 3 er. Grado, la conocíamos como la maestra Mayuy.

8.-Rosa Coronado.

9.-Catalina Barrios.

10.-Julia Inés Gonzalo Borrego.

11.-Isabel Carrizales Tovar.
Vivió en el anexo, del segundo piso de la primaria.
Cuando mi papá, me trajo a vivir al pueblo, yo tendría entre 2 o 3 años de edad.
Al marcharse, me coloco tras un pilar de la escuela, y le dijo a mi abuelita, no quiero que me vea como me voy.
Pensé, papá está jugando a las escondidas, al rato me gritará, ¿Dónde está papá? Y yo saldré a buscarlo. Y cuando lo encuentre, me abrazará y besara como siempre.
Pero pasó el tiempo, obscureció y mi papá no regresó, sino tiempo después, con su esposa y otra criatura, mi hermanita Lety.
Cuando empezó la primera noche, de todas las noches que pasé con mi abuelita Luz, yo lloraba desconsolada.
( En esta foto se ve a buelita, tal y de la edad que tenía ella cuando yo llegué a sus brazos, en su rostro se denota toda una vida de sufrimiento, de resignación, pero a la vez, determinación por cumplir con lo que Dios le mandara.
Y que Dios me manda con ella, y que me levanta con sus brazos sumamente cansados,y que me apoya, me da cobijo,me da educación,me da consejos, me da el amor de una madre.)
Y la maestra Isabel Carrizales Tovar, se asomó al balcón del anexo para saber el porqué del llanto de una niña pequeña. Mi abuelita Luz habló con ella.
Al ratito regresó, con una enorme muñeca, de las de colección, lindamente arreglada, con zapatitos, el pelito largo, y con un cepillito por si yo quería peinar a esa muñeca.
Recuerdo que me dijo, como si hubiera sido hoy: esta muñeca la tengo desde niña. Siempre la he tenido, pero hoy, te la regalo.
La muñeca era más alta que yo.
Al pararla, abría sus ojitos azules. Y la maestra, me enseñó, que si la cargaba, como si la arrullara, cerraba sus ojos como para dormir.
Fue mi primer muñeca.
Y me distrajo de mi dolor.

domingo, 6 de septiembre de 2009

Personal de la Esc. Prim. Expropiación Petrolera de Pueblo Viejo,Veracruz.






















3.-Profesora Gloria Domínguez Zacarías.






Fue directora de la Secundaria Nocturna, que funcionó por años en el edificio de la Escuela Primaria “Expropiación Petrolera”.

Profesorado de la escuela primaria.

1.-Luciano Bautista Hernández. Su fuerte era el sexto grado.
Chaparrito, gordito, morenito.

2.-Las maestras Angelina y Carmen Reyes Medina.

3.-Alicia Nava.

4.-Alma Gomes.
Era hija de un presidente municipal de Tampico Alto,Veracruz.

5.-Maria del Refugio Briceño.
La maestra Cuca, como mejor la conocian. Fotos cortesía de la maestra Rosa Eva Velazquez de la Garza.

viernes, 4 de septiembre de 2009

Director Profr. Jesús Briones Vazquez






(Foto cortesía de la maestra Rosa Eva Velazquez de la Garza) El Director Profr.



Jesús Briones Vazquez está en la fila superior, en el segundo lugar,de derecha a izquierda.









2.- Jesús Briones Vásquez.
El realizó estudios de Derecho, pero su inclinación vocacional era el Magisterio, y prefirió ser maestro.
Pero su amplia formación en leyes, y sus muy vastos estudios, en varios campos, le permitieron convertirse en líder sindical, que logro grandes avances en prestaciones al magisterio.
Como director de la primaria, no solo estaba al pendiente del desenvolvimiento de las actividades diarias, sino que cuando lo ameritaba, ponía a ensayar a los alumnos de la escuela, el salto de garrocha, el tiro de jabalina, de bala, el salto de altura, las carreras, ya sea por distancia, ya sea por relevos.
Para el salto de altura, utilizaba como mecate, las venas gruesas de hojas de plátano secas, así, si un chico, no alcanzaba a brincar limpiamente, solo se rompía aquella liana hechiza, y se podía reemplazar, sin costo alguno, y se evitaba que se dañara algún alumno, al chocar con un mecate macizo, que resistiera el empuje del cuerpo del que saltara.
Formaba equipos de futbol, voleibol, básquetbol, béisbol.
Practicaban, porque cada determinado tiempo, había concursos en la zona escolar.
La escuela “Expropiación Petrolera”, tenía en su oficina de la dirección, una cantidad impresionante de trofeos.
La dirección, se ubicaba a la entrada de la escuela, así que el director, siempre sabía, quien entraba, y quien salía.
Y la escalera, que daba al segundo piso de la escuela, quedaba justo enfrente a la puerta lateral que tenia la dirección.
La dirección, tenía una ventana, que daba a la calle.
En la pared, un reloj grande.
En el escritorio, una libreta, donde los maestros, firmaban entrada y salida.
No había reloj checador.
Cuando yo iba a entrar a la secundaria,la # 2 "Lauro Aguirre" en Tampico, en la solicitud, se pedía la firma de la madre, y la firma del padre o tutor.
Mi abuelita firmó por mi madre, y el padre…
Mi papá lejos, ni modo de mandarle el papel para que lo firmara.
Lo necesitaba yá.
El director de la escuela “Expropiación Petrolera”, supo por mi abuelita los apuros por los que estaba pasando.
Y nos dijo: denme esa solicitud.
Yo la firmaré.
Para mí, ella es como una hija.
La conozco, desde muy pequeña.
Y cualquier cosa, no dudes en decírmelo.
Yo iré a tu escuela, cuando soliciten a tu padre.
Los ojos se me nublaron, pero me controle.
Y mi abuelita, con sus recomendaciones, pórtate muy bien.
Pues que crees, que el director tiene tu tiempo, para dar vueltas a tu escuela.
Fue un tercer año, cuando a todos los alumnos, entregaron un citatorio, pidiendo en la escuela la presencia de los padres de familia.
Y específicamente, al padre.
No decían para que, ni por que.
¡Uy, uy, uy!, ya estaba en problemas.
Con lo penosa que era. O que soy.
De nuevo, mi abuelita, hablo con el señor director.
El contestó, ahí estaré, sin falta.
Me sentía chiveada en la secundaria, para mí, que el director no iba a ir.
Yo estudiaba en la secundaria #2, la que esta por colonias.
Muy retirada del pueblo.
Y el señor director con tantas cosas importantes que hacer.
A los alumnos, nos sacaron al patio.
Se hizo una como asamblea.
Yo miraba nerviosamente el zaguán de la escuela…
Cuando aparece el director Jesús Briones Vázquez.
Varios maestros de la secundaria #2, lo saludaron con respeto.
Imponía su presencia.
Imponía su seriedad.
Imponía su trayectoria en el ámbito educativo.
Imponía su cargo en la SEP.
Estuvo charlando amigablemente, con los maestros, me busco con la mirada, algún maestro, le dijo en que fila estaba yo.
Me dirigió una larga mirada, yo me encogía en la fila.
En esa mirada me dijo que me quería.
Que realmente me quería.
Y que el sabia cumplir su palabra dada.
Así fuera, a una chamaca de 14 años de edad.
Le pido a Dios, ilumine por siempre el recuerdo de maestros, como el director Jesús Briones Vázquez, para que guíen a las nuevas generaciones de maestros, y sirvan de senda sus pasos, para que México, cada dia forme mejores ciudadanos.

jueves, 3 de septiembre de 2009

Personal de la Esc. Prim. Expropiación Petrolera

PERSONAL DE LA ESCUELA PRIMARIA

A continuación, tratare de dar los nombres de quienes han laborado en la escuela “Expropiación Petrolera”.
Se que esta lista, esta incompleta.
Pido de favor, que si alguien tiene mas datos, me los facilite, en otra edición de este libro, incluiré esos datos. Gracias por adelantado.

Tuvo como inspectores de zona:
1.- Ramiro Herrera Velásquez.
2.- José Velarde Gonzáles. De 1967 a 1991

Secretaria de la Inspección:
I.- Margarita Rosalva Velarde Gómez.

Directores de la escuela primaria “Expropiación Petrolera”:
1.- Victoria Herrera.
Primero fungió como directora de la “Expropiación Petrolera”, pero le dieron un traslado a Estación Prieto, a una escuela que dependía de Petróleos.
Y al cerrar, ese campo petrolero, le llegó la orden de la SEP de retornar a la “Expropiación Petrolera”, pero como ya estaba ocupada la plaza de director, tendría solo el cargo de profesora de grupo.
Y así se jubiló, posteriormente, como maestra de grupo.

miércoles, 2 de septiembre de 2009

Profa. María Adelfa Nava Palacios

La maestra María Adelfa Nava Palacios de Sandria, siempre contaba con muchachas, o señoras jóvenes, que le daban la mano en el quehacer del hogar.
Yo hacia amistad con ellas, algunas hablaban náhuatl, otras no sabían nada de guisar, como una que las sopas, solo las hervía, sin freír primero.
Y yo andaba ahi, de mete sillas, sacabancos.
¡No!, ¡no!, eso no se hace así, se va a enojar la maestra Adelfa, cuando venga y vea el mugrero que estas haciendo.
Y les explicaba, lo poco que yo sabia.
Hubo una, que traía un niño de 6 meses.
Iba yo, a cualquier hora del día, y como ella estaba ocupada, yo le daba mamila a su bebe, que ella preparaba de atolito, yo lo limpiaba, lo cargaba, que me lo prohibió; lo vas a embracilar, y yo trabajo, como le voy a hacer después.
Lo trajo, con escasos cabellitos en su cabeza, y muchos, pero muchos piojos.
Me dedique a despiojarlo, a quitarle las liendres, a mantenerlo limpio.
Si lo oía llorar, desde el piso de abajo, echaba carrera, y ya estaba yo atendiéndolo.
Después de meses, bien bonito que se puso.
De lo palidito que lo traía, débil hasta para llorar, se puso chapeado, gordito.
Como dicen, lo bonito entra por la boca.
De repente, la madre jovencita, me miraba de un modo raro.
Me miraba y me miraba, como si planeara algo.
Yo pensaba, falta que me prohíba ver a su bebé.
Y un día, que lo suelta.
¡Te regalo a mi bebé!
¿Qué?
¡Te regalo a mi bebé!
¿Estas bromeando?
¡No! en serio. Te lo doy.
Tú cuidas muy bien del bebé. Te lo regalo.
¿De veras me lo das?, ¿en serio?
Si, en serio. ¡Llévatelo ya!
¡Estoy perdiendo el tiempo en esta platica!
¡Si lo quieres, llévatelo ya!
Oye, ¡espérate tantito! déjame pedirle permiso a mi abuelita.
Y bajé la escalera, corriendo, de tramos de 3 en 3.
Ya me veía a mis 11 años, con un bebé, mío, mío.
Busque a mi abuelita, salón por salón, me fui al patio donde estaba el pozo, y ahí estaba barriendo unas hojas.
¡Buelita! ¡Buelita!
¿Adivina que?
¡La Luisa me da al bebe!
¡Me da al bebe!
Te vengo a avisar.
Ahorita vengo ¡voy por el!
Mi abuelita, una ancianita de unos 72 años de edad, cansada de tanto trabajar toda su vida, escucha mis exclamaciones de júbilo, y tiene que aterrizarme, ¡a la voz de ya!
¿Que dices?
¡La Luisa esta loca! , y tu mas, por creerle.
Abuelita, si lo dijo muy en serio.
Y lo repitió una y otra vez. Me da al bebé.
Ella no puede cuidarlo. Tiene miedo que le pase algo, ya había dicho, que a lo mejor lo daría.
Y me escogió a mí. ¡A mí!
¡Anda abuelita!
¡Déjame ir por ese bebé !
Te prometo cuidarlo bien, te prometo estar al pendiente.
Te prometo obedecer en todo.
Te prometo lo que tu quieras, pero déjame quedarme con ese bebé.
Mi abuelita, con tristeza, cansadamente, me dijo…
No hija, muy apenas te estoy sacando adelante a ti.
Solo Dios sabe cuanto tiempo me quede de vida.
Y aún, muy niña eres tú.
Yo no podría ayudarte con esa responsabilidad.
Aun no es tiempo, de que te hagas cargo de otra persona.
Te falta madurar mucho.
Todo tiene su tiempo, cuando sea tiempo, Dios te dará tus hijos.
Ahorita, disfruta tu niñez, porque pasa muy pronto.
¡Anda!, ve y dile a la Luisa, que muchas gracias, pero que tu no puedes hacerte cargo de un bebé.
Que seguirás yendo en ratitos a darle la mano, con esa criatura.
¿Que se siente, cuando te dan lo que ambicionas con alma y corazón, y no lo puedes aceptar?
¡Eso sentí!
Hable con esa madre jovencita.
No le gusto mi respuesta.
Días después me dijo…
Como tú no lo quisiste aceptar, ya me voy.
Se de personas, que con gusto se quedaran con mi bebé.
Yo empezaré una nueva vida, donde nada me recuerde a mi hijo.
Yo me despedí de ellos, y llene de besos al bebe, y le decía ¡ni modo bebe!, ¡ni modo!, naciste antes de tiempo, para tu madre y para mi.
Tuvo otras jovencitas que le ayudaban al quehacer a la maestra Adelfa.
Una de ellas, se llamaba Aldegunda.
Bajita, morena, delgadita.
Cuando se enojaba, decía ¡calenchisija!
¿Y ora?
Luego me tradujeron, era un mandarte a la jodida, en dialecto.
Significa, ¡vete a cagar!
A veces la hacíamos que nos acompañara en nuestros juegos a pesar de ser mas grande que nosotros, pero como es mas bonito jugar, si son más los que participan, pues entre todos la obligábamos, pero como siempre andaba apuradita, empleaba el ¡Xicatich! ¡Xicatich! que significa ¡aprisa!, ¡aprisa!
La maestra le dió estudios de secretaria, se casó con un doctor.
Se que vive muy bien.

martes, 1 de septiembre de 2009

Fiesta del Señor de Tampico Alto

Cada año, esa familia, al igual que cientos de familias mas, van a las Fiestas del Señor de Tampico Alto,Veracruz.porque es muy milagroso. Su fecha principal es movible, es 40 días después de Semana Santa, en domingo, pero días antes, y días después, se hacen presentes, tanto los que ofrecen mandas, como danzantes, turistas, y todo un mundo de gente, que sabe Dios, desde donde irán a ver al Sr. De la Misericordia.
Hay personas, que ofrecen de manda ir a pie.
Desde Tampico, Madero, Altamira, Ozuluama, o sea desde el lugar donde vivan. Es peligrosísimo, por los caminos pegados a la carretera, que desde el pueblo, y rumbo a Ozuluama, están por tramos muy angostos.
Con ir a visitarlo, creo yo que es más que suficiente.
Algunas personas, compran listón de algún color, y con el miden la estatura de un enfermo, y le llevan ese listón al Cristo, pidiendo tal o cual milagro.
Otras personas, compran veladora, se limpian con ella, rezando e invocando la Ayuda Divina.
Eso da pie, a que si alguien no puede ir, algún familiar o conocido, lleve esa petición, como si fuera una misiva, al Señor de la Misericordia.
Yo siempre estaba en la lista de miembros de la familia Sandria Nava, o sea la familia de la maestra Adelfa, que no fallaban en sus visitas a Tampico Alto.
Su esposo, el profesor Leonel, tenía una vagoneta, donde todos cabíamos.
Es tan hermoso ir, pasear, ver a la multitud, algunos desde días antes de la fecha más importante se hacen presentes; otros duermen por fuera de la iglesia, desde la noche anterior.
Hay servicios religiosos varias veces al día, y es un empujadero, todos quieren depositar algo al Cristo, ya sea veladoras, listones, un milagrito, que es una figurita de un metal económico, que simboliza de que te curo el Cristo, y muchos, no se porque, le ponen billetes, en su manto, el cual queda tapizado de billetes.
Si llegas casi al ultimo, no hay donde se pueda poner un billetito mas.
Y te hablo de una imagen del tamaño un poco mayor que el de una persona alta.
A los pies de la imagen, ponen un traste, que reboza de monedas, de distintas denominaciones.
Adultos, niños, todos quieren poner sus monedas a los pies de la imagen.
Yo sugeriría, no lleven mucho dinero, porque se contagia uno, y hasta el último centavito desea entregarle al Señor de la Misericordia.
Pues ya, cumpliste por este año, con tu visita al templo, de Tampico Alto, sales a la plaza, ¿y que vez?
Una romería, puestos y puestos, te venden de todo.
La maestra me compraba trastecitos de barro, como cazuelitas, y cosas por el estilo.
Jarritos de barro, llenos de dulces, o cajeta, o con tamarindo enchilado o azucarado.
Algunos juguetitos de lamina, adornos, ropa, si hay de todo; solo el dinero es el que hace falta, y uno que se emocionó y hasta por poco y le pide uno prestado al vecino, para echarle mas dinero al Cristo.
Que bueno, por ahí esta escrito, que lo que le das a Dios, se te regresara al ciento por uno.
A lo mejor, por eso le echan y le echan al Señor de la Misericordia.
También había juegos mecánicos, con sus sillas voladoras, caballitos, de todo.
Los adultos compraban unos tarritos, que contenían pulque.
De comer, encontrabas de todo, pozole, tamales, mondongo, tacos, y párale de contar, porque si no nunca acabo, de todo lo que se vendía y se vende para comer.
Y se, que después, había unos bailazos, de esos de acabarte la suela de tus zapatos.
Mi abuelita, siempre me daba dinero, mas que suficiente.
Decía, con que te lleven, es grande el favor ya.
Pero la maestra Adelfa, y su esposo, a todos los chiquirrines que llevaba, nos compraban por igual a todos.
Y jamás aceptaron el dinero, que yo les daba.
Llegando, se lo regresaba a mi abuelita; y ella…maestra Adelfa, no me apene, por favor, reciba el dinero.
Y la maestra Adelfa, ¡como cree! Doña Luz, Mary es como una hija para nosotros.
Porque mi nombre se presta, a que me digan de un modo, o de otro.
( en la foto,estoy con Sarita Sandra Sandria Nava,la primer hija del matrimonio Sandria Nava,en los patios de la escuela primaria Expropiación Petrolera de Pueblo Viejo,Veracruz).

lunes, 31 de agosto de 2009

Caireles y más caireles

CAIRELES Y MAS CAIRELES

Pasemos con la maestra Ma. Adelfa Nava Palacios, todo un kinder.
Eran ella, su esposo y sus hijos. En filita.
Primero nació Sarita, luego Pedro Leonel, el Negro de cariño, Mely, Nano, y al ultimo Fita.
Como le hacia, para que salieran así, de exactitos, niña, niño, niña; no había pierde en adivinar que venia en camino.
Cada fin de semana se iban a Tantoyuca, de donde venia ella.
Allá tenía a sus padres, Don Justiniano, o sea don Justo, y Doña Sarita.
También estaba su hermana, la maestra Mercedes.
De regreso, los lunes, que llegaban zumbando a las filas, nos traía, a mi abuelita y a mi, tamales gigantes, de los que les dicen Pikes, no te acabas tu solo uno.
Traía a sus hijos muy cambiaditos, las niñas las vestía igual y los varones, su par, los vestía también de pantalón y camisa iguales.
A las niñas las traía de pelo largo, y les hacia caireles.
Suelto el pelo, y con caireles.
Agarrando en un chongo, y con caireles.
Agarrando en dos cohetitos, y con caireles.
Paciencia de madre, paciencia de niñas.
Yo tenia el pelo muy chinito, y cuando mi abuelita me peinaba, tenia que meter el peine en un traste con agua, porque si no yo lloraba.
No me gustaba que me jalara el pelo cuando me peinaba.
Mi abuelita tenia mucho trabajo, y yo no me dejaba peinar tan fácilmente.
Así, que me pregunto, que como veía si lo trajera mejor corto, así no batallaríamos ni ella, ni yo.
Y mi abuelita, cada mes me lo cortaba.
Yo traía mi cabello, en casquetito, bien fresco, y sin lágrimas, como el comercial.
Había un cartero muy joven, que siempre me traía cartas de mi papá, me chuleaba el pelo.
Era soltero, y le gustaba como se me veía el pelo, en ricitos pequeños, obscuros.
Hasta, que llego el día, en que le dijo a mi abuelita, no sea mala, regáleme un ricito de la niña, cuando se lo corte.
Se lo encargo.
Siento que me va a traer suerte.
Y no se porque mi abuelita, le cumplió ese caprichito al cartero.
Le regalo unos rizos míos al joven cartero.
Tiempo después, encontró novia, y se caso.
Y su primero hijo, fue una niña.
Y vino a presumirle a mi abuelita, ¡que cree abuelita!, porque así dicen de cariño, mi niña tiene ricitos iguales a los de su niña.
Dios le concedió ese deseo.
Dios es un padre de amor, que nos apapacha.
Bueno, regresemos con la maestra Adelfa, por favor.
Llevaba una vida muy atareada.
Trabajaba como maestra de primaria, mañana y tarde, y por las noches, en Tampico, daba clases en una secundaria.
Su esposo, también maestro, con horas y más horas de magisterio; los 2 ocupadísimos.
Traveseábamos los hijos de la maestra Adelfa y yo; corríamos por toda la escuela, jugábamos escondidas, comiditas, poníamos columpios, con cualquier tablita y un mecate.
Recuerdo la vez, en que nació su cuarto hijo, Nano, entre tantas carreras, salieron disparados un fin de semana para Tantoyuca, y mi abuelita y yo, en la soledad de la escuela, en aquella superficie tan grande, oímos el llanto de un recién nacido.
A la maestra Adelfa y a su esposo, el profesor Leonel, se les olvido el recién nacido, y lo habían dejado encerrado con llave, en unos de los cuartos, que habitaban, en el anexo.
Le dije a mi abuelita, yo me brinco por una ventana y saco al bebe.
Mi abuelita, bien sabia, me detuvo.
Espérate, una madre, podrá tener un momento de distracción, pero es madre, y ya veras, como al ratito, regresan por el bebe.
Y yo sentía que se tardaban mucho, cuando los veo venir, apuradísimos.
Que se tardaban mucho, porque ya estaban cruzando el río Pánuco, cuando haciendo un recuento, de ¿que falta?, ¿quien falta?,… ¡el bebé!

viernes, 28 de agosto de 2009

Vida Sana

Y regreso a describir a mi madrina, la maestra Isabel Moreno Ríos, que nunca iba al doctor, y muy sana estaba.
No digo que sea malo ir al doctor, pero mas vale un gramo de prevención, que un kilo de curación.
Mi madrina cuidaba mucho de su persona, era naturista, vegetariana, metódica en sus hábitos de dormir, de comer, en todo.
Las tortillas, solo 3 comía, y previamente haciéndolas duras, como tochones, en el comal, porque la tortilla casi quemadita, baja los niveles de colesterol y triglicéridos en la sangre, en un lapso de un mes, ya no saldrán esos niveles altos en tus exámenes de laboratorio.
Comer brócoli sancochado, con requesón, al mediodía, de vez en cuando, ayuda a la digestión, y a bajar grasa.
Al levantarte, en la mañana, preparar 6 cucharadas de avena cruda, en un vaso con agua de unos 300 milímetros, y esa cantidad de agua y avena, licuarlas, y tomarlo.
También antes de cenar, tomar el mismo licuado.
Durante el día, se puede comer todo lo que se desee.
Sirve para el estreñimiento, es diurético, baja colesterol, al limpiar intestinos, provoca que los jovencitos, su rostro se limpie también de impurezas; porque el rostro refleja como esta tu cuerpo en general.
Si estas limpio por dentro, tu rostro también lo estará, sin barros, ni espinillas.
Y si tomas suficiente agua, es como si lavaras tu cuerpo interiormente.
Para estar seguro de que se tomó la suficiente agua durante el día, poner una jarra con agua de tomar, en una mesita, e irla tomando, durante el día, si a las 4 de la tarde, esa jarra, tiene casi la mitad de agua, apurarse a tomar mas seguido esos vasos de agua, para que a las 6 de la tarde, solo quede lo de uno o 2 vasos para evitar durante la noche, estar levantándose al baño.
Mi madrina, por ser tan ordenada en su vivir, no tenia necesidad de ir cada rato al medico.
Aclaro, jamás iba con un doctor.
Y punto.
Y murió bien viejecita, Loado sea Dios.

miércoles, 26 de agosto de 2009

Piensa bien lo que deseas

Nunca me he arrepentido de escoger a la maestra Isabel Moreno Ríos, como mi madrina, me enseñó, tantas cosas, que necesitaría paginas y paginas para explicarlo; también me enseñó manualidades, como hacer pollitos de peluche, pavoreales, cisnes, colchas abullonadas, como de triángulos, que luego, forman cuadrados, y sabia mucho de hierbas medicinales, de preparaciones de ungüentos y tes.
Me llevaba a pasear a Tampico, a comer nieve, cuando inauguraron un busto a don Benito Juárez, incluida una pared, con rocas y plantas, con fuentecita de agua, y luces de colores, en la plaza de la Libertad, pues fue mi madrina, la que cargó conmigo, para que yo no me perdiera esa ceremonia.
También me llevaba, a Mata Redonda, a visitar a unas amistades, que ella apreciaba mucho, en aquella comunidad, cercana al pueblo.
Y cerca de allí ,al Chachalaco, donde había y hay infinidad de restaurantes de mariscos, quien me hubiera dicho a mi, que muchos años después, yo iría seguido a pasear a esos lugares, con mi familia, pero ahora, cruzando el rio, desde la costa tamaulipeca, para llegar a la veracruzana.
Si así nos la pasamos, de un lado a otro, de un estado a otro.
En este pueblo, donde vivíamos, me llevaba a visitar, otras amistades de ella, como a una joven, con parálisis cerebral, que vivía, por la calle donde se encontraba el centro de salud, a unas dos calles de ahí.
Cuando se jubiló, me regalo muchos libros, y enciclopedias, había una en especial que no olvidaré.
Abarcaba temas diversos, literatura, botánica, historia; cuando me la regaló, un tío que yo tenia muy especial, un día que vino de visita, a cada folleto, o fascículo coleccionable de esa enciclopedia, le arrancó, la parte media, porque traía información muy valiosa.
Me dio coraje y tristeza, pero a veces, uno no puede hacer nada, solo mirar, con pesar, como te destruyen lo que alguien muy querido, te acaba de regalar.
Y la parte de la enciclopedia, que no se llevó, la hecho al fuego, a una hoguera.
Que ya no servia para nada, que era mejor quemarla.
Y me retire de esa hoguera, para no llorar de tristeza.
Y pasaron los años, y yo le comentaba a mi esposo, yo tuve una enciclopedia, muy bonita, fué un regalo, y traía esto y esto.
Y de esa enciclopedia, estos folletos o fascículos, eran los de más agrado mío.
Una, que hablaba de los reductores de cabezas, otro de la caída de Pompeya, y así, por el estilo.
Y un día, que andábamos por un rodante, nos acercamos a un vendedor de baratijas, y encontré unos fascículos de enciclopedia, de la misma enciclopedia, que yo una vez, vi como rompieron y echaron a quemar.
Y los compré, como un recuerdo, de un regalo, muy hermoso, que alguna vez, yo recibí.
Y en casa, esos fascículos, al mirarlos con detenimiento, descubrí que tenían arrancadas sus hojas centrales, y con las puntas chamuscadas.
Y hasta algunos, tenían unas marcas, de pluma que yo les puse de niña.
Eran mis fascículos preferidos, y en mi mano, estaban de nuevo.
Mi esposo me dice, no es cierto, a poco son los mismos, después de tantos años, 35 años para ser más exactos y en otra ciudad algo distante, de donde pasó el hecho y yo creo, que si son los mismos.
Si tú deseas algo, intensamente, tarde que temprano, en tus manos lo tendrás.
Por eso es bueno, pensar muy claramente, lo que deseas, no vayas a desear algo, que después te vayas a arrepentir, cuando lo consigas.

lunes, 24 de agosto de 2009

Primera Comunión






PRIMERA COMUNION

Cuando iba a hacer mi primera comunión, no sabia, quien seria mi madrina.
Andaba meditabunda.
Mi abuelita me dijo, yo te compro todo.
Solo busca quien vaya de madrina.
Platicando aquí y allá…¡necesito madrina!
¡Necesito madrina!... y salieron unas candidatas.
No me alcanzaban los dedos de las manos, para tantas candidatas.
Mi abuelita se reía de mí, ahora andaba mortificada, porque no sabía por cual decidirme.
Que si aquella era muy regañona, que si la otra yo no la conocía, lo suficiente, como para arriesgarme, a quedar bajo su mandato irrevocable.
Todas con cualidades, todas con defectos.
Y mi abuelita, no me ayudaba mucho.
Cuando tengas madrina, le vas a besar la mano.
¿Qué?
¿Y si no se la lavo?
Ni modo, será tu madrina, por eso tu la escogerás.
Será tu madrina, para toda la vida.
Y una tarde, de las muchas en que fui de visita con la maestra Isabel Moreno Ríos, me pregunta:
¿Ya tienes madrina?
Pues no se todavía.
Mi abuelita dice que yo decido.
Que yo sola me eche la soga al cuello.
Ríe a carcajadas la maestra Isabel, y suelta el…
¿No te gusto yo de madrina?
¿Qué?
¿Usted, mi madrina?
¿No te gusto? yo nadamas te preguntaba, pero si ya escogiste; si ya le dijiste a alguien, pues ni modo.
¡Nombre!, maestra Isabel.
¡Claro que la quiero como madrina!
¡Ahorita voy y le digo a mi abuelita que ya tengo madrina!
Y agarro impulso para echar la carrera, y me detiene con suavidad la maestra, tocándome el hombro.
¡Espera!, no te digo ¡Siempre eres bien atrabancada!
Dile a tu abuelita, que yo deseo ir de tu madrina, pero pongo una condición.
Pensé, estas maestras, siempre ponen condiciones.
Dígame, maestra Isabel, ¿cual condición?
Dile que iré de madrina, pero que yo te comprare todo, de la cabeza a los pies.
Todo tu ajuar lo traeré de México, en estas vacaciones lo comprare.
Convence a tu abuelita de ello, se que no le gusta dar molestias a nadie.
Pero yo con gusto, haré ese gasto.
Me nace hacerlo.
Si maestra, gracias.
Yo la convenzo.
Casi quería besarle los pies, de lo emocionada que estaba.
Mi madrina, la maestra Isabel Moreno Ríos. Una madrina de lujo.
Y que me compraría todo en México, todo.
Pues, que no fuera, como aquella vez, que le dio por la costura, y se puso a hacerme faldas, blusas y hasta calzones.
Las faldas, me las hizo apretaditas de la cintura, que para que se me hiciera delgadita, me decía, no debes tener cinturita de jícama.
Yo las abría del botón, me asfixiaban.
Y los calzones, porque eran calzones.
No pantaletitas de niña, con encajitos.
¡No señor!
Usaba telas como de popelina, o algo mas gruesas, y tenían forma como de lámpara de buró.
Y mi abuelita ¡tienes que usarlos!
La maestra Isabel los hizo con mucho cariño, y tú en agradecimiento, te los vas a poner.
¡Pero yo no le pedí calzones!
Además, me rozan.
No los quiero. Con una puesta, y ya quede satisfecha.
¡No los quiero! y ¡No los quiero!
Y en esas estábamos, cuando apareció la maestra Isabel, en el marco de la puerta de nuestra casa, y dijo, déjela, doña Luz, la niña tiene razón.
Yo tendría unos 7 años, cuando los calzones de manta, o algo así.
Déjela, tiene razón.
No supe escoger la tela.
Y se dio la media vuelta, rumbo a su casa, y nos quedamos calladas mi abuelita y yo.
Me sentía culpable.
Por decir lo que sentía, lo que pensaba.
Y mi abuelita Luz, seria conmigo.
Su nieta, que no sabía agradecer.
Y ahora, que iría de madrina haber con que ropa me saldría.
Pero me lleve una bella y grata sorpresa.
Llego, después de vacaciones navideñas, con cajotas, que contenían mi vestido de primera comunión, tan hermoso, que me decían, ¡pareces una novia!
Un tocado de cabeza, muy original.
Lo mejor de lo mejor.
Todo mi ajuar de primera comunión. Hasta los zapatos.
Me lo trajo de México, y estoy segura, que lo escogió con mucho amor.
El día de la ceremonia religiosa, vino de visita una prima, y mi abuelita, le pidió de favor que trajera de la Pepis, un gran pastel.
Mi abuelita guiso varias piezas de pollo en mole, acompañado de arroz y ensalada.
Todo un agasajo.
En el oficio religioso, yo fui la única en hacer la primera comunión, tuvo que ser en esa fecha, un 6 de reyes, porque mi madrina, no había podido estar presente en la otra fecha, en la comunitaria.
Y a la hora de comulgar, que mi madrina se abstiene.
El padre, por poco, y nos corre a las dos de la iglesia.
Que para que, se buscan padrinos que no comulgan, que a ver esas catequistas, que no están al pendiente de quienes eran los padrinos.
Y mi madrina, callada.
Cuanto creció mi respeto, amor y admiración por su prudencia.
Primero dejaría de ser maestra, a perder su compostura.
Nos veíamos de reojo, nos entendíamos muy bien.
Sonreí, al pensar, si el padre supiera en lo que cree mi madrina.
Si el padre, supiera, en lo que creo yo.
Yo creo, en lo que cree mi madrina.
Casi desde el kinder, me contaba muchas cosas, solo yo entraba en sus cuartos, donde estaban miles de secretos, de muchos años atrás.
Nunca sabré en vida, descifrar algunas teorías que me revelo.
Y vaya que he buscado en libros, y hasta en Internet, el significado o los alcances de sus pláticas.
Cuando mi espíritu, abandone este cuerpo, buscaré a mi madrina, y se lo preguntaré.
Quedaron muchas dudas en mi corazón, madrina, prepárese porque la buscare.
Cuando se termino la misa, yo cargue al niño Dios, y las señoras y niños del pueblo, pasaban en fila, a depositar un beso al niñito Jesús.
Ya en casa, mucha comida, pastel, y aparte de mi abuelita, mi tío, mi prima, mi madrina, y yo, no había nadie más.
Como que se veía medio desangelado ese festejo.
Mi abuelita, ven, no te apures, vamos al zaguán, bajamos las escaleras, y al que pasaba, lo invitábamos a la comida de mi primera comunión.
Y la casita, se lleno de personas, riendo, comiendo, platicando; dos de esos invitados, eran maestros del pueblo, y yo la pase feliz, muy feliz.

domingo, 23 de agosto de 2009

Maestra de vocación y alma hermosa

MAESTRA DE VOCACION Y ALMA HERMOSA

Bueno, después de esa paseadita por la placita del pueblo, y la excursión a la playa, regresemos al interior de la primaria, a su segundo piso.
El primer salón, el que se encuentra frente a alas escaleras, es uno muy sombrío, por quedar atrás de un paredón, donde se ubica el nombre de la escuela.
Ahí, cursé el 5 to. año de primaria, con la maestra Alma Acevedo.
Ella pudo estudiar no se que tantas cosas, proviene de las familias mas pudientes del pueblo, de las familias que generación tras generación, siempre tienen el modo.
Pero, a ella, le gustaba ser maestra.
Y que bonito daba las clases.
Con mucho amor.
Se dirigía a nosotros, sus alumnos, como si fuéramos sus hijos.
En ese tiempo, ella era soltera.
Despuecito, ella se casó, y se fue del pueblo.
Recuerdo, muy nítidamente, la ocasión, en que dando no se que repaso de un libro, observo la maestra, a través de los cristales de una ventana, en lo alto de un pilar de la escuela, a unas crillitas de pichón, como les daba su madre de comer.
Nos hizo la señal, con su dedo índice cubriendo sus labios, de guardar silencio.
Ya calladitos todos, nos indico mirar, sin casi movernos, hacia el nido, que se ubicaba en una covachita del pilar que se encuentra empezando el paredón del frente de la escuela.
Nos admiramos al ver, como la madre pichón, regurgitaba el alimento de su piquito, y se lo daba en el piquito, a sus crillitas, que chillaban, exigiendo más y más comida.
Duramos buen rato, observando ese acto de amor.
La maestra Alma Acevedo, aprovecho, para explicarnos, que así son las madres de nosotros, que van por la vida, sacrificándose en conseguir para nosotros, lo necesario, y que no dudan en quitarse de la boca un bocado, con tal de que ha nosotros no nos falte algo.
Que tanto en el reino animal, como en los humanos, los padres siempre velan por sus retoños, pero que llega el momento, en que esos mismos padres cariñosos, con gran dolor, tienen que aventar al polluelo, o aguilucho; a aquel que no se decide a salir del nido, lo tienen que aventar, para que se desarrolle, para que aprenda a volar por si mismo, porque sus padres no serán eternos.
Y por eso, a veces, encontrábamos por los pasillos de la escuela, crías temblorosa de pichón, de pichón miedoso, de pichón cobarde, que viendo que en el suelo, los cocolazos son más canijos, se deciden al fin a dar breves carreras, hasta que por fin vuelan.
¡No que no! ¡Vuelan!
Y la maestra Alma, nos decía, ustedes son ahorita como pichoncitos, les dan todavía en la boca de comer.
Y todos gritamos:
¡No, ya estamos grandes!
¡Bueno!, ¡bueno!, y la maestra reía.
Me refiero a que la mayoría de ustedes no tienen un trabajo remunerado.
A que apenas se están preparando, para un día volar de su nido, de su hogar.
Para formar otro nido, otro hogar.
Y de ese modo, eran las clases de la maestra Alma Acevedo.
En una ocasión, nos llevo de excursión a su casa.
¿Casa?
¡Rancho!
Se localizaba más allá del cuartel hacia arriba.
Fuimos libres de andar por toda esa inmensidad de rancho.
Solo nos prohibió ir, por donde anduviera el ganado.
Jugamos a la pelota, a tantas cosas…
Y cuando nos dio hambre…
¡Que de manjares!
Una larga mesa, repleta de todos los platillos.
Ella tenía servicio de servidumbre, caporales, peones, y párale de contar.
Un ejército de gente a su servicio.
Y se venia a la primaria a quebrarse la cabeza con chiquitines.
La mamá de la maestra Alma, una señora menudita, de maneras muy finas, nos recibió en su casa, entre complacida y sorprendida.
Una turba de escuincles, tratando de comportarse como personas mayores…
¡Buenos días, señora!
Y la mamá de la maestra, sonriendo, nos dejo hacer lo que quisiéramos, sabia que su hija nos podía controlar.
Ella, ordenaba a unas señoritas, que y que depositar en la mesa.
Jarras enormes de agua de limón, tamarindo, etc.
Rebanadas de sandia, de la misma sandia que creo que se sembraba en ese rancho.
Tan rojas y jugosas, que hasta los codos nos escurrían sus jugos rojizos.
Y parecía que nos bañábamos con ese juguito.
Ya cuando acabamos de comer, nos habíamos quitado las caretas de personas mayores, y pedíamos regresarnos a nuestras casas.
Y el trayecto es largo.
Agradecimos las amabilidades de la mamá de la maestra Alma, y regresamos al centro del pueblo, con un cansancio, que solo porque el camino es de bajadita, y nos daba su ayudadita, sino, mas de alguno, quien sabe como le hubiera hecho para regresar.
Veníamos timbones de bastante comida, agua y frutas.
La maestra, nos trajo en el camino de regreso, entonando canciones, contándonos algún chiste, y miren como se ve…y señalaba a alguno, que al sentirse señalado, trataba de adoptar otro andar, según el mas derecho.
Nos decía la maestra, si se cansaron, ya no los llevo de nuevo a mi casa.
Traen unas caras, que parece que los he castigado.
¿Están cansados?
Y todos gritábamos: ¡No! ¡No estamos cansados!
Bueno, decía la maestra Alma Acevedo, demuéstrenmelo, echándose una carrerita a ese árbol, o unas plantas con flores, y así nos hacia apurar el paso, en ese regreso al centro del pueblo.

sábado, 22 de agosto de 2009

Excursión organizada por Ely a Playa Hermosa,pasando por el Ojital






Un fin de semana, organizó mi amiga Ely, una excursión a playa Hermosa, la que se encuentra por el rumbo al Ojital, pasando mas allá de los terrenos de los Acevedo.
Nos arrancamos a pie, ida y vuelta.
Para llegar a la playa, cruzamos en un chalán.
Este era maniobrado, a pulso, por sus dueños, por medio de mecates gruesos.
No existía motor en ese chalán.
Pasamos un rato muy agradable, la arena muy limpia, y de regreso, pasamos con unas amistades de Ely, que vivían en El Ojital, ahí nos dieron de comer, con tortillas hechas a mano y unas aguas frescas de frutas, y nos permitieron cortar mandarinas y naranjas, las que quisiéramos; nos avorazamos todas, y veníamos, bien cargaditas, de tanta fruta.
De pilón, en el camino de regreso, existía tal cantidad de nopales, y de guapilla, sus frutos, amarillos de lo maduros, listos para ponerlos a remojar, para hacer el agua, que seguíamos, échele y échele a las bolsas.
Y los coyoles, en racimitos, esos como coquitos, que solo con el martillo, podías abrir, y comer su centro, con bastante chilito piquin y limoncito.
Y si venían los coyoles en pares, cuates, no comerlos, porque tendríamos cuates, al momento de tener hijos.
Además, traíamos, los icacos, esos frutos rositas, carnosos, que solo se conseguían cerca de la playa; así como las uvas de la playa, veníamos cargaditas, tan cargaditas, que en el camino, ya nos veníamos rajando, y en una lomita, de esa carretera, dejamos irse la mayoría de nuestros cargamento, nos quedamos viendo con tristeza, rodar tantas cosas que habíamos acumulado, en esa excursión tan fabulosa.
Ese conseguir todo a cambio de nada, ese cortar y cortar, guardar y guardar.
Cuando llegamos al pueblo, a puro calcetín, ya no deseábamos nada de cosas; solo agua, y más agua, para tomar, de tan asoleadas que veníamos.
Fue muy poquito, lo que al final llegó a nuestras casas.
Cuando le platiqué a mi abuelita Luz, lo que nos pasó, por querer acaparar tantos frutos, en ese trayecto entre Pueblo Viejo, El Ojital y la playa, que solo me recetó el dicho…
El que mucho abarca, poco aprieta.
Pero Ely, tenia la solución, ya vera doña Luz, cuando yo tenga mi carro, todo lo que podremos acarrear.
La vida me ha enseñado, que podemos conseguir muchas cosas, si nos damos tiempo, y si ponemos empeño en ello; pero todo con medida, por ejemplo, si tienes muchos libros, y no puedes leerlos por tus ocupaciones, o tienes cds. de música o películas, y no alcanzas a escucharlos o disfrutar, con calma, de sus contenido.
No se me olvida, esa excursión a la playa de Pueblo Viejo, y la frustración, que sentí, cuando me vi obligada, a tirar, todo lo que ya consideraba mío.
Y a pesar de que Ely, vive en México, y yo en ciudad Madero, Tamps. continuamos siendo amigas.

viernes, 21 de agosto de 2009

Columnas del Conocimiento

COLUMNAS DEL CONOCIMIENTO

En el segundo piso de la primaria, estaban los salones destinados a 3 ero, 4 to., 5 to. Y un sexto grado.
Alrededor de los salones del segundo piso, se encontraban los corredores, también techados, que corren paralelos, a los corredores inferiores.
Aquí vemos, que las columnas superiores, caen exactamente, sobre las columnas inferiores, todas ellas, con cuatro caras, y por lo tanto cuatro esquinas, columnas amplias, tan amplias, que no es posible abarcarlas, con un abrazo, y están reforzando la construcción.
En conjunto, el edificio de la primaria, independientemente de su arquitectura maciza, tiene un aire de majestuosidad; sus arcos, que se forman de columna a columna, dan la bienvenida a cada pueoblevejence, invitan al estudio y a la superación.
Esas columnas, las vemos abajo, arriba, adentro y por fuera de la esa primaria.
Yo veo en esas columnas, las columnas que dan fortaleza al individuo, que ha estudiado, que sabe que puede llevar a cabo diversas tareas, porque ha invertido tiempo y dedicación en su preparación.
A un individuo, que sabe que puede haber momentos en que parece que todo sale mal, que todo se llena de nubarrones; pero si cuenta con las columnas de un conocimiento exacto, preciso, y no hablo de información inconexa, del lo vi en una revista, lo escuche en un programa, y por eso siento que todo lo se.
No, yo hablo, del que persevera, y gracias al estudio, encauzado, dirigido por maestros y planes de estudio, y con una Fe, en un Ser Superior, logra superarse a si mismo, y así puede, no tan solo ser útil a si mismo, sino también para los que lo rodean, llámense familiares, vecinos, amistades, conciudanos.
Y todo empieza, desde los primeros años de educación.
Desde el no faltar a clases, nadamas porque si, el ser puntuales; el llevar todo lo necesario, y solo lo necesario, porque algunos llevan el ultimo juguete, el ultimo invento, y ya se distrajo todo el salón
Los corredores techados del segundo piso, cuentan con unas bardas, para protección de los alumnos.
Solo los alumnos de 5 tos. Y 6 tos. Grados, pueden mirar lo que pasa en los patios de la escuela. Así de altos, son los muros de las bardas del 2 do. piso.
Cuenta con 2 terrazas a cada lado, que permitían, de ser necesario, ensayar algún bailable, o tabla rítmica.
Una tiene vista a la iglesia y al camino que va al Retiro de Lourdes, a la Fuente.
La otra terraza, tiene vista al camino a Tampico Alto, y en esos años, se lograba mirar hacia los terrenos de la zona militar, mas específicamente, hacia sus verdes prados, muy a lo lejos, pero la vista los lograba abarcar.
Por el corredor, que esta frente de la escuela, en su segundo piso, de trecho en trecho, a como lo permiten sus columnas, es posible mirar la placita, y sus alrededores.
Los domingos de mi niñez y juventud, gustaba observar a las personas que paseaban en ella.
En la oscuridad del segundo piso de la escuela, me encantaba tomar nota de todo lo que pasaba frente a mi vista.
De muy niña, ponía una sillita, para poder alcanzar a mirar hacia la placita.

La plaza se iba llenando poco a poco, primero eran jovencitos, unos por aquí, otros por allá.
Unos tomando una malteada en el negocio de don Pablito, o sea don Pablo Ramírez, y su esposa se llamaba doña Joaquina Felizarde, sus hijas Chabela Nápoles y Rosita.
El lugar aun se ubica, en la esquina, que por un lado, queda frente a la primaria, y por el otro lado, quedaba frente al cine.
Don Pablito, tenía un hermano de oficio chofer, conocido como Pitabil.
En la refresquería de don Pablito, con letrero “El Chubasco”, se expendían huapilla, tepache, refresco de raíz, y me cuentan, los que saben, que mucho antes, también funciono como cenaduría.
También se vendían refrescos embotellados, de muchas marcas, incluidos los Jarritos.
Aquel refresco, timbón, que tenia realzados, a su alrededor, como un cinturón, infinidad de jarritos pequeños.
Si no tenia muy helados los refrescos, don Pablito, de manera muy amable, te servia en un vaso, hielo raspado, de una gran barra, que siempre tenia cerca de su mostrador.
Había una rockola, y al hechar monedas, tocaba melodías que no se porque, la mayoría eran melancólicas.
Se escuchaban el:
¡Dime tu puente de piedra!
Y me sentía triste, por ese señor, que esperaba que un puente le contestara a preguntas tan importantes.
O cuando era muy pequeña y escuche…
Contigo aprendí que la semana tiene mas de 7 días, y como apenas estaba aprendiéndome los días de la semana, ya ahí las cuentas no me salieron.
Y le decía a mi abuelita, tu que todo lo sabes, dime cuales son los otros días de la semana, aparte de los que siete que me enseño la maestra.
Una canción jocosa, era la de un ladrón, que entra a una casa, y sorprende a una mujer, y al ordenarle, sálgase de la cama, ¡el ladrón se desmayo!
Y esa mujer, le dice, como riéndose, ven, ven, ladronzuelo, ven !ay, pero ven ,y ven a robarme a mi!
Y yo de niña deseaba saber que le había enseñado esa mujer al ladrón, para asustarlo y para tener tal dominio sobre el, que lo cococoreaba, y en su tono de la chica de la canción, no había temor, mas bien un deseo de volver a ver al ladrón.
Empezaba esas rockola, con sus canciones como a mediodía.
De todos los días de la semana.
A veces, con solo escuchar las canciones, repetidas una y otra vez, ya sabía más o menos, que clientes eran.
Ya me sabía los gustos de tal o cual pueblovejence.
No me sabía los nombres, eran escasas las personas a las que yo trataba de modo personal.
Pero observaba y oía.
Característicos, los peleados con la novia.
Los miraba, en sus arrumacos en las bancas del pueblo, unas de fierro la armazón, y tablitas de rejillitas, en el asiento.
Tablitas, endebles, que si se sentaban personas gruesas, crujían.
Los novios, ni por enterados se daban del pandearse de las tablitas, luego por x motivo, caras serias en los novios, un manoteo, el hombre un rogar, la mujer un voltear el rostro con enfado.
Y cada quien, para su casa por su lado.
Días en que aquel enamorado, llegaba, duraba horas y horas en la banca, donde por costumbre, se habían visto por semanas.
Los dejaban plantados, y el despechado, se iba a la refresquería, ponía la rockola, y a poner canciones y canciones.
Si se solucionaba la desavenencia, iban a la refresquería, y platicando, tranquilamente, el joven ponía canciones de amor.
Al rato, los novios tomaban del mismo popote, aunque cada quien tuviera su malteada, se miraban a los ojos, ni platicaban, de embelezados que se encontraban, se agarraban de las manitas y se ponía aburrido el asunto.
Días más adelante, agarraditos de la mano, a dar vueltecitas a la plaza, a lucirse sus ropas domingueras, a que los vean sus amigos, como se quieren.
Mas tarde, en lo obscurito, se iban como no queriendo, atrás de los muros de la escuela, atrás de las columnas, y ahí, subían de tono sus caricias, se oían sus bssssss, bsssss y sus besos.
Si lo quería, al mirar que de la placita, aquellos novios se dirigían al corredor inferior de la escuela, bajaba como atraída por un poderoso imán, desde el segundo piso, y los observaba, estratégicamente desde cualquier salón, atrás de sus ventanales.
Después de todo, yo algún día, también andaría de novia y me era vital, saber cuales eran los mecanismos del amor.
Ahí si, que ni modo que mi abuelita, me diera lecciones.
Se había casado a los 16 años y enviudo a los 20 años.
Esas cosas de novios, ya para mi abuelita, eran cosa como de un sueño.
Cuando mi abuelita, me cacho cuales eran ahora mis distracciones, el deseo de conocer mas sobre eso llamado amor, me llamo la atención, de un modo duro. Seco.
Si se dan cuenta que los andas espiando, no se que te vayan a hacer.
Nada, estoy dentro de la escuela.
Y se fue directo al grano.
Deja de andar espiando parejas de novios, te vas a calentar antes de tiempo.
Todavía no sabes limpiar bien los frijoles, hervir la leche, sin que se tire; mejor aprende a guisar, lavar, planchar, eso es lo que tiene que hacer una mujer de casa.
No creas que solo son besos y abrazos.
En ese tiempo, yo tendría 11 o 12 años de edad, y era cierto, no sabía nada de quehacer hogareño, ni de agasajos con novio.
Por ese tiempo, me dio por fantasear mucho sobre un próximo matrimonio.
Oye, abuelita, te imaginas a tu nieta paseándose por el pueblo del brazo de un joven marino, ya vez que varios muchachos de aquí se han enlistado en la marina.
Tan guapos que se ven con ese gorrito chiquito en su cabeza, pelona.
¿Cómo ves?
Ya me imagino como traerás a tu marino, su uniforme en lugar de blanco, será gris.
Aprenderás con tu marino como se lava la ropa.
Lo bueno es que ya hay detergente, no nadamas el polvito de Doña Blanca, el que viene en tarritos chiquitos.
Mmm, sabes abuelita, eso de marino, como que lo estoy pensando, luego te cuento.
Y otros días, abuelita, a este pueblo llegan muchos miembros del ejercito, las mayoría jovencitos.
Ya ves, lo cerca que esta la zona militar.
Tú crees, que yo algún día, ¿me llegue a casar con un militar?
Y mi abuelita, pues si eso llega a suceder, prepárate desde ahorita, debe de andar bien planchadito, sino lo podrían castigar, por traer su uniforme todo arrugado, y tu serias la causante, de los regaños que le den a ese militar, que pusiera sus ojos en ti.
¡Hay, abuelita!, tu me pintas muy feo el matrimonio.
Y después de un tiempo, abuelita, he pensado mucho, y creo que me gustaría algún día casarme con un pescador de la laguna de Pueblo Viejo.
Y mi abuelita, me parece muy buena idea.
Debes seguir estudiando, para ayudarle en lo que puedas a tu futuro esposo, solo ponle mas empeño a la guisada, y sobre todo a lo que es el marisco, hay diferentes modos de guisar cada platillo, al fin que todavía tienes tiempo de prepararte para el matrimonio, como dice el dicho, del cielo caen velo y mortaja, así que no te preocupes, cuando ni con quien te casaras, preocúpate de estar preparada.
Y yo seguía los domingos, observando a los pueblovejences, dar vueltas y vueltas en la plaza.
Cuando mi amiga Ely, empezó a soñar también con lo de novios, fue más allá de observar desde lo alto de la escuela, decidió que debíamos bajar y mezclarnos con la gente en sus vueltas en la plaza.
Y yo le pregunte, ¿y para que?
Yo me la imagino como las mariposas, que revolotean gustosas, y tal vez necesitan ser admiradas, y yo por amistad acepte.
¿Y que te vas a poner?
¿Para que?
Para ir a dar vueltas a la plaza. No me digas que aun no tienes lo que te vas a poner ese día.
No entiendo a Ely, “arreglar algo para ponerme ese domingo”, ni que yo anduviera desnuda por las calles de Pueblo Viejo.
Claro que tengo ropa, mi ropero, al abrirlo, deja caer garras y garras.
Cualquiera sirve para ir a dar unas vueltas a la plaza. No faltaba más.
Y Ely, voy a estrenar ropa ese día.
Y yo, a que bueno, que te aproveche.
¿Tú no vas a estrenar también?
No, para que, soy la misma, con ropa nueva o no.
Y Ely, ¡ah no!, tu debes de estrenar también.
Mi mejor amiga, debe estrenar ropa también ese día, así, las dos vamos estrenando.
No creo que tu abuelita, no te pueda comprar algo especial para ese día.
Ya tocando el punto de mi abuelita, ahora si que hay que estrenar. Que no digan que mi viejita no me puede comprar unos trapos.
O que es tacaña.
Voy a Tampico, y en la tienda Del Centro, compro unas ropas especiales para ese día.
Se llega el domingo, asisto con Ely, y me doy las grandes cansadas, vueltas y vueltas, para un lado, que si por en medio de la plaza, y mis piecitos, enfundados en unos zapatitos nuevos, comprados en la Walk -Over, se resisten al piso adoquinado de la plaza.
Y Ely, que se siente artista, saludando a todos, riendo, haciendo ojitos a no se cuantos del pueblo, y algunos que se nos pegan, parece que traemos escolta, yo me siento como sándwich, apretujada.
A pesar, de ser tan amplia la plaza, de tener unos pasillos bien anchos, que forman el cuadrado de la plaza, que la permite rodear una y otra vez; también tiene el perímetro mas pequeño, el que queda alrededor del kiosco, y luego sus pasillos, los 4 que parten de cada esquina al centro, y los mas pequeños, los de las partes intermedias de cada esquina.
No hay orden en ese dar vueltas a la plaza, unos van, otros vienen, en ocasiones, se empieza una platica cuando unos grupos de personas, empujan discretamente, o piden dejen pasar, nos despedimos haciendo señas, que en la próxima vuelta, donde nos reunamos de nuevo, continuaremos con la platica.
Si de veras, esta muy interesante, lo que se esta tratando, nos salíamos del camino adoquinado, rara vez alcanzábamos banca, pero en los jardincitos, pisando plantitas, hacíamos parada, un grupito, y entonces, con calma, platicar y hacer planes para otros días.
Al terminar la plática, al intentar regresar al grupo que da vueltas y vueltas en la plaza, esperar, en que grupito queremos quedar, delante de quienes y atrás de quienes.
No vamos a quedar delante de las que nos caen como piedrita al hígado.
Para que nos vayan rullendo, y criticando, o echando habladitas.
Si venimos a la plaza a divertirnos, no a sufrir desaires.
Y yo, Ely, ya vamonos para la casa.
Ya van a ser las 10, y mi abuelita me va a regañar.
Me dio hora para regresar, y ya me pase.
Y Ely, se reía, y solo con la mano, me hacia que esperara tantito, que era su gran noche.
Y yo, con un mozalbete, que me decía no se que cosas al oído, por atrás de nosotras se había pegado desde el inicio, y deseaba acompañarnos, hasta el zaguán de la escuela.
A lo obscurito.
¡Si, como no!
Por fin, se despide Ely de algunos; de otros acepta que nos acompañen, en ese pasar la calle, de la plaza, a la escuela.
Y el güerquillo, que era mi sombra, mirándome en forma burlona.
Pero no me conocía bien.
Me acerco a el, y con misterio, le digo, casi al oído…mi abuelita esta por dentro de la escuela, tu no la vez, porque no estas acostumbrado a la oscuridad de esos pasillos, pero yo ya la vi.
No te digo que no me acompañes, pero si lo haces, sabes a lo que le tiras.
Prontito, se despidió, ese aprendiz de Juan Tenorio.
A Ely, le encanto, ese dar vueltas en la plaza los domingos.
Yo, en contadas ocasiones, la seguí acompañando.
A veces, a la mera hora cuando pasaba por mi, le decía, ¿sabes que? Ya se me quitaron las poquísimas ganas que tenia de ir a dar vueltas hoy, mejor vamos el otro domingo.Y ella, estrenando ropa para ese domingo, se alejaba renegando de mi falta de palabra, y terminó encontrando otras amigas, de esas que si les encantaba ir a pasear los domingos.

jueves, 20 de agosto de 2009

Espíritu de una escuela

ESPIRITU DE UNA ESCUELA

Ya describí la parte inferior de la escuela.
Solo añadiré, que bajo las escaleras, en esa covacha, se acondiciono una bodeguita, pequeñita, que contenía papeles, de escasa importancia, y revistas de la SEP, la ropa de utilería, poquita que existía, así como el Penacho de Cuauhtemoc, y la cabeza de venado, para las danzas tradicionales, y las bocinas, unas grandes, como embudos de metal, para la ambientación musical de asambleas y festividades escolares.
El barandal de la escalera, contaba de unos tubos redondos de fierro.
Los chamacos, gustaban agarrarlos de resbaladilla.
De tan viejos esos tubos, las puntas, estaban rotas, y tenían filos, cortantes.
Así, que infinidad de pantalones, llevaban la marca del barandal de la escuela.
Como la escalera, queda de frente a la dirección, tenían cuidado, de que el director, no los viera en sus juegos.
En ocasiones, no tan solo los regañaba, sino que los dejaba un rato sentados en unas bancas, que se ponían por fuera de las direcciones.
Y mandaba un recado, a la maestra responsable de aquel alumno.
El director no era posible, que estuviera siempre en la dirección, hacia recorridos de supervisión por toda la escuela, pasaba despacio por los corredores, escuchando las clases de los maestros.
Eran sonidos agradables, como los de primero cuando cantaban:

Un elefante, se columpiaba,
Sobre la tela de una araña,
Como veían que resistía,
Fueron a llamar
A otro elefante

-o-

Dos elefantes, etc.

Y al llegar a diez, se retrocede en la canción diciendo:

Diez elefantes, se columpiaban,
Sobre la tela de una araña,
Como veían que no resistía,
Quitaron a un elefante.

-o-
Nueve elefantes…

En otros grados, el repaso de las tablas de multiplicar, mas allá, el alfabeto de corrido; las capitales de cada estado, por orden alfabético.
El silencio de aquellos grupos, que están escribiendo, o dibujando.
La voz fuerte de los maestros, que explican alguna lección.
Cada escuela, tiene un espíritu diferente.
Se nota, desde que te acercas al zaguán.
Los ruidos presagian su interior.
Sus paredes pintadas o no.
Las ventanas, con sus vidrios completos.
Sus pisos, limpios o no.
Ya adentro, observas como se comportan sus maestros.
Depende del director que tengan.
Si sabe mandar, firme, y a la vez, con juicio.
Guiara a buen puerto a su escuela.
Si sabe darse a respetar, si el mismo respeta la investidura que porta; no es cualquier cosa ser director de una escuela.
Es mucha responsabilidad.
Si desde el primer día, demuestra flaqueza, ni padres de familia, ni alumnos, y menos sus compañeros profesores lo respetaran.
Si quisiera, después de un comienzo errático imponerse; tendría que comportarse duro en extremo, llegando casi al autoritarismo, poniendo una pared entre el y el demás cuerpo educativo, para un poco, recuperar su papel del que dirige aquel plantel educativo.
Humildemente, yo sugeriría, maestro, si a usted le conceden el honor de dirigir una escuela, mande, y mande sin temor alguno.
Desde el primer día, desde que cruce el zaguán de su escuela.
Recuerde, que hay un dicho que dice:
Donde manda capitán, no gobierna marinero.
Porque el que manda, no se equivoca.
Y si se equivoca, vuelve a mandar.
El director de la escuela “Expropiación Petrolera”, profesor Jesús Briones Vásquez, se gano el respeto y cariño de los maestros, padres de familia y alumnos.
Y los niños, pues siempre serán niños.
Observando, analizando, cuando pueden brincar las trancas y hacer de las suyas.

miércoles, 19 de agosto de 2009

Maestra Flor de María Ortega / Profr.Danylo Bayly

Es duro ser maestra.
Yo lo veía, diario, lo veía.
No es nada mas, dar clases y ya.
Preparar clase, material educativo, láminas de la pared, periódico mural, la asamblea.
El reporte semanal, mensual, bimestral, semestral y anual.
Los exámenes, que nadie queda contento, las boletas y listas, con números tan chiquititos que sienten los maestros que ya se volvieron bizcos.
Y repito, nadie queda contento…
Ni directores, porque quieren ser mejor que tal o cual escuela.
Ni chamacos, porque nadie quiere bajas calificaciones, pero no se aplican.
Ni los padres de familia, que ven en sus hijos genios.
Y hay algunos, que van y reclaman al maestro, con palabras tan groseras, que más de alguna vez, los hacen llorar.
O que se enfermen de los corajes, que reprimen.
Como están educados, preparados, los profesores; entonces los padres de familia, algunos, claro esta, creen que el maestro tiene la obligación de callar, le digan lo que le digan
Si se defiende, o voltea el rostro con coraje, ¡porque me da la espalda! ¡No me ignore! ¡Ni parece maestro! ¡De que le sirvió lo que estudio!
Y se tienen que callar, los maestros.
Y hay algunos padres, que no conformes con el San Quintín que armaron en el salón de clases, que deberían de respetar, siquiera porque están ahí sus hijos como alumnos; van y presentan escritos a la dirección, a la inspección.
Lo que quieren es dañar la reputación del profesor, que ha caído de su simpatía.
Los alumnos, todo observan.
Son los peores jueces. Y van a sus casas, y cuentan todo aumentado, y luego el maestro, agarra fama de corajudo y grosero.
Muchas veces, el maestro no sabe que esta pasando en su salón. Por mas que lo intente.
Un parpadeon, y algún huerco lo madrugo.
Cuando yo era alumna, de la maestra Flor de Maria Ortega, había una niña gordita, que estaba haciendo un trabajo manual, como castigo.
Digo como castigo, porque era tan grande, que lo traía desde el segundo año, y no lo podía terminar.
Era bordado en cruz.
Pienso que ella, estaba saturada, llena de ese trabajo manual.
Todos le echaban porras por su perseverancia.
Ya estábamos en 4 to. año, y seguía con ese trabajo.
Había veces, que se quedaba en los recreos, a adelantarle. Pues si ya le faltaba poquito, tenía que terminarlo.
Yo creo, que por eso, ella, se peleaba con todos, y por cualquier motivo. Yo ya la traía en salsa.
Desde 2 do. Año.
Cuando nos toco en el mismo mesabanco. Ella me gano la ventana.
Cada que iba a que le revisarán, tareas o trabajos, hacia que yo me parara.
Si no lo hacia pronto, aunque yo le pedía, espérate, déjame acabar estas cuentas, o este renglón; ella, me empujaba, y en mas de una ocasión, me tumbo de mi asiento.
Si yo me amachaba, y no me paraba, agarrándome fuertemente del asiento, y ¡ahora si, a ver como le haces, chiquita!, para ir con la maestra.
Entonces, ella, olímpicamente me brincaba.
Sentía que me asfixiaba, con su cuerpecito recargado, sobre mí.
Yo no era, delgadita, pero ella, era la más alta, y chifladita del salón.
Ya en 4 to. grado ,esa compañerita de salón, me debía muchas.
Pero ni modo de pelearme con ella.
Paradas, con un empujón, me sentaba en el piso.
Ya en 4 grado, cada quien tenia su mesabanco, pero seguía siendo para mí como una piedrita en un zapato.
Yo no se como se me ocurrió, pero una mañana, masticando un chicle, y con unas tachuelas que me había encontrado, se me vino una idea.
Mi dolor de cabeza, ahora estaba en un sitio privilegiado.
Su mesabanco, al lado del escritorio de la maestra Flor de Maria Ortega.
Nada tan fácil, que colocar cuidadosamente las tachuelas, con las puntas hacia arriba, y el chicle, de un color parecido al asiento, embarradito, nomás para que se le ensuciara tantito el uniforme.
Sabia, que al tocar el timbre, todas correríamos, sudorosas, empujándonos para entrar, y ella, ni vería los regalitos, que le había dejado ahí.
Tocan el timbre, y yo, nerviosa, trato de ser la ultima en entrar.
Si veo a mi victima, quejarse no me aguantare la carcajada.
Y después, me va a ir muy mal.
Ella se sentó, y nada paso.
La que exploto, fue la maestra.
Había venido a platicar con ella el maestro Danylo Bayly Ortega, (un maestro que vestía muy elegante, como si su ropa acabara de salir de la tintorería) durante el recreo y lo paso al salón, no estoy segura si alcanzo a sentarse en el asiento preparadito, y se pico y embarro con chicle, o solo vieron lo preparado.
Pero a la maestra, parecía que le salía humo de lo enojada que estaba.
Sus ojos verdes, parecían salirse de sus orbitas.
Ella siempre de tacón, de media, perfumadita.
Y quien sabe que le paso a su compañero de trabajo, en su salón.
Junto a su escritorio.
Nos paro a todos sus alumnos.
Y quiero que me digan quien fue, cuando se había visto eso.
Si alguien sabía algo, que levantara la mano, y lo dijera.
Eso era fechoría de unos 2 o 3, como a un solo niño se le iba a ocurrir.
Y la maestra, esperaba que algún cómplice rajara.
Yo nunca necesite de güajes para nadar.
Mis travesuras, las hacia sola y sin testigos.
Y tenía fama de buena niña, de obediente.
La maestra Flor, mas calmada, ¿Qué mas podía hacer?...
Seguíamos parados, a un lado de nuestros asientos, y ella, invocaba no se que argumentos:
¡Que demuestre valor civil el que lo hizo!
Una cosa es el valor, y otra lo tarugo.
Yo seria, parada igual que los demás.
La maestra Flor, dirigía sus miradas, como luces de un faro, sobre cada uno de nosotros, tratando de adivinar, quien fue el de la maldad.
Yo seria.
Con cara de no rompe ni un plato.
Dialogaba interiormente, fugándome de ese momento crucial, del siguiente modo.
Dios sabe que yo no le quería hacer una travesura al maestro Danylo.
Si el tan amable que es.
Para que se sentaba en ese asiento, que yo había preparado con tanto cuidado.
Ahora, ella ya esta aprevenida, de que alguien la trae entre ceja y ceja, y ni para cuando la agarre dormida.
Y todo por culpa del maestro Danylo.
Nadie sabe lo que hice, a nadie se lo comente.
¿Y si alguien me vio hacerlo?
No, yo estuve con pies ligeritos.
Lo hice veloz.
Y la maestra Flor, que miraba, como queriendo taladrar conciencias.
Pero la mía estaba limpia, no lo había hecho adrede.
A ver quien se cansa mas, ella de preguntar, o yo de estar divagando.
Sirve que no hacemos nada.
Hay que siga preguntando.
Si hasta estoy disfrutando verla tan brava.
Si lo hubiera querido hacer adrede, de seguro, no me hubiera salido así.
Y la maestra Flor se rindió.
Con voz cansada, nos ordenó sentarnos.
No me acuerdo que castigo nos puso a todos.
Pero así, parejito, ni se siente.
Durante días, hubo espías.
De todos tipos, desde ¡yo se que fuiste tu!, hasta ¡yo te vi!
Pero la pesquiza era general, y solo daban palos de ciego.
Por eso lo escribo, para que sepa la maestra quien fue.
Después de 40 años lo digo, por fin, lo digo.
Fui yo, y ni modo. No fue adrede.