Latidos de cariño y afecto que nutren al Alma.Gracias por su visita.

miércoles, 13 de enero de 2010

CADENA DE ORACION POR JESSI

Pedimos a nuestro Padre Dios por la salud de nuestra amiguita Jessi ,

que le de fortaleza a sus padres

y que se cumplan las palabras de la Biblia en Deuteronomio 7:15

Y QUITARA JEHOVA DE TI TODA ENFERMEDAD.


Me uno a la Cadena de Oración de La Familia Bloguera, encabezada por el blog de Christian ,de

Sandra, de Estrella y muchos más que estamos unidos en el amor por Jessi,una peke que está

peleando muy duro por su salud.

Los invito a que se nos unan pidiendo en oración por el restablecimiento de esta chiquitita de 12

años a quien se le realiza un transplante de riñón.

jueves, 7 de enero de 2010

Regreso a clases



Hablaré del regreso de las vacaciones escolares.
De cómo las vivía yo.
Maestros, alumnos, se iban a sus casas.
Los maestros que vivían en el anexo, también.
Para esto, el primer dia laboral cuando regresaban de vacaciones, de julio y agosto a la escuela, se cortaban todos los aguacates del solar de la escuela.
Se llenaban varios baños de diferentes tipos de aguacate, del oloroso, redondo y grande, que por cierto, siempre le salían manchas negras, como lunares.
Era su piel muy delgadita, y el director de la escuela, profesor Jesús Briones Vázquez (q.e.p.d.)(ver foto ), no lo mandaba cortar, por el poder curativo de sus hojas.
El siempre pedía un te de ese aguacate oloroso, y mi abuelita, se lo llevaba diario, a la dirección, sobre todo en tiempo de frío.
Que es bueno, para taquicardias, anemias, algo tendrá, que el profesor siempre lo pedía.
El maestro, cuidaba mucho de su salud, cero refrescos, cero grasas.
Tomaba de un chocolate vitaminado, que tenía un señor, como atlas, al frente.
Y le daba a mi abuelita, frascos de esos para mí.
Muy rico y nutritivo.
Seguido traía pasteles, como los actuales naturistas, y bisquetes.
Y nos daba a mi abuelita y a mí.

Yo lo veía, subir las escaleras, del frente de la primaria “Expropiación Petrolera” imponente su estatura, muy derecho, con su sombrero gris de fieltro, ladeado ligeramente.
Sus ojos, con sus anteojos, de cristal claro, con arillo dorado. Sus zapatos, bien boleados, negros invariablemente.
Su ropa, de corte impecable.
Siempre de manga larga.
Y en tiempo de frío, con saco, ya sea de vestir, o de pana. Y su bufanda ancha que lo protegía en cuello y pecho.
Y en sus manos grandes, en ocasiones traía una bolsita de estraza, con quien sabe que golosinas, que al final de su jornada de trabajo, sobre su escritorio de lamina ponía y le decía a mi abuelita, y señalándome con la mirada, le decía, ahí les dejo eso.
Mi abuelita, le expresaba, muchas gracias, señor director.
Se ponía su sombrero, con una ligera inclinación de cabeza, y se iba, bajaba la escalera, tal como la subía, con prestancia.
Y yo, abuelita, ¡déjame ver! ¿Qué es eso?
¡Deja!
Que el director se suba al carro de sitio.
Hasta que atravesara toda la plaza, y hasta que lo viéramos subir al carro.
¡Eternidades!
¡Deja ver!
¡No! Aprende a tener paciencia, a no ser tan curiosa, y en eso, no faltaba quien le hablara al maestro en la plaza, se detuviera por breves momentos, eternos para mí.

martes, 5 de enero de 2010

Infractores



Cuando rompían vidrios de la escuela los huerquillos, si no estaban los maestros, o el director, porque eran fines de semana, o vacaciones, yo me daba la carrera sobre el chamaco infractor, y lo seguía hasta su casa, y rápido, queja a la presidencia municipal.
A poco iba a permitir, que cuando volvieran a clases, ya estuviera la escuela con vidrios rotos.
La consideraba mi casa.
Y los padres, pero Lucha, para que te quejas a la presidencia, dinos, y nosotros pagamos o mandamos poner el vidrio.
Bueno, entendido.
Cuentas claras y el chocolate espeso.
Algunos chamacos, como en cada salón se vendían golosinas o galletas para gastos de la escuela, se metían de repente, en las noches, o sábados y domingos, con la ambición de robarse algún dinero.
¡Pero chasco!
No había dinero en los salones.
En mi casa, se guardaba de cada maestro, cajitas y cajitas retacadas de moneditas, hasta le poníamos, 1 ro. A, 2 do. B, 3 ro. A etc. Así, sucesivamente, para identificar de quien eran las cajitas de dinero.
Éramos el banco de los maestros.
Al morir buelita, yo me di tiempo, y entregue a cada maestro lo suyo.
Desde dinero, libros, material importante, laminas, herramientas, que habían dejado en guardia.
Que no dijeran, se murió doña Luz, y quien sabe que paso con el dinero, o con las pertenencias de los maestros.
Una cosa es tener dolor, por una pena; y otra, es pasarse de listo.
A mi me supo criar bien mi abuelita Luz.
¡Y si! algunas personas, intuían donde se guardaba el dinero, mientras se hacia bonche grande, y se depositara al banco, de las ventas de la cooperativa.
En una ocasión, se metió un ladrón a nuestra casa.
Abuelita lo vió desde un salón, cuando se metió a nuestra casa.
Creyó que era su hijo Toño; y se dirigió rauda a la casa.
¡Hijo! ¿Quieres de cenar?;
Y silencio.
¡Hijo! Te vi entrar.
Silencio.
Que llega Toño, ¿Qué haces mamá?
Te vi llegar, ¿Cómo te diste la vuelta, y por donde?
Toño, hizo la seña de silencio.
Tomó un machete, y buscó en la casita.
Tres camas había, la de Toño, la de Ángel, y la de abuelita y mía.
Debajo de una cama, estaba el malhechor.
Toño, con frialdad le dijo a abuelita, a éste lo mato yo.
Y con el machete, le tocaba a la altura de sus costillas del fulano.
Vi su cara de temor.
Debajo de la cama, no podía moverse.
Mi tío, tenia de corazón una piedra.
Sus ojos, verdes, estaban entre coléricos, y con un gusto a poder hacer su voluntad, sobre un pobre cristiano indefenso.
Y abuelita, ¡no hijo!
No te manches las manos, con la sangre de un hermano.
Todos los seres humanos, ante Dios, somos hermanos.
Somos hijos del mismo Padre; no debes derramar su sangre.
Nunca te quitarías esa mancha.

Pero mamá, se atrevió a meterse a nuestra casa; estoy en mi derecho.
¿Y si te hubiera hecho algo?
Hijo, hubiera preferido eso, a que tú te convirtieras en un asesino.
Y nada de lo que existe en esta casa, vale lo que la vida de un ser humano.
No lo hagas hijo, por favor.
Bueno, que salga de ahí, ¡ese cobarde!
Y salio temblando, el ratero.
Después supe, que era el “Rafles”, o “el Manos de Seda”, como se le conocía en el pueblo.
Mi tío lo miraba de arriba abajo; casi no hablaba. Había decisión en su mirada.
Lo retaba a que hiciera algo, para descabechárselo.
El ratero, clavaba su mirada al suelo.
Mi tío dijo pediré que traigan autoridad.
Se encamino a la puerta de la casa, y el ratero aprovechó para empujarnos a mi abuelita y a mí, y brincar por una ventana que daba hacia el patio donde se localizaba un pozo.
Se corrió la voz, de lo que deseaba hacer mi tío con el intruso; y fue la primera vez y la última, que alguien entró a nuestra casa.

domingo, 3 de enero de 2010

Los invito al "recalentado"



Vivir aquí en México, es ser una persona alegre y dispuesta A SOBREVIVIR las fiestas que empiezan desde las posadas,el 12 de dic.el 24 y 25 de dic,el ultimo y el primer día del nuevo año y culmina con el 6 de reyes.
En todas las casas guisamos como para un batallón,los primeros días del año,son los del "recalentado".
te visitan, y ofreces un bocado.
vas de visita y pobre de ti si no te comes lo que te ofrecen.
hace días,una de mis cuñadas fue a dar a urgencias,la presión alta y la azúcar también.
luego decimos,porque en diciembre hay tantas defunciones.
pudiera ser los excesos,y no se diga de aquellos que beben líquidos espírituosos y espumosos.
reciban un abrazo y ya saben,los invito al recalentado,yo hice tamales,camarones en chipotle,al natural, jaiba a la francesa,salpicón,y después les cuento que más.
y no he muerto en este paso de un año a otro.
¡viva México!

viernes, 1 de enero de 2010

EMPECEMOS JUGANDO ESTE 2010

La Gata Coqueta,en su blog Mis caricias del Alma, me ha dejado este regalo,que tiene ésta condiciÓn.

Poner 10 cosas que no logro sacar de mi cabeza:

1.- bajar de peso.

2.- terminar un libro que estoy escribiendo.

3.- aprender más de compu.

4.- necesito más tiempo,no me alcanzan las 24 horas del día...

5.- quiero aprender mucho más de como tocar guitarra.

6.- tejer,están varios hilos y estambres en espera,una bufanda a medias,y el invierno se está pasando.

7.- tengo que visitar varias amigas para darles su abrazo de principio de año.

8.- ya no comerme las uñas de las manos por lo nerviosa que ando.

9.-dejar de tomar un poquito menos de café,sólo un poquito menos,prefiero tomar café a comer.

10.- practicar más con el teclado electrónico,lo poco que sabía,de seguro ya se me olvidó.¡Horror¡



y los blogs que no me saco de la cabeza...son muchos,no sé por cual decidirme.

Los visitaré uno a uno,los invitaré,y también invito a quienes siguen este blog,

para que participen,y despues de un tiempo,chequen si pudieron alcanzar alguno de esos

objetivos,o si de plano,mejor se lo quitaron de la cabeza.


EMPIECEN EL 2010 JUGANDO Y RECIBAN UN GRAN ABRAZO DE SU AMIGA MARUCHA.

sábado, 26 de diciembre de 2009

¿ Matas o patas ?

Mientras disfruto estas festividades decembrinas,este chaparrito (Yugui) hace de las suyas.


LES DESEO A TODOS MIS AMIGOS BLOGUEROS UN PROSPERO AÑO NUEVO,

MUCHA DIVERSION,

QUE LES VAYA ESTUPENDO Y QUE LO DISFRUTEN AL MÁXIMO.

domingo, 6 de diciembre de 2009

¿ Cuanto valor tienen en sí 20 centavos ?



Y que me faltan 20 centavos en la feria de un mandado, y con lo estricta que era mi abuelita.
¿Por qué te falta feria?
¿No hiciste bien las cuentas?
Ahorita mismo, vas y pides esos 20 centavos.

¿Qué?
¿Con tanta gente que hay comprando ahí?
¿Con lo que hay que gritar y manotear para que te despachen tu mandado?
Si no se dan abasto para atender, a pesar de tantos empleados que tienen.
¿Tú quieres que pida esos 20 centavos, que me hicieron falta?
¡No abuelita! ¡No me pidas eso!
Hagamos un trato.
No me des en dos o tres días para gastar.
Y es que abuelita, en todo el dia, y digo todo el dia, me daba cada que yo quería 20 centavos, para que fuera comprando cuanto yo quisiera.
Semillitas, jicama con chile, casi todo costaba 20 centavos.
Por eso, yo ofrecía no pedirle nada en dos o tres días.
Un gran trato pensaba yo.
Si era por el dinero, yo le pagaría con creces esa falta de los 20 centavos.

Pero no aceptó abuelita el trato.
¡Vas y pides tu dinero!
No es por el valor en si, sino porque para que sepan, que una hija mía, no se sabe dejar arrebatar, el dinero que es suyo.
¡No debes dejarte!
Así sean 20 centavos, o 20 pesos, para el caso es lo mismo.
Es tu dinero y vas y lo exiges.
¿Que acaso no sabes contar?
¿Qué eres tonta? ¿Que se ríen de ti, y te dan mal la feria?
¿No tienes sangre en las venas, y cualquiera te quita las cosas, al fin que a la niña le da vergüenza?
¿O quieres que vaya yo, y exija, lo que por derecho tú debes exigir?
¿Qué les digo, vengo por 20 centavos, que no le dieron a mi nieta, y no tuvo cara para venir a reclamarlos?
¿Eso quieres?
¡Ahorita voy!, dijo abuelita.
¡Pero yo le gané!
¡Y llegué volando a la tienda!, y yo creo, que si no me hubieran devuelto esos 20 centavos, a más de alguno, lo hubiera madreado.

Bueno,eso me pasó cuando yo tendría unos 10 o 12 años de edad, y la foto es de hace un mes que fuí de visita a Pueblo Viejo,Veracruz.Está tomada en el camino de entrada a la ciudad.

¿y ha ustedes como les iba cuando los mandaban a la tiendita a algún mandado ?

¿ los jovenes en la actualidad sabrán defender unos centavitos de fería?

martes, 24 de noviembre de 2009

Mandados



En ese tiempo, pocos del pueblo tenían televisión.
El doctor Ramón Cantú Ochoa, era uno de los afortunados.
Cuando mas grandecita(en la foto,en la edad de los "mandados"), mi mandaba mi abuelita la tienda con la recomendación, ¡no te dilates!, ¡no te entretengas!, optaba por ir a las tiendas, que se ubicaban por la calle que está rumbo a la fuente, porque tenia que pasar a fuerza por frente de la casa del doctor Cantu, y ahí, hacíamos montón, frente a la tela mosquitera de la sala del doctor, todos los chiquillos del pueblo.
Mirábamos la tele a ratitos.
Nos empujábamos la chiquillería, soñábamos con tener una así, grandota, con patas, de pantalla de blanco y negro.
Y luego a la carrera, con zancadotas largas, largas, que parecíamos venados, corríamos, pasábamos frente a la papelería y mercería de la maestra Idalia Ibarra; los puestesitos ambulantes que vendían jugos de naranja, verduras, y frutas, que si tenias ganas de algo, un poquito mas exótico, como unas granadas, las tenias que encargar, desde un dia antes, que te las trajeran de Tampico, y que de seguro, las comprarías.
Dejabas atrás la carnicería de don Jerónimo Maya, y si nuestros mandados no incluían tortillas o masa, hacíamos la compra en la tienda de la esquina, que era la de don Ramón Rodríguez y sus hijos.
Pero, en ocasiones, teníamos que llegar hasta la otra tienda, la que se ubicaba en la acera de enfrente, la de don Luís Wong, porque compraríamos masa o tortillas.
En esa tienda, en el exterior, de ella, en la banqueta de esa esquina, se vendían pescados y jaibas, vivos, en trastos con poquísima agua, para tanto marisco; alcanzaba a verlos, con sus branquias, dilatándose, en un esfuerzo por sobrevivir !y como!, si estaban fuera de su elemento, fuera de su laguna.
Cerca de estos puestos de mariscos, estaba un pequeño puesto de revistas, y periódicos, como El Sol de Tampico, y el Mundo.
En las tardes, lucían estas banquetas solas, ya no estaban los puestos de revistas, periódicos, mariscos, jugos de naranjas, ni el de frutas o verduras.
Creerían, que todo Pueblo Viejo, dormiría la siesta.

En esa tienda grande, la de don Luís Wong, para comprar la masa o las tortillas, teníamos que hacer filas, donde en ocasiones, mas de una hora durábamos; si solo era mandado, tenían unos mostradores, de madera, en forma de amplia escuadra, y empujando, aquí y allá, colarte entre tanta gente, y gritar, a todo pulmón, haciéndose escuchar, porque siempre había mucha personas comprando.
¡Me da 50 centavos de galletas!
Y te las daban en unos cucuruchos de papel estraza, de ese color cafecito, era un puñado de galletas de animalitos, o de marías.
Si llevabas suficiente cantidad de galletas, hasta una bolsa de estraza, merecías.Y el aceite, tenían una instalación de tubería, que salía de unas latas de lamina, que ubicaban estas, en una especie de tapanco o bodeguita y llegaba abajo, de donde al abrir su llave, llenaban el trastecito que llevaras, y de acuerdo a lo que fueras a comprar de aceite suelto para comer.
Las latas vacías de aceite, se vendían, para ocuparlas como tamaleras, o abiertas por completo, se usaban como charolas, donde se ponían galletas, o panes caseros, y luego hornearlos.
También las latas de aceite vacías, se ocupaban para hacer recogedores de basura, solo se cortaban en dos partes, de manera diagonal, y se les ponía un palito de escoba, como mango.
Total, que todo el pueblo, utilizaba esas latas vacías, y había que encargarlas con mucha anticipación.
Y había tan pocas tiendas en el pueblo…
En ocasiones, llevaba apuntado en un papelito lo que necesitaba.
Estiraba la mano, a ver cual de los dependientes, se dignaba agarrar el papelito.
Pero si, cuando ya te habían surtido esa lista, tú pedías algo más, no te lo despachaban, solo te cobraban lo de la lista, y ya no te hacían caso.
Se comportaban como autómatas, era demasiado el trabajo.
Los dependientes seguían con otro cliente, y con otro.
El chile, tomate y esas cosas, te las daban en un cucurucho de papel periódico.
A veces, el papel tenía signos en chino.
Eran chinitos los dueños de la tienda.
Igual que los dueños del otro gran almacén, “El Movimiento” que estaba frente a la plaza.
Los dos fiaban el mandado; en un principio, mi abuelita me contó que pedía fiado, pero luego le salían con, ¡ya la vi! Comprando en la otra tienda.
Es que esas dos tiendas eran rivales de ventas.
Y querían amarrar a sus clientes.
A mi abuelita no le gustaban de esos “frijoles”, así que prefería comprar al contado.
Así no le debía nada a nadie, y nadie le podría recriminar nada.
Yo corría como gacela, por un tomate, un poquito de arroz, una leche, que no se porque, entre el griterío, me ofuscaba y salía pidiendo la de las rosas.
¿Cuál?
¡La que tiene flores!
No faltaba algún adulto que me ayudaba, ¡déle leche clavel!
¡Para que se vaya ya!
¡Me aturde con sus gritos!
Y es que si no presionaba, a puro grito, y brincos en el mostrador, se aparecía mi abuelita Luz, y me avergonzaba con ¿Por qué tardas tanto?
¡Allá te necesito!
Una vez en una feria, me hicieron falta 20 centavos.
¡20 centavos!
Lo que costaban unos dulces Tomy, una muelita de coco, una naranja con chile, 2 chicles, cualquier cosa baladí, pero no me dieron bien la feria...(luego les cuento cómo me fue)

viernes, 13 de noviembre de 2009

¿ En tu niñez tú creías en la cigüeña?



Yo, como pacientita de la partera y enfermera del pueblo , porque mi abuelita, por todos lados le buscaba la salud a mi cuerpecito, me tocó ocupar tanto las instalaciones de madera, como las nuevas.
Y el mirar tantos rostros de madres, estrenando bebé, yo deseaba un dia ver llegar a la cigüeña; con ese engaño dulce, mi abuelita me llevaba a rastras, cada que necesitaba los servicios de doña Irma Gutiérrez.
Yo decía, no abuelita, esa cigüeña, no ha de existir.
Nunca la he visto. Y vaya que voy seguido a la clínica de doña Irma.
Y buelita, me enseñaba unos libros, con estampas de las cigüeñas.
¡Pero aquí no se ve que carguen bebes!
Y buelita me decía, ¿pues que no ves a los bebes en esa clínica?
Llegan las madres sin bebé, salen con bebe.
¡La cigüeña! anda, vamos a que te inyecten, y un dia la veras.
Y casi llegando a la clínica, mi abuelita, hacia la finta, ¡ahí va la cigüeña!
¿La viste?
¿Dónde?, ¿Dónde?
¡Uh, ya se fue!
Eso te pasa, porque vienes renegando, en lugar de pelar bien los ojos, entonces para que los quieres, ¿para venir llorando?, si solo es un piquetito de mosco.
Cuando estaba entre 1 ro., y 2do. Grado de primaria, me reunía con chiquitinas, nos metíamos entre la pared del foro, y una tela mallacorla, del solar del dr. Cantu.
Bien apretadas, que apenas cabíamos en ese como callejoncito, en intimidad.
Eso nos envidian los hombres a las mujeres, el chismorreo, llegamos a cualquier lugar, y al rato, ya estamos en confiancitas, el hecho de ser mujeres, nos da esa credencial, de tu y yo, podemos hablar el mismo idioma, desde muy pequeñas, somos mas abiertas, para preguntarnos de todo, a sabiendas, que ni a su hermano, se lo van a contar, ¿porque somos mujeres pues?; o si vamos al baño, ahí vamos, con otra de cuatacha,o el, vamos a peinarnos, y es solo, para ponerse uno de acuerdo en algo, de importancia, como que pedimos de comer, o de aquí, a donde le pedimos a los maridos que nos lleven, ya me imagino, a un hombre pidiéndole a otro hombre, vamos al baño, a…,pues no, eso sólo es prerrogativa de la mujer ,vamos ganando, de todo a todo, mujeres de principio a fin.
Y seguimos disfrutando, que nos llamen el sexo débil, pero vamonos mas despacio, ya conozco, a varios varones, que se han herniado, porque nosotras, de mujercitas mulas, les pedimos con voz melosa, que hagan de todo, baja aquello, que está bien alto y pesado, carga esto, ¿como que pesa?, y aquí si, levantamos la voz, para que se apene, y no se atreva a negarse al favorcito, de herniarse, para hacerle un caprichito a una mujer.
Y de pilón, en sus camas, de hospital preguntan porque señorita enfermera, hay más hombres herniados, que mujeres.
¿Que les decimos?, es que ustedes, son mas débiles, pero de sentimientos; pues no, físicamente, pues no, ¡uy!, a ver que hora se darán cuenta…de que no son Superman.
No hay que ser así, hay que cuidarlos, tan lindos que son, con su aire, del fuerte de la casa.
Bueno, en lo que estaba, en confiancitas, en como desde chiquitas, nos reunimos para saber un poco mas de aquello o de lo otro.
Ahí, entre el follaje, de unas matas de tulipanes, de flores rojas, de los cuales yo me comía sus pistilos dulces; mis amigas y yo, tratábamos de adivinar eso de los bebés.
Salió una con la novedad, que su mamá se había aliviado hacia poco, y que de entre sus piernas, había salido su hermanito.
Como se le vino de improviso, ahí en su casa lo tuvo.
¡No puede ser!
¿Y la cigüeña?
¡Puro cuento!
Yo escuchaba embobada, eran tiempos en que no se hablaba de esas cosas, y todo eran conjeturas entre chiquillas.
Pero cuando nuestra amiguita dijo, salen, por donde sale la pipi.
Yo no me aguanté y espete, el ¡no es cierto!, si ni la popo puede salir por ahí.
¡Como crees que un bebe!
Y todas reímos de la que estaba con nuevo hermanito.

(en la foto está mi hijo,de cuando era un bebito)

viernes, 6 de noviembre de 2009

Doña Irma Gutierrez de Navarro,partera de Pueblo Viejo,Veracruz.



Para las inyecciones, y de hierro, que dejaban toda la pierna dormida, puesta y dispuesta, doña Irma Gutiérrez. Que era la partera del pueblo.
Su casa, se encuentra, al lado de donde estaba la peluquería.
Solo por un tiempo, vivió en casa de una de sus hijas, por el rumbo de la iglesia de la Purísima Concepción ( ver foto de la iglesia del pueblo,cortesía del cronista profesor Martín Pérez San Martín ), en una casa grande de madera.
Y continuaba parteando, en esa casa, si no la dejaban, de dia y de noche, era muy solicitada. Mientras edificaban cuartos y cuartos, en su propiedad, para las parturientas.
Hermosos cuartos, todos azulejeados, y pisos de mosaico, un lujo para esos años, pero el sacrificio hizo, para comodidad de sus pacientes.
Su esposo, murió hace poco, de 98 años de edad. Su nombre era don Eustacio Navarro Sifuentes, conocido por todos como don Tacho, el peluquero más querido y reconocido de la región.
Es que no crean, que solo era peluquería y ya.
Si casi, casi, era el psicólogo, de todo el elemento masculino del pueblo.
Siempre tenia tiempo, para escuchar las platicas, las cuitas, las quejas, los planes, de todo aquel que lo pasaba a visitar, a saludar, aunque no fuera a peluquearse en ese momento; al fin que tarde que temprano, todos eran clientes de el.
En ocasiones, solo iban a echarse una partidita de damas chinas, o de ajedrez.
Los comodinos, a leer el periódico del dia, o las revistas, como “ Los Agachados”, “La Familia Burrón”, “ Hermelinda Linda”, “Condorito”, “Chanoc”, “Alarma”, “Alerta”, “Kalimán”, “El Libro Vaquero”, o llenar los crucigramas, de algunas revistas especializadas en ellas.
Me daba cuenta de todo este trafique, porque llevaba a mi tío enfermo, a peluquearse.
Primero me daba una vuelta, para checar, cuantos clientes había por delante, mientras no sabía bien a bien la movida, solo me asomaba, y corría a la casa, para decirle a mi abuelita son tantos…
Como a la media hora, me decía mi abuelita, ves a ver, si ya son menos clientes, para que tu tío no se tarde tanto, no vaya a empezar a hacer un alboroto, o se fastidie, y agarre camino, y ya no se peluqueo.
Me aventaba otra carrera a la peluquería, y seguían los mismos tantos clientes que ya había contado.
Mi abuelita se desesperaba, y me regañaba, con un, o no sabes contar, o porque no te fijas bien en cuales son los clientes, cual es su físico, como edad, estatura, o su modo de vestir.
A lo mejor ya llegaron otros, y tu los estas contando, como si fueran los mismos de hace rato.
Pregúntale a don Tacho, de quien va a seguir tu tío Ángel.
Y que se te quede bien grabado, como es esa persona, ya no quiero errores. ¿Entendido?
Con el tiempo fui agarrando golpe, y don Tacho, al mirar que yo me asomaba, sonriendo me indicaba con una seña, cuantos eran en realidad, los que faltaban de peluquear o de rasurar, y de quien seguiría mi tío.
¡Un gran tipo don Tacho!
Delgado, ágil, muy ágil con su navaja, peine y tijeras, en ocasiones, me quedaba un ratito, mirando su destreza en el rasurar y peluquear a sus clientes.
Parecía que iba a operar, así de respetuoso lo veía en el desempeño de ese oficio que le encantaba; sacudía muy bien el sillón, de rastros de cabello del anterior trabajo, invitaba a subirse al cliente, a ese sillón, como si este fuera a ser su trono, durante la rasurada.
Ya sentado, movía una palanca para recostarlo un poquito, y con otra palanca, pedaleaba, esta ultima hacia un sonido como de fuelle, una especie de pu/pu/puf, y así ponerlo a la altura que el considerada necesaria, de acuerdo al físico del prospecto, si era bajito, corpulento, alto, gordo ,flaco, etc.
Ya puesto a la altura requerida, ahora le colocaba la tela, del tamaño de un mantel, que le llegaba hasta las rodillas a la mayoría de los clientes, sujetándosela d el cuello.
Le embadurnaba jabón, con una brochita, para suavizar su piel, y sacaba una navajota, como para matar cochinos, y sus clientes, tan tranquilos.
A la navaja, le sacaba filo, en una como correa, que tenia pegada a la silla giratoria de peluquear, limpiaba la navaja de continuo, y en el rostro del cliente, marcaba caminos, pulcros, limpios de jabón y de barba.
Los enjuagaba bien, los secaba con una toalla, y les daba unas como cachetaditas, con una loción, y de pilón, le pagaban por cachetearlos.
Olía tan bonito ese lugar, todo tan tranquilo, todos hablando como en susurro, a nadie le conviene que el peluquero, se distraiga, cuando esta con una navaja así de filosa, apoyada en el cuello de un cristiano…
Su peluquería, tenia dos puertas, una por cada lado de la escuadra que formaba la esquina, corría tan libre el viento, que no hacia falta prender el abanico; por fuera de ella, existía un cilindro, que parecía un caramelo, con tiras anchas color rojo y blanco, que siempre giraba, y giraba, como hipnotizándolo a uno.
Estaba frente a la plaza, la peluquería de don Tacho.
Doña Irma su esposa, y partera desde muy joven, aun vive, ahora ha estado un poquito enfermita, y logro salir de su cama, reponiéndose de una embolia, pero ha tenido fuerza de voluntad, y Dios la ha sostenido, y sigue siendo doña Irma Gutiérrez, un orgullo de nuestro pueblo, de Pueblo Viejo.
El año pasado, le hicieron un reportaje, para un periódico de Tampico, Tamaulipas (Estado vecino) pues si Pueblo Viejo, Veracruz,tiene muchas historias que contar.
Y todas de superación, a base de muchos esfuerzos.

martes, 27 de octubre de 2009

Las noches con buelita ( 2 da. y final )

Buelita, le gritaba desde el salón…¡Toño!, ¡Toño!, ¿porque no viniste por la llave?Y esa persona furtiva, hechó a correr, hacia el solar del fondo, ese enorme patio, que tenía infinidad de salideras hechizas.
( en la foto,se ve la puerta de rejilla de lo que un día,hace muchos años,fue mi hogar)


Mi tío Toño llegó en ese momento, desde el zaguán grande, el del frente, con libros bajo el brazo, y buelita, se volvió mas desconfiada.¿Quien era el que corrió?Nunca lo supo.
Tuvo miedo de que a su niña le pasara algo.Y por eso cargaba conmigo, en las noches, de salón en salón.


Cuando me vencía el sueño, a pesar de tantas historias contadas por mi abuelita, juntaba unas 3 sillitas, o en un mesabancos, de esos en que cabían 2 o 3 alumnos, y ahí, me acostaba, mientras acababa de limpiar ese lugar.
Si había muchos moscos, me tapaba con trapitos, o con una toalla, y al terminar de asear ese salón, llamaba a mi tío Ángel, al loquito, para que me cargara, y me llevara al siguiente salón, mientras ella pasaba el recogedor, las escobas, el trapeador, trapos de limpieza, quinqués, al siguiente lugar.
Si yo quería estar en el dintel de la puerta de un salón, escudriñando los alrededores, que estaban bien oscuros, mi abuelita me dejaba, decía no tengas miedo, tu tío Ángel, esta cerca.En noches de luna llena, si se lograba mirar mejor los grandes patios, los corredores, pero aun así, existían grandes porciones de la escuela, que estaban en oscuridad total.
Al terminar de barrer los salones, mi abuelita, nos íbamos a casa.Me acostaba en el petate, frente a la puerta de rejilla, y le ordenaba a mi tío Ángel, no despegarse mucho de los alrededores, y entonces, después de todo lo que ya había barrido, salón tras salón, corredores y patios; seguía con el lavado de los servicios sanitarios.Acababa después de las 10 de la noche, porque tenia primero que sacar agua del pozo, o de la pileta, que estaba frente a los baños de las niñas, como a 5 metros de distancia.
Al termino de la jornada del dia, todos a dormir.Yo con buelita, aunque de muy pequeña, me hiciera la chis en la cama.Soñaba cosas curiosas, como que volaba sobre nubes, y no hacia caso de ir al baño.Pero buelita, nunca me regaño por eso.Se levantaba muy temprano a bañarse, y a bañar a su niña con agua tibia.
Yo llegue muy débil a sus brazos.Con una gran anemia.
Siempre me llevó con medico tras medico.Como con el doctor Del Ángel Herrera, que tenia su consultorio, en el Edificio Medico Altamira, como lo dice su nombre ubicado en la calle Altamira, # 111 Pte.También, con el dr. Salazar, cuyo consultorio, se ubicaba igualmente en la calle Altamira, pero este cerca del bar “El Vapor”, y frente al consultorio, había una tienda de juguetes económicos, y un poco mas allá, un estudio fotográfico.
La salita de espera, del consultorio del doctor Salazar, era atendido mientras aguardábamos la consulta, por una recepcionista afable y cortés; ese local contaba con muebles de cedro, nunca suficientes, por la gran cantidad de pacientes, que acudíamos, con el medico.En las paredes, existían cuadros, de bebes ataviados, con ropitas, de verdad.
Mi abuelita me desparasitaba, con unas bolitas amarillas, muy amargas, que me tomaba con una cucharada de miel.
También me daba la emulsión de Scott, la del señor que trae un gran pescado.

Pero mi abuelita, no se conformaba con eso.
Le dió por comprarme, aceite de hígado de tiburón, o de tortuga, y era una cucharada grande, sopera, y ese aceite, espeso, espeso, que me quería vomitar de niña, y buelita...
¡No! ¡Tómatelo! o te llevo a que te pongan inyecciones.
Después, para cortar ese sabor y olor a puro marisco, me empujaba una cucharada de jugo de limón.Y yo repetía todo el dia a marisco, y olía a marisco todo el dia.En la bajadita, donde venden artesanías de conchitas de mar, en Tampico, aun es posible, encontrar ese aceite.
Dicen que es muy bueno, hasta para alguien enfermo de tuberculosis, que fortalece mucho los pulmones.Y he sabido de casos, de personas, que al tomar muchas bebidas embriagantes, y sintiéndose muy congestionadas, embotados sus sentidos, por llevar esa vida por largo tiempo, optan por hacer un alto, a ese degenerar su organismo, y buscan desintoxicarse con ese aceite, la variante en esos casos, es que después de la toma, se tapan, de pies a cabeza, para sudar, todas las toxinas, que han introducido a sus cuerpos.
Algunas personas, dejan ya de tomar.Y otras, al retornar a ese vicio, cuando menos, no las agarra tan desprevenidas.Su cuerpo, puede aguantar, un poco más, las papalinas que se avientan.
No se debe dejar el tratamiento medico, pero ayuda la buena alimentación, y las vitaminas y minerales del aceite de hígado de tiburón o de tortuga.


Algunas personas, para evitar sentir asco, vacían el aceite en capsulitas, que venden vacías, en las boticas, y ellas las llenan con ese aceite.O si no, comprar el producto en capsulas, ya etiquetado.He visto, que hasta lo promocionan, como un gran tratamiento en debilidades por cáncer.


Pero, yo considero, que si estamos en la mera mata, donde fácil se consigue el aceite, es mejor comprarlo en la bajadita, que da al mercado Juárez.Se toma solo en tiempo de frio, porque cuando hace mucho calor, pueden salir unas ronchitas, que es un hervor de sangre, por lo caliente del aceite.No hace daño ese hervor, es como un salpullido suave, pero que necesidad de andar sudando mucho a marisco, espérense a que haga frio, y entonces, entonces si, a desintoxicarse, y a proteger su cuerpo contra gripas, dolores, y anemias.

Bueno, ya les avente un comercial, luego paso por mi comisión.No, no es cierto.Lo escribo, para que sepan, el que no lo sabe aun, como se pueden fortalecer.
He visto, y he sentido, grandes cambios en personas débiles.


Y conste, que ni lo vendo, ni tengo parientes en esas bajaditas de Tampico.

viernes, 23 de octubre de 2009

Las noches con buelita



Y volvemos al salón, a la noche alumbrados con quinqué.Si soplaba vientecillo, las flamitas danzaban, y las sombras, parecían bailar también.Aprendí con buelita, a hacer figuras con las sombras de los dedos de las manos; así vencí mi temor a la oscuridad, y comprendí el porque de las sombras.Sabia como lograr que proyectada la luz del quinqué, sobre mis manos, aparecieran en las paredes, delineados gallitos, conejitos, burritos, y tantas figuras que, en mi imaginación, cobraban vida, y de ahí nacían otras tantas historias.
Noche tras noche.Contar y contar buelita.
Entretener a una niña tan pequeña que se caía de sueño.
Al acabar alguna narración mi abuelita, me observaba si estaba sentada o parada, o balanceándome de asiento a asiento, y terminaba el cuento diciendo muy rápidamente…Y colorin, colorado,este cuento se ha acabado.El que se quede sentado(o parado)Será un burro pegado.Ya con esos estribillos, me obligaba a estar atenta, en que momento se terminaría el cuento.A nadie le gusta ser un burro pegado.Y cambiaba las historias, les agregaba personajes, se los quitaba, le daba otros finales, y yo empezaba con…¡Así no es!¡Así no es!Lo contaste la otra vez de otro modo, y así no iba, así no se vale.Y buelita, a ver, hijita, cuéntamelo tu, que a mi ya se me olvido como iba.Y ella barre y barre, moviendo mesabancos, y yo brincando a su lado, como pepita en comal, ¡escúchame! Fíjate abuelita, que iba así el cuento, y a ti se te olvidó esto, es muy importante; y se reía, reía de su niña, que todo se lo creía, hasta el que una viejecita, olvidara la historia del Patito Feo, o de Blanca Nieves y los 7 Enanos, de Cenicienta, de Hansel y Gretel , y las leyendas, y todas las historias que ella escuchó en boca de su madre indígena, o de su padre, un español, cuando la abuelita, también, una vez fue niña.Cuando recién llegue con ella, me dejaba en la casa, acostada en un petate, de esos de trenzado de palma, fresqueando, frente a una rejilla de madera, que mando a hacer, para que me entrara aire, y al pasar ella, de rapidito, me observaba como dormía.Pero una noche, desde lo lejos de un salón, vio pasar una figura de un varón, creyó que era su hijo el estudiante de Normal, lo divisó que se acerco a nuestra casa, e intentó ese sujeto, abrir la rejilla.Buelita, le gritaba desde el salón…( continuará)

La foto es de la escuela Primaria "Expropiación Petrolera" de en ese tiempo Villa Cuauhtémoc,Veracruz, hoy ciudad Cuauhtémoc,Veracruz.

viernes, 16 de octubre de 2009

Los tiempos de antes con su venta de petróleo al menudeo



En el pueblo, vendía el petróleo, en su tienda, donde también se expendía carbón, agua embotellada, hielo, y otros productos, el señor Enrique Artolozaga Domínguez.
Una persona, que se dedicó a la venta del petróleo, fue la señora Guillermina Moreno; ella tenía su negocio, por el camino al cementerio.
Había unos tambores grandes, que contenían el petróleo; el piso de tierra de esa propiedad, estaba siempre oloroso a la materia prima de la venta.
Era por el camino a Tampico Alto, o sea a unas 3 cuadras del Café El Gallito ( en la foto,se puede apreciar el negocio), entre el Café, y donde vendían petróleo, existía una tiendita.
El solar, donde vendían el petróleo, constaba al frente de un zaguancito, luego recorrían un caminito de tierra, como de 10 metros, angosto el camino, como un callejoncito.
Íbamos con nuestros trastes, unos botes, o latas, a las que se les hacían hoyos, en sus bordes superiores, para pasar por ellos, unos alambres, que nos servirían de agarraderas.
No había tantos recipientes de vidrio o plástico, y los que había, costaban, no como ahora, que de tantos que hay, tapizas hasta toda una carretera, de aquí a la Luna.
Bueno, si no digo esta exageración, reviento.
Continuo, con el puestesito de venta de petróleo. En el patio, había un gran pozo, y su dueña, lo mantenía alejado de chiquillos curiosos, con macetas de pura planta espinuda, como nopalitos, y ni eso le valía.
Diario, alguna macetita, caía al pozo.
Pero ¡no entienden!
¡No se asomen al pozo!
Por eso pongo matas de espinas, y ni así me vale.
Hay señora, mire, yo estoy haciendo bien la fila; porque hacíamos fila, con nuestros botecitos para el petróleo, y picándonos los insectos.
¿Y como se cayó la maceta?
El que acaba de salir, ¿no lo vio? Ese paso como Pedro por su casa, y nos empujo, parecía que estaba muy ancho, y hasta la macetita, recibió su llegue.
¿Y quien era?
No lo vi bien, pero le prometo, a la otra, yo misma irle a avisar, cuando pase algo así.
Y es que la dueña del lugar tenía sus empleados.
Ella solo estaba al pendiente.
Los empleados, hacían su chamba, ahí por no dejar, nadamás para cumplir con la jornada.
Nos despachaban el litro de petróleo, ladeando bastante el traste donde lo median, y si reclamábamos…
¡Oiga!, eso no es el litro completo.
Al momento de vaciarte el siguiente litro, a tu botecito, como no queriendo, te tiraban parte del petróleo al suelo.
¡Ahí está! completito.
¿Quiere pilón, la niña?, ¿quiere pilón?
Si decías que si, porque te habían tirado parte de tu petróleo al suelo, te lo vaciaban de mala gana, ese otro poquito, de tal modo, que hasta las piernitas te llenaban de petróleo.
Si te quejabas, ¡es que estas muy cerca de donde se sirve, el petróleo!, hazte para allá, y solo hubieras estirado la mano, con el traste.
Ni que uno no supiera, si era del diario, ese ir por petróleo.
Y llegando a tu casa…
De seguro venias jugando, y has tirado la mayor parte del petróleo, que te mande comprar.
Y al que me diga, que tiempos pasados fueron mejores, yo preguntare, ¿cuales tiempos?


Los de juegos, de ir a la playa, bueno, esos si, porque los tiempos de ir a comprar petróleo, pues esos tiempos , no.

sábado, 10 de octubre de 2009

Cuentos y leyendas a la luz de un quinqué



Después de los primos, mi abuelita recibió por parte de mi papá, una niña, de pelo rubio, y ojos claros, que solo duró unos 2 meses con buelita.
Tendría entre 3 o 4 años de edad, era muy bonita, pero muy malhablada, puras leperadas decía, y mi abuelita, le dijo a mi papá, llévate a esta niña, como va a criarse en una escuela, con esa boquita tan descocida.
Esa niña, era hija de una amistad de papá, que estaba pasando por una muy mala racha, y papá, considero, que buelita, la tendría un tiempo de compañía, y así, ayudaba a su mamá, y a su amistad.
Pero a mi abuelita, le daba pena ajena, esa niña.
Y después de unos años, de estar mi abuelita solo con mis tíos, llegué yo al pueblo.
A Pueblo Viejo,Veracruz.
Papá dijo, que solo era por unos meses, mientras se pasaba su luna de miel.
Y nunca se acabó su luna de miel.
Pero estoy conforme, cada dia pasado con mi abuelita Luz, disfruté bastante de su compañía.
Disfruté vivir en esa escuela, en el pueblo.
En Pueblo Viejo.
En los primeros años, en que viví en la escuela, los salones aún no tenían electricidad.
Ya tenía mi abuelita en su casa.
Y también los maestros, en el anexo.
Cualquier desperfecto en el cableado, se acudía a un señor, que le llamaban El Patón.
Y no le cobraba.
Decía, no doña Luz, si yo le cobrara, de acuerdo a todo lo que yo se, le saldría un cuentón, mejor no le cobro.
Eso de vivir en un pueblito, tiene sus ventajas, si no lo sabré yo ¿Como la ven?
En la escuela, trabajo y mas trabajo para mi abuelita Luz.
Cuando tocaban la salida, el campanazo, y se iban los maestros y alumnos, mi abuelita, empezaba salón por salón a limpiarlo.
De chiquitina, yo jugaba, hacia rayitas o dibujitos en un pizarrón, y mi abuelita me contaba infinidad de historias y cuentos.
Y cada noche, abuelita, ¡cuéntame un cuento!
¿Cual quieres?
¿El del borreguito que está contento?
¡Si!
Ya te lo acabo de contar.
¡No buelita! un cuento más largo.
Bueno, este era un gato, con los pies de trapo, y los ojos al revés, ¿quieres que te lo cuente otra vez?
No. Buelita, quiero oír un cuento mucho más largo.
Y me contaba todos los de Andersen, o leyendas de su pueblo natal, y de México, y del mundo entero.
Fabulas, y se daba habilidad de intercalarlos, con adivinanzas, era un cuento largo, un cuento corto, un trabalenguas, una platica de la vida real, una platica de fantasías.
Por eso, mi primer libro, lo hice así.
Unos relatos largos, otros cortos.
En recuerdo, de los que me contaba mi abuelita Luz.
Y solo estaban iluminados los grandes espacios, por las tenues luces de un par de quinqués, uno al frente del salón, y otro en la parte posterior.

miércoles, 7 de octubre de 2009

Personal de intendencia de la Esc. Prim. "Expropiación Petrolera "



El personal de intendencia de la escuela primaria "Expropiación Petrolera" desde 1940 hasta el año de 1978:




1.-Ángel Mayorga Orozco.
Solo duró un par de años, y el trabajo, se lo dejó a su mamá.
Se pasó de mojado a Estados Unidos dos veces, y la última vez, regresó, con un parche en la nuca, pintada ésta de tinta roja, y por completo trastornado.

2.-Luz Orozco León.
Mi abuelita Luz.
Llegó a trabajar, cuando la escuela, aun no tenia agua entubada ni electricidad.
Y cuando el ciclón del 55, y su casa se quedó muy destrozada, le ofrecieron vivir en la escuela, ya tenía años de trabajar en la escuela, y sirve que cuidaría dia y noche de sus instalaciones.
Venia con ella, también, su hijo José Antonio Tiburcio Orozco, al que le dió carrera de profesor, en la Normal Miguel Hidalgo, la del Padre Rosiles.
Durante años, también vivieron con mi abuelita Luz, dos primos míos, hijos de una hija de mi abuelita Luz.
Mi prima Norma Luz, que vive en Poza Rica, que es dueña de una zapatería.
También de un negocio de bordados, le hacen grandes contratos, y cuenta con varias empleadas.
Y mi primo Lalo, que esta en Monterrey, NL.
Cuando tenían 13 y 14 años, se fueron con su mamá, y mi abuelita sufrió mucho.
A Norma, le pagó sus estudios de secretaria, cuando esta le solicito su ayuda, en unas cartas.
Le decía, abuelita, usted tenia razón. Necesito estudiar.
Ayúdeme por favor.
Y mi abuelita Luz, sin rastro de resentimiento, toda su carrera le costeó.
A mi primo Lalo, abuelita le decía, estudia, lo que quieras, yo le te pago el estudio, y el que aun no tenía pensamientos serios, le decía, abuelita, mira a ese carretonero, que va pasando y que lleva ramas y piedras de acarreo, eso quiero ser yo.
No voy a estudiar.
No me gusta estudiar.
Y cuando ya estaba viejon, creo que ya hasta próximo a casarse, o recién casado, que le de dice a mi abuelita, en una visita que hizo al pueblo:
Abuelita, ayúdeme.
Ya quiero estudiar.
Estoy de ayudante de mecánico dental, y ahora si quiero estudiar.
Quiero ser dentista.
Entonces, abuelita, le dijo, ya es muy tarde.
Ya tienes compromiso, y yo estoy dándole educación a tu prima Luz, y tengo otros gastos.
Para todo hay un tiempo, cuando sale una oportunidad, hay que tomarla, yo te ofrecía esa oportunidad de estudiar, hace más de 10 años, ya vez tú hermana, 2 o 3 años después que se fue de aquí, me tomo la palabra y salio adelante.
Lo siento mucho, pero no puedo ayudarte.
Para que quieres que te desincomode, que dejes de trabajar.
Mi prima, al morir mi abuelita, le mandó hacer una lapida en el cementerio del pueblo, de lo mas bonita.
Mi esposo, se encarga de los pagos por mantenimiento del cementerio.
Mi abuelita, al final de sus días, era más mía que de nadie más.
Y ahora, sus restos, son más míos, que de nadie más.
Su fosa, los papeles de la misma, están a mi nombre.
Un dia, vino mi hermano el sacerdote, y platicando me dijo, quisiéramos, pasar los restos de mi abuelita Luz a Monterrey, estamos la mayoría de la familia allá.
¿Como ves?
No.
Buelita en vida, me dijo, quiero y te encargo esto, que no me anden moviendo, de un lado para otro.
Estoy muy cansada ya.
Deseo descansar. Cuando muera, por favor, encárgate de que mis restos no los anden moviendo de un lado para otro.
Hasta el dia que Dios me resucite.
Y yo obedezco a buelita, aunque ya no esté viva, yo la obedezco. Ya dejo dicho.
Como dos años después, de la petición de mi hermano Eduardo, papá, me dijo un dia al teléfono, hijita, ¿como ves? desearía que me sepultaran al lado de mi madre.
En ese cementerio tranquilo de Pueblo Viejo., Veracruz.



¿Dejo instrucciones a tus hermanos, de que se haga así?
¡Pero papá!
¿Que no piensas en tus otros hijos?
Que tendrán que dar la vueltota hasta el pueblo para llevarte flores.
Si has vivido casi toda tu vida allá, para que quieres ser sepultado acá.
Mira, allá en el cielo, tu y mi abuelita, juntos estarán.
Deja descansar a mi abuelita, déjala descansar por favor.

jueves, 1 de octubre de 2009

Profesora Ethelvina Mercado Castro







24.- Profesora Ethelvina Mercado Castro.( en la margen izq,fila inf.)





Originaria de Tantoyuca,Veracruz.



Me dió 2 do. año de primaria.
A la hora del recreo, nos ponía a bordar. Manteles, carpetitas, toallas.
Nos indicaba que colores eran los más apropiados para los dibujos.
Cuando se jubiló, y en algunas ocasiones, la llegué a encontrar por las calles de Tampico,Tamaulipas, porque andaba de compras, me comentaba de lo arrepentida que estaba de haberse jubilado.
Que extrañaba a los alumnos, el bullicio, sus travesuras.
Que extrañaba a sus compañeros maestros.
Pienso, que como ella, hay por el mundo, infinidad de profesores, que aunque reciban su jubilación, todo su Ser, no entiende lo que dice un papel, y sienten que los salones los atraen; que los han atrapado.
Me decía, si es sabido como me sentiría, jamás me hubiera jubilado.
Hubiera seguido trabajando, hasta que Dios me hubiera recogido.

viernes, 25 de septiembre de 2009

Profesor Froylán Lizcano España



Bueno, sigo contándoles cuales eran las danzas que enseñaba a sus alumnos el maestro Froylán Lizcano España.
La danza de Cuauhtemoc, cuya indumentaria, consistía en sandalias, taparrabo, manto adornado con grecas doradas alrededor, y lo característico, un enorme penacho, con plumas autenticas, pintadas de varios colores, espejos que reflejaban la luz, de acuerdo a como bailaba el danzante. Traía collares y un bastón de mando.
La danza de la Malinche.
La danza del Fuego: los alumnos de primaria,ataviados con taparrabos y descalzos ,danzando al son de tamborcillos,flautas ,cascabeles y pasando a través de unos aros encendidos.

Es la única escuela, donde he sabido que existiera un profesor que tuviera esos conocimientos en danzas tradicionales.
Cuando fue mi maestro, estricto a más no poder, nos hacia las hojas enumerar, desde el principio del año, para acostumbrarnos, a no andar arrancando las hojas de los cuadernos.
En su margen interior, debíamos poner la leyenda: “Debo superarme cada dia más”
Si no llevaba esa leyenda, te tachaba la tarea.
Nos enseño el siguiente canto oral:

El 20 de noviembre,
Desfila la bandera,
Airosa y altanera,
Por toda la ciudad.

Madero y Pino Suárez,
Sus vidas ofrendaron
Por darnos libertad.

¡Revolución! ¡Triunfante ya!
¡México escuelas al campesino da!
¡Revolución, en el taller!
¡Ciencia y trabajo
Unidos en el saber!
¡En el maizal! ¡En el trigal!
¡La espiga es símbolo de amor!
¡Paz y trabajo!
¡Bandera de la revolución!
¡Paz y trabajo!
¡Bandera de la revolución!

Y se ponía rojo de coraje, porque por mas que ensayábamos, no le dábamos el énfasis que el creía que debía dársele como himno triunfante de conmemoración de la Revolución Mexicana.
¿A ver porque cantan así?
¿Qué no aprecian las vidas perdidas para que ustedes tengan un gran país?
¿Para que tengan paz y tranquilidad?
Si no les estoy pidiendo que vayan a la guerra, solo deseo que canten con todas sus fuerzas.
Y ahí estábamos.
Sudorosos, afónicos.
Ya cuando de a tiro, le cansaba nuestra ineptitud, mejor se salía del salón, en un movimiento rápido.
Y al ratito regresaba, sereno.
Yo me quedé con la duda, que era lo que hacia para tranquilizarse.
¿Manotear? ¿patear alguna piedra? ¿maldecir?
Nunca lo oí maldecir.
Cuando presentó al grupo, en la fecha conmemorativa, y salimos cantando parejitos, tal como él quería, creo que fue uno de los momentos mas felices para el. Y también para nosotros. Se acabarían los ensayos de ese himno.
( fotografía de 1954, cortesía de la Profesora Rosa Eva Velazquez de la Garza)

miércoles, 23 de septiembre de 2009

Anécdota

Y ya abusando, encarrilada en esto de narrar cosas que recuerdo, o que me contaron, ahí les va esta anécdota.
Me la contó mi abuelita Luz…
Vivió un caporal, en un rancho cercano, que dejando que un dia cualquiera, una gitana le leyera la mano, ésta le auguró, que moriría de una cornada.
El joven que creía y no creía en la adivinanza del futuro, pero como se puso todo nerviosón, prefirió dejar la vida de rancho, y al pueblo se vino a vivir.
Su nuevo oficio, fue de zapatero.
Duró años ejerciéndolo, y comentaba, al paso del tiempo, riéndose de su credulidad, ya ven, como la gitana mentía.
Ya me estoy haciendo viejo, y cual cornada.
En una tarde, en que limpiaba su solar, de entre la tierra, sobresalió un objeto punzante, y con tan mala fortuna, que cayó sobre de el.
Como adivinaran, era un cuerno viejo, seco, de toro.
El zapatero, padecía de diabetes, su pierna, habiendo sufrido un raspón, con aquel cuerno, se infectó, le mocharon su pierna, y de eso murió.
¿Realmente adivino la gitana, fue sugestión, o coincidencia?

martes, 22 de septiembre de 2009

Profesor Froylán Lizcano España ( 1 )

23.- Profesor Froylan Lizcano España.
Por lo regular, le asignaban un sexto grado.
Cada maestro, después de un tiempo, se identifica mejor, con un grado escolar, depende de su carácter, edad, paciencia, humor, salud, y el director de la escuela, identificando esas preferencias, les otorgaba aquellos grupos, con los cuales se sentían mas afines y proclives a desarrollarse.
Por eso, ahora cuando escucho, a algún maestro decir, no sé que grupo me va a tocar, depende de una rifa o sorteo, ¡me asombro! Pero recalco, ya estoy chocheando.
Y en este mundo todo cambia, nada es seguro, solo la muerte.
Bueno, ya poniendo los puntos sobre las ies, añado, que al profesor Froilan, le encargaban los ensayos de las danzas tradicionales, como las siguientes:
La danza del venado, donde un joven, ataviado con un taparrabo, collares de cascabeles auténticos en cada puño y en ambos tobillos, con una cabeza disecada de venado, o yo lo creía así, se veía tan real, con cuernos auténticos, y ojos grandes de vidrio, incrustada en una como dona, pequeña, que quedaba en el interior de la cabeza de venado, donde vendría siendo el principio del cuello del venado; esa dona, es de la que salían los listones, que el danzante, se amarraría a su cabeza, para simular el porte altivo de un venado, que toma agua en la orilla de un rio, que pasta, que escucha unos ruiditos, que ocasionados por otros jóvenes, que simulan ser cazadores, que traen arcos y flechas, que danzaban sigilosamente agazapados, ya incorporándose, ya rodeándolo, aventándole flechas…
Todo ambientado con música de tamborcillos, y flautas.
Y todos los presentes en la escuela, callados, respetando esa representación, que se podía apreciar, a pesar de tantos años pasados desde su primera actuacion, perdidos sus vestigios, por el polvo del tiempo, pero ante nuestros ojos y oídos, se hacia de nuevo la magia.
Empieza a acelerarse la música, y también a verse la nerviosidad del venado, por sentirse acosado, trata de huir. Es herido, y se dramatiza la agonía y muerte del venado; para finalizar la danza, al joven que interpretaba al venado, lo colgaban amarrado de pies y manos de una rama gruesa y larga, así era sacado por sus compañeros, que interpretaron a cazadores y así, entre aplausos ensordecedores de los pueblovejences, salían de escena.
Había entre los alumnos de la primaria, dos jóvenes que sobresalían en su destreza para ejecutar la danza del venado.
Eran hermanos, hijos del zapatero del pueblo, de don Jorge Sánchez, uno conocido como Daniel Sánchez, y el otro como “El Mono”.También eran los mejores en las carreras de relevos, y de resistencia. Uno de ellos, ya siendo un joven veinteañero, se accidento gravemente en una moto, pero Gracias a Dios, sobrevivió.