Latidos de cariño y afecto que nutren al Alma.Gracias por su visita.

sábado, 22 de agosto de 2009

Excursión organizada por Ely a Playa Hermosa,pasando por el Ojital






Un fin de semana, organizó mi amiga Ely, una excursión a playa Hermosa, la que se encuentra por el rumbo al Ojital, pasando mas allá de los terrenos de los Acevedo.
Nos arrancamos a pie, ida y vuelta.
Para llegar a la playa, cruzamos en un chalán.
Este era maniobrado, a pulso, por sus dueños, por medio de mecates gruesos.
No existía motor en ese chalán.
Pasamos un rato muy agradable, la arena muy limpia, y de regreso, pasamos con unas amistades de Ely, que vivían en El Ojital, ahí nos dieron de comer, con tortillas hechas a mano y unas aguas frescas de frutas, y nos permitieron cortar mandarinas y naranjas, las que quisiéramos; nos avorazamos todas, y veníamos, bien cargaditas, de tanta fruta.
De pilón, en el camino de regreso, existía tal cantidad de nopales, y de guapilla, sus frutos, amarillos de lo maduros, listos para ponerlos a remojar, para hacer el agua, que seguíamos, échele y échele a las bolsas.
Y los coyoles, en racimitos, esos como coquitos, que solo con el martillo, podías abrir, y comer su centro, con bastante chilito piquin y limoncito.
Y si venían los coyoles en pares, cuates, no comerlos, porque tendríamos cuates, al momento de tener hijos.
Además, traíamos, los icacos, esos frutos rositas, carnosos, que solo se conseguían cerca de la playa; así como las uvas de la playa, veníamos cargaditas, tan cargaditas, que en el camino, ya nos veníamos rajando, y en una lomita, de esa carretera, dejamos irse la mayoría de nuestros cargamento, nos quedamos viendo con tristeza, rodar tantas cosas que habíamos acumulado, en esa excursión tan fabulosa.
Ese conseguir todo a cambio de nada, ese cortar y cortar, guardar y guardar.
Cuando llegamos al pueblo, a puro calcetín, ya no deseábamos nada de cosas; solo agua, y más agua, para tomar, de tan asoleadas que veníamos.
Fue muy poquito, lo que al final llegó a nuestras casas.
Cuando le platiqué a mi abuelita Luz, lo que nos pasó, por querer acaparar tantos frutos, en ese trayecto entre Pueblo Viejo, El Ojital y la playa, que solo me recetó el dicho…
El que mucho abarca, poco aprieta.
Pero Ely, tenia la solución, ya vera doña Luz, cuando yo tenga mi carro, todo lo que podremos acarrear.
La vida me ha enseñado, que podemos conseguir muchas cosas, si nos damos tiempo, y si ponemos empeño en ello; pero todo con medida, por ejemplo, si tienes muchos libros, y no puedes leerlos por tus ocupaciones, o tienes cds. de música o películas, y no alcanzas a escucharlos o disfrutar, con calma, de sus contenido.
No se me olvida, esa excursión a la playa de Pueblo Viejo, y la frustración, que sentí, cuando me vi obligada, a tirar, todo lo que ya consideraba mío.
Y a pesar de que Ely, vive en México, y yo en ciudad Madero, Tamps. continuamos siendo amigas.

viernes, 21 de agosto de 2009

Columnas del Conocimiento

COLUMNAS DEL CONOCIMIENTO

En el segundo piso de la primaria, estaban los salones destinados a 3 ero, 4 to., 5 to. Y un sexto grado.
Alrededor de los salones del segundo piso, se encontraban los corredores, también techados, que corren paralelos, a los corredores inferiores.
Aquí vemos, que las columnas superiores, caen exactamente, sobre las columnas inferiores, todas ellas, con cuatro caras, y por lo tanto cuatro esquinas, columnas amplias, tan amplias, que no es posible abarcarlas, con un abrazo, y están reforzando la construcción.
En conjunto, el edificio de la primaria, independientemente de su arquitectura maciza, tiene un aire de majestuosidad; sus arcos, que se forman de columna a columna, dan la bienvenida a cada pueoblevejence, invitan al estudio y a la superación.
Esas columnas, las vemos abajo, arriba, adentro y por fuera de la esa primaria.
Yo veo en esas columnas, las columnas que dan fortaleza al individuo, que ha estudiado, que sabe que puede llevar a cabo diversas tareas, porque ha invertido tiempo y dedicación en su preparación.
A un individuo, que sabe que puede haber momentos en que parece que todo sale mal, que todo se llena de nubarrones; pero si cuenta con las columnas de un conocimiento exacto, preciso, y no hablo de información inconexa, del lo vi en una revista, lo escuche en un programa, y por eso siento que todo lo se.
No, yo hablo, del que persevera, y gracias al estudio, encauzado, dirigido por maestros y planes de estudio, y con una Fe, en un Ser Superior, logra superarse a si mismo, y así puede, no tan solo ser útil a si mismo, sino también para los que lo rodean, llámense familiares, vecinos, amistades, conciudanos.
Y todo empieza, desde los primeros años de educación.
Desde el no faltar a clases, nadamas porque si, el ser puntuales; el llevar todo lo necesario, y solo lo necesario, porque algunos llevan el ultimo juguete, el ultimo invento, y ya se distrajo todo el salón
Los corredores techados del segundo piso, cuentan con unas bardas, para protección de los alumnos.
Solo los alumnos de 5 tos. Y 6 tos. Grados, pueden mirar lo que pasa en los patios de la escuela. Así de altos, son los muros de las bardas del 2 do. piso.
Cuenta con 2 terrazas a cada lado, que permitían, de ser necesario, ensayar algún bailable, o tabla rítmica.
Una tiene vista a la iglesia y al camino que va al Retiro de Lourdes, a la Fuente.
La otra terraza, tiene vista al camino a Tampico Alto, y en esos años, se lograba mirar hacia los terrenos de la zona militar, mas específicamente, hacia sus verdes prados, muy a lo lejos, pero la vista los lograba abarcar.
Por el corredor, que esta frente de la escuela, en su segundo piso, de trecho en trecho, a como lo permiten sus columnas, es posible mirar la placita, y sus alrededores.
Los domingos de mi niñez y juventud, gustaba observar a las personas que paseaban en ella.
En la oscuridad del segundo piso de la escuela, me encantaba tomar nota de todo lo que pasaba frente a mi vista.
De muy niña, ponía una sillita, para poder alcanzar a mirar hacia la placita.

La plaza se iba llenando poco a poco, primero eran jovencitos, unos por aquí, otros por allá.
Unos tomando una malteada en el negocio de don Pablito, o sea don Pablo Ramírez, y su esposa se llamaba doña Joaquina Felizarde, sus hijas Chabela Nápoles y Rosita.
El lugar aun se ubica, en la esquina, que por un lado, queda frente a la primaria, y por el otro lado, quedaba frente al cine.
Don Pablito, tenía un hermano de oficio chofer, conocido como Pitabil.
En la refresquería de don Pablito, con letrero “El Chubasco”, se expendían huapilla, tepache, refresco de raíz, y me cuentan, los que saben, que mucho antes, también funciono como cenaduría.
También se vendían refrescos embotellados, de muchas marcas, incluidos los Jarritos.
Aquel refresco, timbón, que tenia realzados, a su alrededor, como un cinturón, infinidad de jarritos pequeños.
Si no tenia muy helados los refrescos, don Pablito, de manera muy amable, te servia en un vaso, hielo raspado, de una gran barra, que siempre tenia cerca de su mostrador.
Había una rockola, y al hechar monedas, tocaba melodías que no se porque, la mayoría eran melancólicas.
Se escuchaban el:
¡Dime tu puente de piedra!
Y me sentía triste, por ese señor, que esperaba que un puente le contestara a preguntas tan importantes.
O cuando era muy pequeña y escuche…
Contigo aprendí que la semana tiene mas de 7 días, y como apenas estaba aprendiéndome los días de la semana, ya ahí las cuentas no me salieron.
Y le decía a mi abuelita, tu que todo lo sabes, dime cuales son los otros días de la semana, aparte de los que siete que me enseño la maestra.
Una canción jocosa, era la de un ladrón, que entra a una casa, y sorprende a una mujer, y al ordenarle, sálgase de la cama, ¡el ladrón se desmayo!
Y esa mujer, le dice, como riéndose, ven, ven, ladronzuelo, ven !ay, pero ven ,y ven a robarme a mi!
Y yo de niña deseaba saber que le había enseñado esa mujer al ladrón, para asustarlo y para tener tal dominio sobre el, que lo cococoreaba, y en su tono de la chica de la canción, no había temor, mas bien un deseo de volver a ver al ladrón.
Empezaba esas rockola, con sus canciones como a mediodía.
De todos los días de la semana.
A veces, con solo escuchar las canciones, repetidas una y otra vez, ya sabía más o menos, que clientes eran.
Ya me sabía los gustos de tal o cual pueblovejence.
No me sabía los nombres, eran escasas las personas a las que yo trataba de modo personal.
Pero observaba y oía.
Característicos, los peleados con la novia.
Los miraba, en sus arrumacos en las bancas del pueblo, unas de fierro la armazón, y tablitas de rejillitas, en el asiento.
Tablitas, endebles, que si se sentaban personas gruesas, crujían.
Los novios, ni por enterados se daban del pandearse de las tablitas, luego por x motivo, caras serias en los novios, un manoteo, el hombre un rogar, la mujer un voltear el rostro con enfado.
Y cada quien, para su casa por su lado.
Días en que aquel enamorado, llegaba, duraba horas y horas en la banca, donde por costumbre, se habían visto por semanas.
Los dejaban plantados, y el despechado, se iba a la refresquería, ponía la rockola, y a poner canciones y canciones.
Si se solucionaba la desavenencia, iban a la refresquería, y platicando, tranquilamente, el joven ponía canciones de amor.
Al rato, los novios tomaban del mismo popote, aunque cada quien tuviera su malteada, se miraban a los ojos, ni platicaban, de embelezados que se encontraban, se agarraban de las manitas y se ponía aburrido el asunto.
Días más adelante, agarraditos de la mano, a dar vueltecitas a la plaza, a lucirse sus ropas domingueras, a que los vean sus amigos, como se quieren.
Mas tarde, en lo obscurito, se iban como no queriendo, atrás de los muros de la escuela, atrás de las columnas, y ahí, subían de tono sus caricias, se oían sus bssssss, bsssss y sus besos.
Si lo quería, al mirar que de la placita, aquellos novios se dirigían al corredor inferior de la escuela, bajaba como atraída por un poderoso imán, desde el segundo piso, y los observaba, estratégicamente desde cualquier salón, atrás de sus ventanales.
Después de todo, yo algún día, también andaría de novia y me era vital, saber cuales eran los mecanismos del amor.
Ahí si, que ni modo que mi abuelita, me diera lecciones.
Se había casado a los 16 años y enviudo a los 20 años.
Esas cosas de novios, ya para mi abuelita, eran cosa como de un sueño.
Cuando mi abuelita, me cacho cuales eran ahora mis distracciones, el deseo de conocer mas sobre eso llamado amor, me llamo la atención, de un modo duro. Seco.
Si se dan cuenta que los andas espiando, no se que te vayan a hacer.
Nada, estoy dentro de la escuela.
Y se fue directo al grano.
Deja de andar espiando parejas de novios, te vas a calentar antes de tiempo.
Todavía no sabes limpiar bien los frijoles, hervir la leche, sin que se tire; mejor aprende a guisar, lavar, planchar, eso es lo que tiene que hacer una mujer de casa.
No creas que solo son besos y abrazos.
En ese tiempo, yo tendría 11 o 12 años de edad, y era cierto, no sabía nada de quehacer hogareño, ni de agasajos con novio.
Por ese tiempo, me dio por fantasear mucho sobre un próximo matrimonio.
Oye, abuelita, te imaginas a tu nieta paseándose por el pueblo del brazo de un joven marino, ya vez que varios muchachos de aquí se han enlistado en la marina.
Tan guapos que se ven con ese gorrito chiquito en su cabeza, pelona.
¿Cómo ves?
Ya me imagino como traerás a tu marino, su uniforme en lugar de blanco, será gris.
Aprenderás con tu marino como se lava la ropa.
Lo bueno es que ya hay detergente, no nadamas el polvito de Doña Blanca, el que viene en tarritos chiquitos.
Mmm, sabes abuelita, eso de marino, como que lo estoy pensando, luego te cuento.
Y otros días, abuelita, a este pueblo llegan muchos miembros del ejercito, las mayoría jovencitos.
Ya ves, lo cerca que esta la zona militar.
Tú crees, que yo algún día, ¿me llegue a casar con un militar?
Y mi abuelita, pues si eso llega a suceder, prepárate desde ahorita, debe de andar bien planchadito, sino lo podrían castigar, por traer su uniforme todo arrugado, y tu serias la causante, de los regaños que le den a ese militar, que pusiera sus ojos en ti.
¡Hay, abuelita!, tu me pintas muy feo el matrimonio.
Y después de un tiempo, abuelita, he pensado mucho, y creo que me gustaría algún día casarme con un pescador de la laguna de Pueblo Viejo.
Y mi abuelita, me parece muy buena idea.
Debes seguir estudiando, para ayudarle en lo que puedas a tu futuro esposo, solo ponle mas empeño a la guisada, y sobre todo a lo que es el marisco, hay diferentes modos de guisar cada platillo, al fin que todavía tienes tiempo de prepararte para el matrimonio, como dice el dicho, del cielo caen velo y mortaja, así que no te preocupes, cuando ni con quien te casaras, preocúpate de estar preparada.
Y yo seguía los domingos, observando a los pueblovejences, dar vueltas y vueltas en la plaza.
Cuando mi amiga Ely, empezó a soñar también con lo de novios, fue más allá de observar desde lo alto de la escuela, decidió que debíamos bajar y mezclarnos con la gente en sus vueltas en la plaza.
Y yo le pregunte, ¿y para que?
Yo me la imagino como las mariposas, que revolotean gustosas, y tal vez necesitan ser admiradas, y yo por amistad acepte.
¿Y que te vas a poner?
¿Para que?
Para ir a dar vueltas a la plaza. No me digas que aun no tienes lo que te vas a poner ese día.
No entiendo a Ely, “arreglar algo para ponerme ese domingo”, ni que yo anduviera desnuda por las calles de Pueblo Viejo.
Claro que tengo ropa, mi ropero, al abrirlo, deja caer garras y garras.
Cualquiera sirve para ir a dar unas vueltas a la plaza. No faltaba más.
Y Ely, voy a estrenar ropa ese día.
Y yo, a que bueno, que te aproveche.
¿Tú no vas a estrenar también?
No, para que, soy la misma, con ropa nueva o no.
Y Ely, ¡ah no!, tu debes de estrenar también.
Mi mejor amiga, debe estrenar ropa también ese día, así, las dos vamos estrenando.
No creo que tu abuelita, no te pueda comprar algo especial para ese día.
Ya tocando el punto de mi abuelita, ahora si que hay que estrenar. Que no digan que mi viejita no me puede comprar unos trapos.
O que es tacaña.
Voy a Tampico, y en la tienda Del Centro, compro unas ropas especiales para ese día.
Se llega el domingo, asisto con Ely, y me doy las grandes cansadas, vueltas y vueltas, para un lado, que si por en medio de la plaza, y mis piecitos, enfundados en unos zapatitos nuevos, comprados en la Walk -Over, se resisten al piso adoquinado de la plaza.
Y Ely, que se siente artista, saludando a todos, riendo, haciendo ojitos a no se cuantos del pueblo, y algunos que se nos pegan, parece que traemos escolta, yo me siento como sándwich, apretujada.
A pesar, de ser tan amplia la plaza, de tener unos pasillos bien anchos, que forman el cuadrado de la plaza, que la permite rodear una y otra vez; también tiene el perímetro mas pequeño, el que queda alrededor del kiosco, y luego sus pasillos, los 4 que parten de cada esquina al centro, y los mas pequeños, los de las partes intermedias de cada esquina.
No hay orden en ese dar vueltas a la plaza, unos van, otros vienen, en ocasiones, se empieza una platica cuando unos grupos de personas, empujan discretamente, o piden dejen pasar, nos despedimos haciendo señas, que en la próxima vuelta, donde nos reunamos de nuevo, continuaremos con la platica.
Si de veras, esta muy interesante, lo que se esta tratando, nos salíamos del camino adoquinado, rara vez alcanzábamos banca, pero en los jardincitos, pisando plantitas, hacíamos parada, un grupito, y entonces, con calma, platicar y hacer planes para otros días.
Al terminar la plática, al intentar regresar al grupo que da vueltas y vueltas en la plaza, esperar, en que grupito queremos quedar, delante de quienes y atrás de quienes.
No vamos a quedar delante de las que nos caen como piedrita al hígado.
Para que nos vayan rullendo, y criticando, o echando habladitas.
Si venimos a la plaza a divertirnos, no a sufrir desaires.
Y yo, Ely, ya vamonos para la casa.
Ya van a ser las 10, y mi abuelita me va a regañar.
Me dio hora para regresar, y ya me pase.
Y Ely, se reía, y solo con la mano, me hacia que esperara tantito, que era su gran noche.
Y yo, con un mozalbete, que me decía no se que cosas al oído, por atrás de nosotras se había pegado desde el inicio, y deseaba acompañarnos, hasta el zaguán de la escuela.
A lo obscurito.
¡Si, como no!
Por fin, se despide Ely de algunos; de otros acepta que nos acompañen, en ese pasar la calle, de la plaza, a la escuela.
Y el güerquillo, que era mi sombra, mirándome en forma burlona.
Pero no me conocía bien.
Me acerco a el, y con misterio, le digo, casi al oído…mi abuelita esta por dentro de la escuela, tu no la vez, porque no estas acostumbrado a la oscuridad de esos pasillos, pero yo ya la vi.
No te digo que no me acompañes, pero si lo haces, sabes a lo que le tiras.
Prontito, se despidió, ese aprendiz de Juan Tenorio.
A Ely, le encanto, ese dar vueltas en la plaza los domingos.
Yo, en contadas ocasiones, la seguí acompañando.
A veces, a la mera hora cuando pasaba por mi, le decía, ¿sabes que? Ya se me quitaron las poquísimas ganas que tenia de ir a dar vueltas hoy, mejor vamos el otro domingo.Y ella, estrenando ropa para ese domingo, se alejaba renegando de mi falta de palabra, y terminó encontrando otras amigas, de esas que si les encantaba ir a pasear los domingos.

jueves, 20 de agosto de 2009

Espíritu de una escuela

ESPIRITU DE UNA ESCUELA

Ya describí la parte inferior de la escuela.
Solo añadiré, que bajo las escaleras, en esa covacha, se acondiciono una bodeguita, pequeñita, que contenía papeles, de escasa importancia, y revistas de la SEP, la ropa de utilería, poquita que existía, así como el Penacho de Cuauhtemoc, y la cabeza de venado, para las danzas tradicionales, y las bocinas, unas grandes, como embudos de metal, para la ambientación musical de asambleas y festividades escolares.
El barandal de la escalera, contaba de unos tubos redondos de fierro.
Los chamacos, gustaban agarrarlos de resbaladilla.
De tan viejos esos tubos, las puntas, estaban rotas, y tenían filos, cortantes.
Así, que infinidad de pantalones, llevaban la marca del barandal de la escuela.
Como la escalera, queda de frente a la dirección, tenían cuidado, de que el director, no los viera en sus juegos.
En ocasiones, no tan solo los regañaba, sino que los dejaba un rato sentados en unas bancas, que se ponían por fuera de las direcciones.
Y mandaba un recado, a la maestra responsable de aquel alumno.
El director no era posible, que estuviera siempre en la dirección, hacia recorridos de supervisión por toda la escuela, pasaba despacio por los corredores, escuchando las clases de los maestros.
Eran sonidos agradables, como los de primero cuando cantaban:

Un elefante, se columpiaba,
Sobre la tela de una araña,
Como veían que resistía,
Fueron a llamar
A otro elefante

-o-

Dos elefantes, etc.

Y al llegar a diez, se retrocede en la canción diciendo:

Diez elefantes, se columpiaban,
Sobre la tela de una araña,
Como veían que no resistía,
Quitaron a un elefante.

-o-
Nueve elefantes…

En otros grados, el repaso de las tablas de multiplicar, mas allá, el alfabeto de corrido; las capitales de cada estado, por orden alfabético.
El silencio de aquellos grupos, que están escribiendo, o dibujando.
La voz fuerte de los maestros, que explican alguna lección.
Cada escuela, tiene un espíritu diferente.
Se nota, desde que te acercas al zaguán.
Los ruidos presagian su interior.
Sus paredes pintadas o no.
Las ventanas, con sus vidrios completos.
Sus pisos, limpios o no.
Ya adentro, observas como se comportan sus maestros.
Depende del director que tengan.
Si sabe mandar, firme, y a la vez, con juicio.
Guiara a buen puerto a su escuela.
Si sabe darse a respetar, si el mismo respeta la investidura que porta; no es cualquier cosa ser director de una escuela.
Es mucha responsabilidad.
Si desde el primer día, demuestra flaqueza, ni padres de familia, ni alumnos, y menos sus compañeros profesores lo respetaran.
Si quisiera, después de un comienzo errático imponerse; tendría que comportarse duro en extremo, llegando casi al autoritarismo, poniendo una pared entre el y el demás cuerpo educativo, para un poco, recuperar su papel del que dirige aquel plantel educativo.
Humildemente, yo sugeriría, maestro, si a usted le conceden el honor de dirigir una escuela, mande, y mande sin temor alguno.
Desde el primer día, desde que cruce el zaguán de su escuela.
Recuerde, que hay un dicho que dice:
Donde manda capitán, no gobierna marinero.
Porque el que manda, no se equivoca.
Y si se equivoca, vuelve a mandar.
El director de la escuela “Expropiación Petrolera”, profesor Jesús Briones Vásquez, se gano el respeto y cariño de los maestros, padres de familia y alumnos.
Y los niños, pues siempre serán niños.
Observando, analizando, cuando pueden brincar las trancas y hacer de las suyas.

miércoles, 19 de agosto de 2009

Maestra Flor de María Ortega / Profr.Danylo Bayly

Es duro ser maestra.
Yo lo veía, diario, lo veía.
No es nada mas, dar clases y ya.
Preparar clase, material educativo, láminas de la pared, periódico mural, la asamblea.
El reporte semanal, mensual, bimestral, semestral y anual.
Los exámenes, que nadie queda contento, las boletas y listas, con números tan chiquititos que sienten los maestros que ya se volvieron bizcos.
Y repito, nadie queda contento…
Ni directores, porque quieren ser mejor que tal o cual escuela.
Ni chamacos, porque nadie quiere bajas calificaciones, pero no se aplican.
Ni los padres de familia, que ven en sus hijos genios.
Y hay algunos, que van y reclaman al maestro, con palabras tan groseras, que más de alguna vez, los hacen llorar.
O que se enfermen de los corajes, que reprimen.
Como están educados, preparados, los profesores; entonces los padres de familia, algunos, claro esta, creen que el maestro tiene la obligación de callar, le digan lo que le digan
Si se defiende, o voltea el rostro con coraje, ¡porque me da la espalda! ¡No me ignore! ¡Ni parece maestro! ¡De que le sirvió lo que estudio!
Y se tienen que callar, los maestros.
Y hay algunos padres, que no conformes con el San Quintín que armaron en el salón de clases, que deberían de respetar, siquiera porque están ahí sus hijos como alumnos; van y presentan escritos a la dirección, a la inspección.
Lo que quieren es dañar la reputación del profesor, que ha caído de su simpatía.
Los alumnos, todo observan.
Son los peores jueces. Y van a sus casas, y cuentan todo aumentado, y luego el maestro, agarra fama de corajudo y grosero.
Muchas veces, el maestro no sabe que esta pasando en su salón. Por mas que lo intente.
Un parpadeon, y algún huerco lo madrugo.
Cuando yo era alumna, de la maestra Flor de Maria Ortega, había una niña gordita, que estaba haciendo un trabajo manual, como castigo.
Digo como castigo, porque era tan grande, que lo traía desde el segundo año, y no lo podía terminar.
Era bordado en cruz.
Pienso que ella, estaba saturada, llena de ese trabajo manual.
Todos le echaban porras por su perseverancia.
Ya estábamos en 4 to. año, y seguía con ese trabajo.
Había veces, que se quedaba en los recreos, a adelantarle. Pues si ya le faltaba poquito, tenía que terminarlo.
Yo creo, que por eso, ella, se peleaba con todos, y por cualquier motivo. Yo ya la traía en salsa.
Desde 2 do. Año.
Cuando nos toco en el mismo mesabanco. Ella me gano la ventana.
Cada que iba a que le revisarán, tareas o trabajos, hacia que yo me parara.
Si no lo hacia pronto, aunque yo le pedía, espérate, déjame acabar estas cuentas, o este renglón; ella, me empujaba, y en mas de una ocasión, me tumbo de mi asiento.
Si yo me amachaba, y no me paraba, agarrándome fuertemente del asiento, y ¡ahora si, a ver como le haces, chiquita!, para ir con la maestra.
Entonces, ella, olímpicamente me brincaba.
Sentía que me asfixiaba, con su cuerpecito recargado, sobre mí.
Yo no era, delgadita, pero ella, era la más alta, y chifladita del salón.
Ya en 4 to. grado ,esa compañerita de salón, me debía muchas.
Pero ni modo de pelearme con ella.
Paradas, con un empujón, me sentaba en el piso.
Ya en 4 grado, cada quien tenia su mesabanco, pero seguía siendo para mí como una piedrita en un zapato.
Yo no se como se me ocurrió, pero una mañana, masticando un chicle, y con unas tachuelas que me había encontrado, se me vino una idea.
Mi dolor de cabeza, ahora estaba en un sitio privilegiado.
Su mesabanco, al lado del escritorio de la maestra Flor de Maria Ortega.
Nada tan fácil, que colocar cuidadosamente las tachuelas, con las puntas hacia arriba, y el chicle, de un color parecido al asiento, embarradito, nomás para que se le ensuciara tantito el uniforme.
Sabia, que al tocar el timbre, todas correríamos, sudorosas, empujándonos para entrar, y ella, ni vería los regalitos, que le había dejado ahí.
Tocan el timbre, y yo, nerviosa, trato de ser la ultima en entrar.
Si veo a mi victima, quejarse no me aguantare la carcajada.
Y después, me va a ir muy mal.
Ella se sentó, y nada paso.
La que exploto, fue la maestra.
Había venido a platicar con ella el maestro Danylo Bayly Ortega, (un maestro que vestía muy elegante, como si su ropa acabara de salir de la tintorería) durante el recreo y lo paso al salón, no estoy segura si alcanzo a sentarse en el asiento preparadito, y se pico y embarro con chicle, o solo vieron lo preparado.
Pero a la maestra, parecía que le salía humo de lo enojada que estaba.
Sus ojos verdes, parecían salirse de sus orbitas.
Ella siempre de tacón, de media, perfumadita.
Y quien sabe que le paso a su compañero de trabajo, en su salón.
Junto a su escritorio.
Nos paro a todos sus alumnos.
Y quiero que me digan quien fue, cuando se había visto eso.
Si alguien sabía algo, que levantara la mano, y lo dijera.
Eso era fechoría de unos 2 o 3, como a un solo niño se le iba a ocurrir.
Y la maestra, esperaba que algún cómplice rajara.
Yo nunca necesite de güajes para nadar.
Mis travesuras, las hacia sola y sin testigos.
Y tenía fama de buena niña, de obediente.
La maestra Flor, mas calmada, ¿Qué mas podía hacer?...
Seguíamos parados, a un lado de nuestros asientos, y ella, invocaba no se que argumentos:
¡Que demuestre valor civil el que lo hizo!
Una cosa es el valor, y otra lo tarugo.
Yo seria, parada igual que los demás.
La maestra Flor, dirigía sus miradas, como luces de un faro, sobre cada uno de nosotros, tratando de adivinar, quien fue el de la maldad.
Yo seria.
Con cara de no rompe ni un plato.
Dialogaba interiormente, fugándome de ese momento crucial, del siguiente modo.
Dios sabe que yo no le quería hacer una travesura al maestro Danylo.
Si el tan amable que es.
Para que se sentaba en ese asiento, que yo había preparado con tanto cuidado.
Ahora, ella ya esta aprevenida, de que alguien la trae entre ceja y ceja, y ni para cuando la agarre dormida.
Y todo por culpa del maestro Danylo.
Nadie sabe lo que hice, a nadie se lo comente.
¿Y si alguien me vio hacerlo?
No, yo estuve con pies ligeritos.
Lo hice veloz.
Y la maestra Flor, que miraba, como queriendo taladrar conciencias.
Pero la mía estaba limpia, no lo había hecho adrede.
A ver quien se cansa mas, ella de preguntar, o yo de estar divagando.
Sirve que no hacemos nada.
Hay que siga preguntando.
Si hasta estoy disfrutando verla tan brava.
Si lo hubiera querido hacer adrede, de seguro, no me hubiera salido así.
Y la maestra Flor se rindió.
Con voz cansada, nos ordenó sentarnos.
No me acuerdo que castigo nos puso a todos.
Pero así, parejito, ni se siente.
Durante días, hubo espías.
De todos tipos, desde ¡yo se que fuiste tu!, hasta ¡yo te vi!
Pero la pesquiza era general, y solo daban palos de ciego.
Por eso lo escribo, para que sepa la maestra quien fue.
Después de 40 años lo digo, por fin, lo digo.
Fui yo, y ni modo. No fue adrede.

sábado, 15 de agosto de 2009

Juegos Infantiles ( 2 )

5._ A los encantados.
Teníamos una bas (por decir base) donde todas nos refugiábamos.
Por lo regular era uno de los muchos pilares que tiene la escuela.
Nos dividíamos en 2 grupos. Se escogía con un volado quien adentro, y afuera las que estaban fuera de la base.
Y las de adentro.
Las de afuera debían de estar un poco retiradas, para que permitieran que nosotras, saliéramos corriendo, a ser correteadas por ellas.
Si nos tocaban gritaban ¡encantada! Y tenia, que venir una compañera a tocarnos, para que nos desencantara.
En el intento de desencantar, se corría el riesgo de quedar encantada.
Luego, las que les había tocado estar fuera de la base, hacían guardia.
Estaban acechando, quien salía de la base, quien quedo encantada, y si alguien intentaba desencantar. Entonces, decíamos, no se vale, ¡esta cuidando muertito! La encantada pedía a gritos, que la tocaran, para poder así seguir siendo correteada. ¡Yo! ¡Yo! ¡A mi! ¡Desencántame a mí! Y estiraban las manitas.
Todo un juego de astucia, agilidad, nervios de acero.
Cuando ya todas las de la base, estaban encantadas, o eran tan pocas las que se habían salvado, ahora era al revés, las de adentro, se salían a corretear, y las de afuera entraban a la base.

6._ A la roña hincada.
De nuevo, un pilar de la escuela, como bas.
Pero ahora, solo una niña, quedaba afuera.
Todas salíamos corriendo, y la de la “roña”, nos correteaba, a la que tocara, tendría la roña, y esa ahora, tendría que corretear a las demás.
Si uno se cansaba, estaba la bas.
Si no te hacían caso, por ser muy veloz, cuchileabamos a la que traía la roña, con ¡a que no me la pegas! ¡Lero, lero, candelero, calzones de cuero! Y movíamos el cuerpo, como si bailáramos en un sitio, al bailar, poníamos las manos en la cintura. De burla. Si se volteaba y empezaba a corretearnos, a correr, pa que son piernas.
Si uno notaba, que te iban a alcanzar, te hincabas, y ya no te podían tocar.
Y cuando querías te incorporabas, y empezabas de nuevo a correr.

7._ A las esquinas
En cubículos, que se encontraban pegados a las direcciones, de los turnos matutino y vespertino, nos metíamos 5 niñas.
En cada esquina, se colocaba una.
Y en el centro la quinta niña.
Teníamos, que tocar levemente los dedos de alguna compañerita, como haciendo un contacto, y cambiar velozmente de sitio cada una.
En ese cambio, de una esquina por otra y viceversa, la niña que estaba al centro, trataba de ocupar una esquina.
Si no ocupábamos rápido un lugar, y quedábamos fuera, teníamos entonces, la que quedo volando, fuera de lugar, acechar a las demás, a ver quien se descuidaba, y así, jugábamos a las esquinas.
Siempre había pleitos ahí.
¡No se vale! ¡Ella me empujo!
Yo todavía no me quitaba de mi esquina. Tenía mi punta de mi pie tocándola. No es que ella, me jalo y no se cambio de esquina, así que yo me quede sin esquina, y ella, se acobardo, y yo perdí, por su culpa.
Y aunque no quisiéramos, terminábamos gritando, y ya oía algún maestro, y ¿Qué hacen, niñas ahí? Tan grande que esta el patio, y ustedes en ese cuartito, alegando.
Órale, vamonos de aquí.
¡Al patio! ¡Al patio!
Y en el patio, ¡por culpa de esta!
A la otra no juega con nosotras.
Yo te dije, no la aceptes.
Y la aludida, pues si yo tengo ¡mis amigas!
Y ellas, no me cortan como ustedes.
Y ¿Qué haces aquí, con nosotras?
Vamos a aplicarle la ley del hielo.
Y extendíamos nuestras manos, muy dignas, mostrando los dedos índices que levemente se tocaban, y le decíamos, ¡córtala! ¡Córtala! Y ella a cortar, con su dedo índice, ese leve roce de nuestros dedos y durábamos un rato sin hablarnos.
Y luego, oye ya vamos a ser amigas de nuevo.
Y se hacían las pases, con la ceremonia…
Agarrábamos nuestros dedos meñique, como enganchados, las que nos contentábamos, y moviendo hacia arriba y hacia abajo nuestras manos, coreábamos, “somos comadres del dedo chiquito, si nos enojamos se enoja “Diosito”.
Y si había testigas de nuestro pacto, mejor.
Ya éramos amigas de nuevo, hasta que nos peleáramos otra vez.

8.- A las escondidas.
La niña que buscaría, a las demás compañeritas escondidas, se armaba con un botecito, lleno de piedritas, y debía contar, en voz alta, hasta 20 o 30,y luego recorría la escuela y cuando encontraba a alguna compañera, sonajeaba el botecito, gritando a la una ,encontré a…,a la siguiente que encontrara gritaría a las 2, encontré a …y así, hasta encontrar a la ultima, y esa ultima en ser hallada, contaba eso como una gran hazaña, el lograr un escondite de lo mas ingenioso.
La emoción aquí, era escuchar el botecito, sonajeando cerca de ti, que ya mero te localizaban, para esto, las niñas que hubieran sido localizadas antes de ti, se unían a la búsqueda, como en un desquite, y le ayudaban, para terminar mas pronto el juego, y así poder empezar otro.
Si una jugadora, se había escondido tan bien, que nadie la encontraba, al final del juego, se podría dar por terminado este, gritando por todos los patios, el nombre de la niña…con las siguientes exhortaciones…!ya sal! ¡Ya se termino! ¡Ya sal de tu escondite!

9.- Al bebe leche o al avión, siendo estos dos juegos muy parecidos en su dinámica.
Se dibujada un rectángulo, con unas divisiones, o sino un avión, (ver dibujos) bueno, se imaginaba uno que era un avión.
Cada espacio lo numerábamos, y brincábamos con un solo pie, después de haber aventado nuestro tejo. Que era una piedrita, o fichita, algo con que señalar en que sitio íbamos.
Partíamos de la cola del avión, no debíamos pisar raya, porque si no perdíamos, y al llegar a las alas, descansábamos algo los pies, y luego de nuevo de a cojito, y al llegar a la punta del avión, dar la vuelta y de nuevo, recogíamos el tejo, del lugar donde lo hubiéramos dejado, y lo aventábamos al espacio, que seguía en numeración, y cuidadito con salirse el tejo del dibujo que habíamos hecho, ya fuera el bebe leche o el avión. Prohibido que tocara alguna rayita. Porque si no, le seguiría el turno a otra compañerita. Podíamos jugar varias niñas.
Dibujábamos el avión, o el bebe leche, sobre el cemento, con un gis, así que en época de esos juegos, no rendían los gises en los salones.
Y si los maestros, los guardaban, pues dibujar con el filo de una piedra porosa, de preferencia si se podía un pedazo de ladrillo, por lo rojo.

10._ Stop
Se dibujaba un círculo, con otro mas chico al centro.
En el centro, se ponía la palabra stop
En el anillo, que quedaba alrededor, del circulo del stop. De acuerdo con el número de las que íbamos a jugar, se hacían unas rayas, para separar como gajos, aquel anillo.
En esos gajos, se ponían nombres de ciudades del país.
Cada niña, elegía que nombre quería en su espacio,
Con volado, como casi siempre, se escogía quien, quedaba de primero en el stop.
Todas, tocábamos con el pie, el suelo de nuestro sitio, y con el otro pie, estábamos en posición de listas para correr.
La del centro, veía los nombres, con calma, veía quienes eran las dueñas de ese sitio en el circulo, y calculaba mentalmente, a quien podría alcanzar, mas rápido en una carrera.
Ya decidida, decía:
¡Declaro la guerra a………!
Y la niña, cuyo espacio, se denominaba así, echaba a correr, si la alcanzaba, la que perdía, se convertía en la del centro, la del stop.
Y la del stop, ocupaba el sitio de la que había perdido.
Si no lograba alcanzarla, llegaban las 2 sofocadas.
Cada una a su sitio, y de vuelta a empezar.
A nombrar otra ciudad, y así, hasta que alcanzara a alguna compañera.

11._ Al gato y al ratón.
Puede ser de 3 niñas, o de más
Una en cada extremo, y avientan una pelota, que es el ratón.
Y el gato, es la niña, que esta en medio, y tiene que atrapar la pelota.
Si lo logra, la niña que iba a recibir la pelota, pasa a ser gato. También se puede jugar con infinidad de jugadores, solo hacen una rueda, y al centro la persona que será el gato.

12._ A la cuerda, de manera individual.
En parejas, cada una llevaba, la cuenta del número de veces, en que había brincado la cuerda su compañerita, y comparando cantidades, así sabían quien de las dos había ganado.
En grupitos de niñas, que es cuando 2 niñas hacen brincar la cuerda, y las demás, formadas, brincan, en orden, de una en una, contándose cuanto aguanta cada una.
Si se enreda la cuerda en sus pies, ya perdió.
Al final, gana la que alcanza a brincar más veces.
Los grupos de niñas de 5 to. y 6 to. Grado, eran mas exigentes, en sus juegos de cuerda, porque entonaban el estribillo, primero despacito…
Carne, chile y mole,
Carne, chile y mole,
Ya que había agarrado confianza, la que estaba brincando la cuerda, se le daba más y más aprisa a la cuerda .agregándole otra línea al estribillo…
Carne, chile y mole,
Carne, chile y mole,
Pozole, pozole, pozole, pozole, y al cantar esta parte, se le daba tan recio a la cuerda, tan de prisa, que nadie aguantaba.

13._ A la matatena
Consta de una pelotita pequeña, y 10 matatenas, que son como estrellitas, en tercera dimensión.
Escogen quien es la primera en jugar, quien la segunda y así sucesivamente.
Como en todos los juegos, pueden escoger el orden, por medio de una moneda lanzada al aire, eligiendo cara o cruz.
O pueden hacerlo, con piedra, papel o tijera.
Es un juego donde cada quien, elige representar, piedra, papel o tijera.
Previamente, cada niña, esconde una mano, tras la espalda, se dice el estribillo, entre las participantes, de !piedra, papel o tijera! y rápidamente, presentan las manos al frente, mostrando cual figura escogió a su arbitrio cada una.
Las tijeras, se representan, con el dedo índice y medio abierto, y estas, cortan al papel, y no le hacen nada a la piedra.
La piedra, esta representada, por la mano empuñada, pierde si es envuelta, por el papel, y nada le pasa con la tijera.
La palma de la mano abierta, representa al papel, este envuelve a la piedra, y por lo tanto, ganaría, pero es cortado por las tijeras, y ante estas, perdería.
Ya elegido el orden de las participantes, a la matatena, ahora seguía, con cual matatena, de todas las niñas, se jugaría.
Había unas de lámina, de color gris. Sonaban bonito al tirarlas al inicio de cada juego.
Otras eran de plástico, de varios colores.
Si no traíamos la matatena, la improvisábamos con piedritas.
Ahí, lo indispensable, era la pelotita.
Se empieza, tirando lo más separadas las matatenas, al piso, si era en cemento mejor, si era en tierra, con las manos, emparejábamos, que estuviera lo más lisito, y macizo, para el rebote de la pelota.
Y se bota la pelotita, mientras rebota, se coje una matatena.
Que no rebote 2 veces, porque se pierde, ni que las matatenas, al quitar una, sean tocadas, y se muevan, también es falta.
Todas, acercábamos nuestras caritas al piso, escudriñando cualquier movimiento, en las matatenas.
Si no se había equivocado, y había logrado recoger todas las matatenas, de una en una, podría, volver a tirar las matatenas, y ahora se iba de 2 en 2.
Así, hasta que recogiera las 10 de un solo manotazo.
Al momento de perder, todas tomaban nota, en que numero de matatenas se había quedado, para cuando le tocara de nuevo, iniciara con ese numero.
Y todas van recogiendo la matatena, por eso al inicio del juego se prefería aquella que contaba con las matatenas derechitas, no mordisqueadas, ni que le faltaran pedazos, porque era más difícil jugar así.
Si una niña, logra recoger hasta 10 matatenas, entonces se le agregaba otro grado de dificultad.
a) El martillito: la mano que aventó la pelotita, antes de tomar las matatenas, tenia que tocar el suelo, en forma empuñada, con el dorso de la mano, simulando el martillito, posteriormente, ya agarraba las matatenas, en la misma forma, primero de una en una, luego de 2 en 2, y así, hasta de 10 en 10.
b) La casita o cuevita: en la mano contraria en la que rebota la pelotita, se colocaran las matatenas, en una como cuevita, que se hace con la mano, apoyado el dorso de esta en el piso, simulando una cuevita.
Si las matatenas no entran a la cuevita, también se pierde.
Se rebota la pelotita, se recoge la matatena, se agarra la pelotita, que no rebote 2 veces.
c) La canastita: se pone la mano contraria a la que rebota, en posición de una como canastita, que recibirá las matatenas, que se vaya recolectando, sin que se caigan de la canastita, porque eso también es un error.
d) Si ya paso todas las pruebas, se pueden hacer combinaciones de dificultad, canastita con cuevita, martillito con canastita, etc.

14._ A las comiditas con yerbita, fichas como trastes, tierra y agua como pastel.

15._ A los quemados
Se hacían unos hoyitos en la arena, como marcas, en diferentes distancias. Cada quien sabia de quien eran esas marcas.
Una niña o niño, aquí jugaban mixtos, o puras niñas, o puros niños, bueno, la criatura, aventaba una pelota, después de haber hecho una rayita en el piso, y aclarado, a cuantos pasos estaría para aventar la pelota.
La marquita, que hubiera sido rebotada por la pelota, por primera vez en ese aventarla, señalaba quien seria el quemador.
Ese niño, dueño de esa marquita, recogía la pelota, y ya todos sus compañeros, habían corrido en diferentes direcciones, y el tenia que corretearlos, con la pelota en la mano, y calculando que podía tocar a alguno con la pelota, aventársela con fuerza.
Al que tocara la pelota, en un tiro directo, estaría quemado, y empezando el otro juego, le tocaría ahora ser el quemador.

16._ Al volantín.
Dos niñas, nos agarrábamos fuertemente de las manos, mas bien, una mano agarraba fuertemente el antebrazo del brazo de la otra, y la otra hacia lo mismo.
Y decíamos, ¿lista?, no sea que la agarremos descuidada, y le diéramos una arrastrada por el patio, ¡lista!
Y dábamos vueltas y vueltas, hasta que una de las dos se mareara, o ya no aguantara, o quisiera vomitar.
Y ya sueltas, ¡Mírame! ¡Mírame! ¡Estoy bien borracha! Y caminábamos en eses ¡y exagerábamos la borrachera! Para que las demás vieran, que nos la estábamos pasando a todo dar.
Pero a veces, era cierto, y empezábamos a vomitar.
O nos caíamos al piso, todas mareadas.
Las maestras, lonchando, y las chismosas, ¡Maestra! ¡Maestra! ¡Fulanita se esta vomitando!
Y ahí viene la maestra, ¿Qué te pasa? ¿Qué comiste?
Y se hacia una rueda de curiosas.
Y alguien explicaba, estaban jugando así, y asa,
Y tocaba el timbre, y la maestra se quedo sin comer, porque unas niñas, jugaron a los quisieron.
Es duro ser maestra.
Yo lo veía, diario, lo veía.
No es nada mas, dar clases y ya.

domingo, 9 de agosto de 2009

Juegos infantiles propios de los varoncitos

Los varoncitos, por lo regular, tenían diferentes juegos a las niñas.

1.-Al béisbol, se jugaba con un palo de escoba como bate.
En el patio de tierra, donde estaba el pozo.
La base principal, era un enorme árbol de cedro, que estaba cerca del solar de las señoritas Alejandre y a un lado del salón de actos.
Seguía como limite, el pozo. Tenían que tocarlo, para estar salvados.
Luego, el limite o base, era un árbol enorme de aguacate, y si se les hacia muy lejos, buscaban una piedra grande, que les sirviera de señal, y así fueran mas cortas las distancias.
La otra señal, podía ser un limoncito pegado a la cerca de las señoritas Alejandre del Angel, o también, con una piedra, se marcaba un sitio mas corto.
Acababan ese juego, con los cuerpos sudados, empanizados con la tierra del solar.
2.- Fut-bol.

3.- Chan-gai
Cortaban los chiquirrines, de un palo de escoba, dos tramos, uno como de 16 cms. Y el otro de unos 40 cms.
Y empiezo, con este trabalenguas, si no le entienden, no se apuren, o son chavitos, o son féminas, como yo, que logré medio explicar este juego, porque me lo dictaron, y me lo representaron, en un juego improvisado, y aun así, de que yo de niña, lo veía jugar, recuerdo mas los catorrazos que se daban los huercos, que las reglas de este juego.
Lo que no olvido, a pesar del tiempo transcurrido, son las expresiones… ¡Sale como chale! cuando aventaban los palos, o cuando se oía el golpe, seco, macizo, del palo del Shangai en la cabeza de algún jugador, el…!chin…en el Shangai!
Bueno, empiezo:
1 er. Paso…Hacían una excavación, en la tierra, de forma acanalada, con un palito, de los mismos, que después ocuparían en el juego, y en esa como fosa, se atravesaba el palito mas corto.
Con el palo mas largo, se cuchareaba, o sea se lanzaba al aire, el morrito de palo de escoba.
Si lo capeaba, el jugador contrario, el que se denominaba como, el que “estaba sirviendo”, contaba como out.
Si no lo capeaba, todavía tenia la oportunidad, de acostar el palo largo en esa excavación, y con el palo corto, que se usaba como proyectil, para pegarle con el, desde el sitio, donde había caído, el palito, cuando se cuchareo.
Si le pega, cuenta como out.
A continuación, si no le pegaba, al palo grande, cuenta con ese mismo palo grande, las medidas necesarias, y sacara cuantas carreras, se necesitaban para llegar, a donde cayó, el palito corto.

2 do. Paso…se colocaba el morrito, de manera vertical, en la ranura.
Levantaban el palo corto, de la ranura en la tierra, y sosteniéndolo con la mano, le pegaban un batazo, con el palo largo; si el servidor lo atrapaba, era out.
Los novatos, en ocasiones, se daban duro en sus propios dedos.
Y los servidores, al atrapar el morrito, convertido en proyectil, sentían quemar sus dedos.
Si el servidor, no lograba capearlo, se lanzaba de nuevo, a caer lo más cerca posible, a la ranura en la tierra, y se median las carreras.

3 er. Paso…el palo morrito, se ponía en la ranura de la tierra, pero ahora, solo de manera inclinada, es decir, la punta metida en la ranura, y sobresaliendo una parte del morrito.
Se le pegaba en la punta, a levantarlo en el aire, y ahí, se le daba un batazo, con el palo mas largo.
Se medía, que tan lejos había caído, para sumar un total de carreras.
Y cada jugador, en cada tirada, va sumando sus carreras.
Y el servidor, puede tirar ese palo, a meterlo en la ranura, cosa harto difícil, más no imposible.
Más fácil, era ver salir la sangre de las frentecitas, de los alumnos de primaria, que todos los días, jugaban ese extraño juego, ante mis ojos y oídos.
Y entonces si, pies pa que son, corredero de chamacos, se acababa el juego del Shangai, las rueditas de mirones, jugadores, todos corrían a sus salones, o si era en horas de salida, creo que hasta que ya estaban en sus casas, dejaban de correr.
Mejor que dijeran, aquí huyeron, y no escuchar la voz de algún maestro decir ¡aquí, a ver vengan!, ¿quien fue? , o ¿como fue?, o el temido, ¡que venga tus padres!..
Y el alumno descalabrado, nunca daba santo y seña, de lo que había pasado, sino quería verse excluido de por vida, de los juegos de sus compañeros de grupo.

4.-A las canicas.
Primero eran unas, cafés, grisáceas; como si fueran piedritas puliditas.
Luego, salieron unas de vidrio, de un solo color.
Después, las de vidrio, de muchos colores, que llamábamos agüitas.
Y los cayucos, que eran unas canicas gigantes, esas en los juegos, valían lo doble o lo triple, de la canica normal, porque con los cayucos, era más fácil ganar.
Hasta, partían a veces las canicas más pequeñas.
En ocasiones, los que estaban jugando al meloncito, o al triangulito, no aceptaban en sus juegos de canicas, al que traía cayucos.

5.-Al trompo.
Existían todas las suertes actuales, mas la de “campanitas al trompo”, suerte que ha desaparecido, así como los trompos de madera, con punta de fierro.
Aquí se las detallo…
Un trompo, se enterraba, solo parte de su cuerpo, y cabeza; y la otra parte, bolondita, así como la punta de fierro, hacia arriba.
El dueño del trompo retador, amarraba su juguete, de la punta, y de la cabeza, en una como lazada, y lo aventaba fuertemente, hacia el trompo enterrado; si lograba ensartar la punta de su trompo, en el trompo enterrado, entonces ganaba ese trompo.
Si no lo lograba, el dueño del trompo enterrado, tenia la oportunidad, de realizar la misma suerte, con miras a quedarse el como dueño de otro trompo.
En ocasiones, solo quedaban los trompos rotos.
Por eso desapareció esa suerte del trompo, ya no es posible hacerla, con los trompos actuales, los de plástico.


6.-Al yo-yo.
Eran de madera, y empezaban a existir, o usarse, los de plástico.

7.- Las cebollitas.
Los muchachos se agarraban el primero de ellos, de un poste, o de un tronco, de los muchos árboles, que existían en la escuela.
Los que quedaban atrás, del que estaba agarrado del árbol, se sujetaban de la cintura, uno de otro, y jalaban todos, hacia atrás, para ver, de donde se rompía aquella cadena.
El muchachito que se soltara perdía. Lo sacaban, y de nuevo empezaba el juego.

8.- Al burro.
Se ponían igual que en las cebollitas, pero unos se quedaban formados, aparte, y agarrando vuelo, de uno en uno, se trepaban en la fila, de que estaban agarrados y agachados, a su espalda.
Ese juego se prohibió estrictamente en la escuela, por lo peligroso para la salud de los niños, como una lesión a sus vértebras.

9.-Al balero.
Algunos eran de madera, de todos tamaños y colores.
Por lo regular estaban labrados.
Otros se hacían, con botes de lamina, de los que ya alguien había tirado, se les hacia un orificio pequeño en su base, se les amarraba un mecatito largo, y con un palito de escoba, quedaba el balero hechizo, que de seguro, no fallabas en las encestadas.

10. - A las guerritas, o combates.
Los chamacos, traían dentro de sus bolsas, (porque lo de las mochilas, era para solo unos cuantos), con los cuadernos y libros, así como una cantimplorita, que de nada servia, solo para que el agua se tirara, y nos mojara los útiles, bueno, pues dentro de esas bolsas, los varones traían también sus juguetes como los palitos de escoba, acondicionados como pistolitas, en unas como tes, o escuadras.

Se correteaban, entre los árboles, haciendo ruido, como ¡tacataca tacataca!, o el ¡pum! o el ¡bang!
Se escuchaba el ¡ya te di!, no corras, porque tu ¡ya estas muerto!, y se revolcaban entre las matas, entre las piedras, por atrás de los platanales, se subían a los árboles, se arrastraban por la arena y tierra de panza, sigilosamente.
Vivian sus guerritas, con raspones, sudados y agitados de esconderse y correr, y el recreo, que dura tan poco; algunos, sus palitos de escoba, venían con un refuerzo, y a esas les llamaban ametrálletas.
Que sus tiros, eran casi infinitos.

El que traía un arma de plástico, de las que empezaban a salir, era la sensación, se convertía el jefe del equipo.
Y cuando aparecieron los boki-toki, con un alcance de unos 20 metros, hacerle ruedita, al feliz poseedor de esa maravilla.
El fungiría como comandante de un equipo, la guerrita, se ganaba de todo a todo, con un elemento así.

11.-Pelea de gallos.
Niños grandes, fornidos, ponían sobre sus hombros, a niños de pequeña complexión, delgaditos, y jugaban en parejas, a tumbarse al que traía el contrario amamache, a ver quien aguantaba más, con su compañero en hombros.
Un juego, peligrosísimo.

No siempre lo de antes, fue lo mejor.
Solo puedo decir, eran otros tiempos, ni buenos, ni mejores, solo eran otros tiempos.

sábado, 8 de agosto de 2009

Juegos Infantiles ( 1 )


Regresándonos a las instalaciones de la Escuela “Expropiación Petrolera”, en sus amplios corredores, techados, se encontraban unos bebederos, diseminados, aquí y allá, estratégicamente.
A veces, parecía que no salía el agua, y de repente, un chorrote, que te mojaba la cara, y la ropa.
Y los chiquillos, a jugar, y yo te mojo, poniendo la mano en la llave del bebedero, y vamos a mojar, a aquellas que vienen muy platicadoras, ¡ay si! ¡Se creen mucho!
Y empezaba el corretearnos, pero era tan grande la escuela, tan grandes sus patios, que hasta que tocaban el timbre la entrada del recreo, y estábamos en el salón, quedábamos al alcance unas de otras.
Y para entonces, estábamos bien cansadas de jugar, que ya no queríamos pelear.
¡Aire! ¡Aire! Y nos abanicábamos con nuestras manos, con los cuadernos, con lo que fuera.
Regalaban en las tiendas, a los clientes, abanicos de cartón, con formas de ovalo, o cuadrados, rectangulares.
Y se amacizaba el abanico, con un palito, que tenía grapado al centro.
Y agarrábamos el palito del abanico, y dale y dale.
Esos abanicos, traían dibujos, como si fueran postales, de paisajes, o de animalitos enternecedores, y al reverso, la propaganda del negocio que lo regalo.
Y con el sudor de nuestras manos, se desbarataban esos abanicos.



JUEGOS INFANTILES
Las niñas jugábamos en el recreo a:
1._ Juan pirulero.
¡Este es el juego de Juan Pirulero!
¡A lo maduro! ¡A lo maduro!
¡Que se voltee, Anita de burro!
Para esto, estábamos en una rueda, agarradas las manos, y dándole rápido a la vuelta y vuelta de todas mirando al centro,
Terminaba, cuando ya todas estábamos volteadas, mirando hacia el exterior.
Y si nos quedaba piola, pues a volver a empezar, ahora de modo contrario.
Las que estaban volteadas, ahora iban cambiándose hacia el interior de la rueda.
2.- A las estatuas de marfil.
Reunidas y en rueda, tomadas de la mano, cantábamos, ¡A las estatuas de marfil!
¡Uno, dos y tres así! nos zafábamos de las manos y teníamos que quedarnos lo mas inmóviles posibles, la que se movía, perdía, salía del juego, y volvíamos a empezar.
3._ A doña Blanca.
Doña Blanca, esta encerrada en pilares de oro y plata,
Romperemos un pilar para ver a doña blanca.
Todas las niñas, habíamos elegido de qué material eran nuestros brazos, que formaban los pilares.
Eran de cemento, oro, vidrio, madera, piedra, agua, de lo que se nos ocurriera. Pero no se valía repetir el nombre de otro pilar de esa rueda.
En la rueda, que lográramos hacer, de niñas, cada punto, donde se unía un bracito, con otro bracito, bien apretadas las manos, le llamábamos pilar.
Y luego, la niña, que andaba fuera de la rueda, preguntaba……
¿De que es este pilar?
De oro, piedra, etc.
Y la niña, intentaba zafar esas manitas, haciendo lo que estuviera a su alcance, tratando de abrir las manos, columpiándose, en esas manos, algunas hacían sus manos, como si fueran un cuchillo, al juntar sus manos, fuertemente, y dar un golpe, a la unión de manitas.
Las niñas, que se hubieran zafado, por la presión en sus manos, salían del juego, y la que logro romper esa unión, entraban en ese lugar.

4._ Al mono de alambre.
Se cantaba así, en rueda las niñas.
Vamos a jugar
Al mono de alambre,
Y el que no lo baile.
Y el que no lo baile,
Le daremos pamba.
Nombrábamos a una compañera, pasaba al centro, y tenia que bailar.
Si no lo hacia, o si estaba muy tiesa, ¡no se vale! ¡Casi no se movió! Y a darle pamba entre todas.
Si no bailaba, ni se dejaba dar pamba; cuzcale ¡fuera de aquí!
Y la sacábamos de la rueda.
Y a seguir jugando.

martes, 4 de agosto de 2009

Principios dificiles de una escuela

PRINCIPIOS DIFICILES DE UNA ESCUELA

En ese patio en forma de escuadra, había una pileta, donde se almacenaba agua, estaba cerca de la toma de una llave de agua, pegada a la barda.
Por el patio de atrás, se encontraba un pozo.
De donde, cuando empezó a funcionar la escuela primaria se extraía el agua, en cubetas, ayudándose con una carrucha.
También, por mucho tiempo, no hubo luz eléctrica.
Y cuando, ponían a bailar a los chiquitines, la maestra Rosa Eva Velásquez de la Garza y la maestra Flor de Maria Ortega tenían que armonizar con palmadas, marcar tiempos, tararear las canciones, y con ese acompañamiento, hacer que los niños, se imaginaran las melodías.
Si, fue difícil el comienzo de la escuela.
Pero ha dando grandes frutos al pueblo.
A México.
Cuantos alumnos que han pasado por sus aulas, han sido presidentes municipales, médicos, ingenieros, licenciados, contadores, maestros y directores de escuela.
Es su educación básica, lo que los han catapultado, a pelear por un mejor futuro.
Y son los maestros, los que con su esfuerzo, doble, por tener tantas carencias la escuela en sus inicios, han hecho posible que lo que estaba en germen, desarrollara, creciera y diera frutos.
El pozo de ese patio ( lo mandó hacer fray Andrés de Olmos hace 455 años) , siempre estaba con ramitas, palitos, su agua.
Las pelotas, que a los alumnos se les caían, intentaban extraerlas, primero arrojaban una tabla, o rama, que quedara justo debajo de la pelota, para que la levantara un poco, luego aventaban la cubeta, y ahí estaban en el brocal del pozo, todo un enjambre de huercos, unos de panza, con brazos hacia delante, otros, mas aventados, se trepaban al brocal del pozo, se agarraban fuerte del travesaño de donde pendía la carrucha, o de los pilares de cemento, que sostenía el marco, de donde pendía la carrucha, y así tenían mejor vista del fondo de ese pozo.
¡Jala la cubeta para allá!
¡Otro poco hacia ti!
¡Dámela a mí!
Como si estuvieran pescando la pelota, con la cubeta.
Se daba cuenta algún maestro, y…
¡Niños, niños!, ¡quítense de ahí!
Y el dueño de la pelota, enojado, frustrado, de nada sirvió la ayuda de sus compañeritos, ¡para que venia el maestro en ese momento!
¡Si ya mero la sacaban!
Y por mas que le pusieran tablas al pozo, para taparlo, si eran cientos de manos, que curiosas, se las quitaban.
Era hondo, yo tiraba piedras, a su fondo.
Y tardaba en escuchar su choque al caer al agua.
Se contrato, quien limpiara el fondo de ese pozo, unas cuantas veces, pero no duraba limpio, era caso perdido, a los pocos días, volvía a tener basura.
Y no se ahogo un niño ahí, porque Dios es muy grande, y no lo permitió.

lunes, 3 de agosto de 2009

Teresa Argüelles Rivera


Teresa cuando llegó con la abuelita, y su tío Fortunato Sánchez Flores, tenía mi edad.
Entró en el salón donde yo estaba.
Pero no había mesabanco para ella.
No alcanzó.
La sobrina de dos maestros de esa escuela, no tenia donde sentarse en el salón.
Había llegado tarde a las inscripciones, y tuvo que esperar algo así, como 2 semanas, hasta que se habilitó, unos de los mesabancos que necesitaban reparación.
Y, con lo orgullosa que era.
Como vivía en la misma escuela, esos primeros días, al formarnos fuera del salón para entrar ordenaditos; ella aparecía, con su sillita de otate y mimbre, cargada sobre su espalda. Y la colocaba, junto al escritorio del maestro.
Ser nueva en una escuela, en un grupo, y tener que llegar todos los días con tu sillita en la espalda, a cualquiera humilla.
A Teresa no.
Llegaba con sus mejillas chapeadas de la vergüenza.
Con su mirada nos retaba a ver quien se burlaba de ella.
Y nosotros volteábamos la mirada, como que no veíamos.
Sus padres tenían unas vaquitas, y le mandaban cajitas con quesos, carne asada, y chorizo, con los que Teresa, sacaba dinero para sus gastos.
Me dijo, llámame Ely.
Todos en mi pueblo me decían así.

Nos hicimos grandes amigas, Ely y yo.
Platicábamos mucho de nuestros planes futuros, ella soñaba con tener un carro.
Me describía como se sentía al volante.
Y ya de grande, como maestra, se le concedió.
A pesar de que ella vive en México,en la capital del país,seguimos siendo grandes amigas.

domingo, 2 de agosto de 2009

Profesor Fortunato Sánchez Flores

Todo quería arreglar, componer, organizar, y al paso de los años, decía, ya voy a dejar que hagan lo que quieran.
Si, ¡lo que quieran!
Ya me canse de pelear con alumnos y padres de familia.
Y se dedico a tocar guitarra.
Cantaba, en la terraza, que se ubicaba sobre el corredor central de la escuela, en las noches, frescas noches, estrelladas, en que todos convivíamos, platicábamos, y el maestro cantaba.
En una de esas noches, estando sola la maestra Adelfa, sentada en su sillón favorito, vio venir sobre de ella, una bola de fuego, se encomendó a Dios de inmediato, en segundos se acercaba a ella ese fuego, pensaba en sus niños tan pequeños, y grito, en esa noche; Dios la escucho.
Faltando muy poco, para que esa bola de fuego hiciera contacto con su cuerpo, se esfumo.
Unos dicen que las brujas se ven así en las noches.
Pero la maestra Adelfa, estaba muy preparada, y decía, era un meteorito, y al contacto con la atmósfera, se torno incandescente, y fue desvaneciéndose, y lo bueno, es que se consumió antes de tocarme a mi.
¡Aja!, ¿y que mas?
Bueno, seguimos con el maestro Nato, y su guitarra.
Se llevo a cabo un concurso de cantantes en la UAT.
Se inscribió.
Se soñaba ganador.
Se veía ganador.
Grababa y grababa, en una novedad de aquel tiempo, una grabadora larga, negra.
Llevo la cinta, como muestra de su talento artístico.
Lo aceptaron para concursante.
Y perdió.
Le pregunte a una sobrina de el, al otro día del concurso; porque yo fui, lista a felicitar con bombo y platillo el triunfo del profesor, a su casa.
¿Como le fue a tu tío?
¡Sshh! ¡sshh!
Y se ponía en sus labios su dedo índice, alarmada de mi voz que se quedo vibrando en las paredes de su casa.
¡Cállate!, no preguntes.
¡Luego te cuento!
Parecía que había pasado algo grave.
Y si. Había pasado algo grave.
¡Mataron de nuevo sus ilusiones!
Le pregunte a sus sobrina, casi a señas…
¿Que lugar ocupo?
¡Sshh! ¡Sshh!, el último.
¡Oh, esta vida!, que ha veces, entre mas brincas, mas te da de zapes.
El maestro Fortunato vivía de primero cuando llego al pueblo, en el anexo del segundo piso de la escuela.
Con su mamá, Doña Chenchita, su sobrina Minerva, la Mine, que nunca quiso aprender a leer, por mas que tenia dos tíos maestros, su tío Fortunato y el maestro Gregorio Flores, que también trabajaba en la Expropiación Petrolera, pero el vivía en Tampico, con su esposa.
También vivían con el maestro Fortunato, su sobrino Guillermo, el Memo, que le faltaba muy poco para terminar la carrera de magisterio, y una sobrina, Teresa Argüelles Rivera, güera, boca grande, pelo claro y lacio, suelto.

sábado, 1 de agosto de 2009

Las colmenas ( b y final )

El maestro Fortunato Sánchez Flores, era bajito, de complexión maciza, sin llegar a gordo; güero, narizón, labios delgados, pálido y colérico. Lo denotaba su enrojecimiento de rostro, su voz que aumentaba de velocidad de los diálogos, su caminar, a grandes zancadas, cuando algo no salía como el quería.
Como cuando le dió por sembrar chayotes y plantas de estropajo, cerca de los colmenares.
Crecieron las plantas de chayotes bonitas, con sus verdes tallos, largos, que se enredaban en otras plantas, como los árboles de naranjas cuchas.
En la primera y única cosecha que hubo de esos chayotes, nos regaló el maestro a mi abuelita y a mi, 2 frutos tiernos del chayote.
Los vi, los olí, tan fresquecitos, parecían forrados de terciopelo verde, como con espinitas.
Un manjar.
Y los demás frutos, de esas plantas, los chamacos que los hacen pedazos un día cualquiera.
Los agarraron en unas guerritas, quedaron pedazos de chayote, por todo ese solarcito, entre las plantas de maíz, de coco, y las flores.
Siento que le fueron apagando su espíritu emprendedor al maestro Fortunato Sánchez Flores, cuando llegó al pueblo, se parecía mucho a sus abejas.
Nadamas, le faltaba zumbar de lo activo.

viernes, 31 de julio de 2009

Las colmenas ( a )

LAS COLMENAS

Volvemos al salón de actos.
Al final del salón de actos, por su parte exterior, siguiendo s su izquierda, estaba una fracción grandecita de tierra, donde se sembraba maíz, fríjol, plantas de ornato, que atraían infinidad de insectos; unos arbolitos de limones y naranjos, matas altísimas de cocos, solo subiéndote a la terraza ubicada sobre el salón de actos, y ocupando además una larga vara, podías cortarlos. Amen, de unas tablitas, que simulando una escalera, se le clavo a cada mata de coco, donde muchachos ágiles, subían como changos por ese fruto.
Y en la mera esquina, que se formaba, con el solar de las señoritas Ostos, y el solar del doctor Cantu, ahí mero, se ubico el proyecto del profesor Fortunato Sánchez Flores.
El proyecto de las colmenas.
Daban miel. Las celdillas, salían cargadas.
Y cera.
Cuando mucho duro dos años ese proyecto.
En que cabeza cabe, que las iban a dejar en paz, los chiquillos.
Si jugaban pelota, unos pelotazos a las casitas de las colmenas, y el alboroto de estas, zzzuuumm, zzzuuumm…. ¡Y el corredero de chamacos!
¡Maestro! ¡Maestro!
¿Que pasa?
¡Las avispas!
¿Cuáles?
Y se hacia el alboroto grande.
Esas no son avispas, son abejas.
¡Andan picando a unos niños!
¡Busquen a Nato!
¡Pronto!
¡Ese Nato!
¡Le dije que tendríamos problemas!
Y se volvía prioridad localizar al maestro Fortunato, por toda la escuela; arriba y abajo.
Aparecía el maestro aludido.
¡Ya! ¡Ya!
Yo lo resuelvo.
Agarraba un escuadrón de chiquillos, de esos que siempre se acomiden a todo.
Unos hacían ruidos, con botes y latas.
Otros prendían mechones de lumbre, y con el humo, tranquilizaban a las abejas.
A mi, eso me parecía mágico.

miércoles, 29 de julio de 2009

Llueve bonito en Pueblo Viejo Veracruz( b y final )

Hago un ademán de tener prisa, y salgo chispada de la casa de doña Lala.
Dirijo mis pasos, a una tienda, que se ubicaba por la plaza.
Pregunto precios de lámina de cartón.
Los venden por paquetes.
Me dice el dependiente, si gusta, en unos días, se los llevamos a su casa.
Usted, no se vaya a lastimar, están pesadas las laminas de cartón.
Nombre, que van a estar pesadas, pienso yo.
Si ha veces lo mas pesado, es no servir para nada, ni para nadie.
Que tu no le hagas falta a nadie, que no importe si vives o mueres; eso si es pesado.
Cargo a la voz de ¡ya!, con el paquete de laminas, y retorno al hogar de doña Lala con él a cuestas.
Ya lo cargo de un lado, ya del otro.
Pues si pesa.
Pero, más pesa ser inútil.
Llego a casa de doña Lala, abro el zaguán, que chaparrito, y hecho de puras maderitas, unidas con alambritos y mecatitos, mas bien es para decir, ¡alto!, es propiedad privada, que para protección alguna.
Cuando me ven llegar con la carga…
Pelo Malucha, ¡no hubielas gastado!, ¿no te digo?
Hay doña Lala, si no tengo más gastos, que mi persona, y yo les debo mucho a ustedes.
Esas láminas, no son nada.
Tómelas. Hay un día que esté bueno, con calma, reparan parte de ese techo.
Doña Lala entra a su recamarita, y dice:
¡Viejo! ¡Viejo!, mila lo que tlajo Malucha.
Sale don Juan, se le pinta primero en su rostro la sorpresa, y después la alegría; llama a los hijos mayores, y salen en ese momento, a reparar el techo de su casa.
Pienso, las laminas de cartón que les traje, no les va a saber ni a melón.
Es mucho, lo que se necesita reparar.
Y se mueven como hormiguitas, a veces trepan, luego bajan, otros clavan, quitan un pedazo destrozado de aquí, le agregan un nuevo allá, aprovechan una esquinita rescatable de algo, que parece que se deshace en las manos.
Y lo arreglan.
Adiós goteras.
¡Increíble!
Como hacen rendir lo que sea, como sea, y al costo que sea.
Así tengan que terminar ensopados, como esa tarde.
Pero todos muy contentos.
También yo.
A veces, el pueblovejence, presenta una cara de indolencia, pero es que cuentan, una gran porción de la población, con muy escasos recursos, así es mas difícil emprender cualquier proyecto.
Y las cosas se encarecen más, por el trayecto de Tampico al pueblo.
Y el puente, su caseta de cobro, que no terminan por correrla de lugar.
Ni modo, esperar.

martes, 28 de julio de 2009

Llueve bonito en Pueblo Viejo Veracruz ( a )

En una ocasión, empezó a llover bonito, a cantaros.
Yo recostada, en una cama, después de leer un libro, me eché un sueñito.
No olviden que viví muchos años en Pueblo Viejo; así que también se planchar oreja, cuando se presta la ocasión.
Cuando no hay mas que hacer, por el mal tiempo.
O platicas, o te duermes.
Desperté, y me dio hambre.
Voy a ver que ha hecho doña Lala.
Al dar los primeros pasos, una gota, y mas allá, otra gota.
Ahora si, que ya me desperté del todo.
Entre a la estancia, que servia de salita, comedor y recamarita, y observo varios hules, que tapan cosas aquí y allá.
Y veo en varios lugares, trastos de todos tamaños, que reciben los chorritos de agua, que caen del techo.
Y doña Lala, me llama afectuosamente a comer.
Ven, aholita te silvo.
Ven, Malucha, esta todo bien calientito.
Noto, que están acostumbrados, a que les llueva dentro de su casa.
Observa mi consternación, y me dice, al lato pasa, tu cama no se moja.
Ese, es uno de los sitios, donde no hay gotéelas.
Vente a comel, se te enflíala la comida.
Mmm, doña Lala, tan amable como siempre.
Sabe que, doña Lala, se me olvidaba que tengo que ir a la plaza, por un encarguito.
Ahorita vengo, no me tardo.
Pelo, espelate, come plimelo…

lunes, 27 de julio de 2009

( video ) Pocholo

Pocholo ( b )

Y Pocholo extendió su bracito moreno, delgadito, para señalar unas pastas de sopa, y un arroz.
No quería dinero, no quería andar pesudo, andar presumiendo unas monedas.
Quería mandado.
La señora, sorprendida de su petición, no dudó en darle unas bolsas retacadas de comisaria, algunas bolsas de jabón medio abiertas, otros productos de unas marcas que pocos quieren, que porque la tele dice que otros son mejores, pero que para Pocholo, eran oro molido.
Se dió tiempo la señora de ir a la casa de Pocholo a contar lo que había pasado.
A felicitar a doña Lala, por tener a unos hijos tan trabajadores.
Pocholo adopto un andar muy erguido.
Ya era de otro nivel él.
Ya contaba como hombre que arrima a la casa cosas necesarias, y que mas necesario que la comida.
Así son en Pueblo Viejo.
Tranquilos, tranquilos, pero no quitan el dedo del renglón.
Saben lo que quieren, saben a donde se dirigen, por eso no tienen prisa.

domingo, 26 de julio de 2009

Pocholo ( a )



POCHOLO

Me viene a la memoria, para explicar la psicología de los chiquitines, cuando uno de los más pequeños, Pocholo, consiguió trabajar en un rodante que cada semana, proveniente de Tampico, hacia mercadeo en el pueblo.
Le quedaba el rodante a doña Lala como a dos cuadras.
Pocholo tendría como 8 o 9 años de edad, y brincaba como chapulín de gusto, por haber sido elegido, por unos comerciantes del rodante, para acomodar mercancía, barrer el pedacito que les tocaba, etc.
Se preocupaba por los días de la semana, quería que llegaran los días rápido.
Que llegara el día del rodante.
¡Su primer día!
Madrugó, más que ninguno.
Y eso, que el pescador, para las 4 y media o 5 de la mañana, parte para la laguna.
Se levantó el rodante hasta las 4 o 5 de la tarde.
Venir de tan lejos, para un ratito, pues no.
Había que aprovechar.
Al momento de pagarle a Pocholo con dinero, no aceptó.
Bueno, se desesperaba la señora que lo había estado ocupando; has trabajado mucho, hacia rato, que no tenia a alguien tan activo, ni siquiera quisiste ir a tu casa a comer, y eso que te queda bien cerca.
Yo quiero que cada semana me ayudes.
¿Porque no aceptas el dinero?
Y Pocholo, callado.
¿Cuanto quieres?
¿Se te hace poco lo que te doy?
Pocholo movió la cabeza.
No era cuestión de dinero.
A la señora, la paciencia se le acababa.
Creo que hablaré con tu mamá.
No quiero que diga que soy abusiva.
Cuando hablé con ella, me dijo…hay usted sabrá cuanto le da a mi hijo.
Aún es muy chico, y en ningún lado lo aceptan para chambear.
Así que, lo que usted le dé, es ganancia.
Y tú que no me contestas.
Pero yo me tengo que ir, ya es muy tarde, también quiero descansar.
Dime, Pocholo, por el amor de Dios, ¿que quieres?

sábado, 25 de julio de 2009

Doña Lala ( d y final )


Sobre un banco rustico, ponían una batea grande, donde lavaban la ropa.
La letrina era de hoyo. En el patio, enterraban un tambor destapado, encima ponían un como asiento de madera, para simular la tasa del sanitario, y las paredes y techo de esa letrina eran de palitos o tablitas.
Cada que era necesario, los hijos mas grandes, hacían un hoyo retirado de la casa, y ahí vaciaban el contenido del tambor, le agregaban mucha cal, y sepultaban muy hondo eso.
Lavaban el tambor perfectamente, y a estrenar letrina.
Para bañarse uno, ahí si que torció la puerca el rabo.
Con varas de otate secas, formaron una como armazón, que forraron por unos lados, con hules negros, y por otros lados, con retazos de telas.
Acondicionaron, una como planchita de cemento de unos 2 por 2 metros, para que sirviera de piso y no se fuera a hacer lodo.
Ya tenían llave de agua, pero esta se encontraba cerca del medidor de agua, y no tenían instalaciones para dentro de su solar, así que el baño, era de cubetazo limpio.
Y nada de techo.
Al viento libre.
Si hace frió, te amuelas.
Si hace un sol, que te queme la espalda, te aguantas.
Yo me bañaba apuradita, no fuera a pasar un helicóptero, y se fueran a dar un taco de ojo, en ese tiempo, cuando aun estaba apetecible.
Yo trabajaba en Tampico.
Doña Lala, nunca me quiso aceptar un dinero, por su hospedaje.
La abuelita de ella, doña Jesusa, fue amiga de mi abuelita Luz.
Y el papá de doña Lala, don Cliserio, don Quiche de cariño, se había casado con una hermana de mi abuelita Luz.
¿Éramos o no de la familia?
Pues ellos, me trataron como de la familia.
Con respeto y cariño.
Y tuvieron la mano abierta, para ofrecerme, lo que a su alcance estuvo.
Yo de mi sueldo, llevaba lo que me nacía, un cariñito por aquí, otra cosita por allá.
Sus hijos, dos mujeres y 5 o 6 varones, panzoncitos, piernitas flaquitas, morenitos, de sonrisa fácil, ya de adultos embarnecieron, que hasta parece que los soplaron, con una bomba de inflar llantas.
Su primer hija, se casó a los 15 años, y se fué lejos.
Y su hija más pequeña, la Güera, también vive de la pesca, con su esposo, que también le intelige a la vida en las orillas de la laguna de Pueblo Viejo.
(fotografía cortesía del profesor Martín Pérez San Martín,cronista de Pueblo Viejo,Veracruz)

viernes, 24 de julio de 2009

Doña Lala ( c )

Intentó inútilmente enseñarme a hacer redes, en el corto tiempo que viví con ellos.
Se ve tan fácil, y yo que se hacer manteles y carpetas tejidas a gancho; suéteres, chalecos y gorros con 2 agujas, pues no pude aprender a hacer redes para pescar.
Su esposo don Juan, alto también, con gruesas patillas, bigote canoso y que caía, como cepillito sobre su labio superior.
Muy amable, hable muy poco con el.
Son personas de pocas palabras, que prefieren no hablar, por no cometer un error y llegar a ofender de manera involuntaria a alguien.
Pero cuando saludan, se siente su apretón de mano gruesa, rasposa al tacto, por el manejo de las redes, y el limpiar de escamas los pescados.
Y esas manos son tibias, sinceras, francas, respetuosas.
Hasta, recuerdo con cariño, las pocas veces, que nos saludamos, como limpiaba su mano, en su pantalón, como temiendo ensuciarme.
Pueblo Viejo, Dios te ha bendecido con tus personas, que la mayoría son bien longevas.
Será el clima, la comida, la siesta, su carácter, su confianza en un mañana, que saben que será igual al ayer…
En otros lugares, y en otro tiempo, también he conocido personas que te saludan, melosos, sus manos frías, sudorosa, pegajosas, que no te sueltan pronto tu mano, te miran con lascivia, y de ribete, se despiden como acariciándote la mano, como si dijeran…así te puedo acariciar todo tu cuerpo.
¡Guácala de pollo!
Y he conocido otras personas, que te saludan, con un extender su mano, abierta, y levemente, rozan tus dedos.
Como si no quisieran tratos con uno.
Y no te miran a los ojos.
De todo habemos en el mundo.
Y cada uno de nuestros actos, pasos, miradas, movimientos, gestos, nos delatan.
Me encanta observar a las personas.
Digo mirar. Observar.
No criticar.
Ni la famosa critica positiva, que para mi no tienen nada de positiva.
Se es o no se es crítica.
Punto.
Para que tantos eufemismos.
Volvemos con doña Lala y don Juan.
Tenían afuera de su casa, unos troncos secos, que servían de asiento, bajo unas enramadas.
Más asientos se improvisaban con cualquier tablita vieja, acomodada sobre unas piedras grandes.

miércoles, 22 de julio de 2009

DOÑA LALA ( a )

DOñA LALA

Yo sé de primera mano, de esa vida, cuando por azares del destino, viví en casa de una familia de pescadores de Pueblo Viejo.
Vivian al lado de un salón de eventos, donde se festejaban bodas, quince años, y demás festejos importantes.
Un solar grande, que no estaba pegado a la laguna.
Y tenia de largo lo suficiente, como para entrar por una calle, y salir hacia la otra.
Las paredes de aquella casa, eran de tablas, de un color y de otro
Que denotaban su diferente origen.
Su techo, de lámina de cartón enchapotado.
Piso de tierra, que su dueña, doña Lala mantenía siempre barrido, aplanadito, salpicándole unas gotas de agua.
Constaba de un cuarto amplio, que servia una parte para recibir visitas, otra para comer, y a un costado, unas camas.
Constaba de otros dos cuartos, mucho más pequeños, habilitados como recamaritas y la cocina.
La cocina, que siempre olía a marisco.
En ningún lado, he comido sopa tan rica de camarones, güatape o las migadas, que eran tan grandes, que solo un cuarto de ellas, me podía comer.

Doña Lala, era alta, muy morena, en sus venas corría sangre de mulata hermosa; me contó que su madre era de color oscuro.
Caderona, se sentaba como toda una matrona, en un viejo sillón, forrado de mimbre que tenia en el patio.
Al terminar de comer todos, veía mi plato, que invariablemente dejaba yo, más de lo que me comía.
Y haciendo un mohín simpático, me decía;
¿A poco la te lenaste?
Te vas a enfelmal, comes mul poquito.
Las palabras, las pronunciaba, de un modo, que me hacia recordar, el modo de hablar de un niño pequeño, de los que apenas empiezan a hablar.
Fue criada por su abuela, porque su madre se fué, y en poquísimas ocasiones, le venia a dar una vuelta.
Su abuelita, se llamaba doña Chuy, delgadita, y criaba cochinos, cochinotes, y un día, un marrano, al querer la abuela, brincarlo, porque se atravesó a la salida de su casa, se incorporo, y la tumbo.
No murió de eso, y una buena tranquiza, el cochino se llevo, por parte de la abuela de doña Lala.
Y doña Lala, tenía unos chamorros gruesos, uno de ellos, con una marca de una manta raya, que una vez, en la laguna, pesco, y como estaba viva, brincoteando en la panguita de doña Lala, con su cola, en forma de lanza con flecha en la punta, le atravesó su chamorro, y un trozo de su carne, le arrancó.
Y solito se curó ese chamorro, sin medicinas, con solo la ayuda de Dios.
A pesar de unos calenturones, que hasta deliraba doña Lala.
Y esos chamorros gruesos, los cruzaba, para, sentada, cómodamente, poder con mayor facilidad tejer las redes.

martes, 21 de julio de 2009

Dos grupos,un salón ( e )

Maestro, no sea así, ya mero salen al recreo, o ya mero tocan la salida, y si se me pierden mis cosas, en mi casa tendré problemas.
El maestro: a ver si así entienden.
Algunas niñas, de 11 y 12 años, empezaban a limpiarse los ojos, disimuladamente.
No querían que las vieran llorar, y ser la burla de sus compañeros de salón.
Los mas desenvueltos, los que desde pequeños, les han enseñado a decirle pan al pan, y vino al vino; se dirigían al maestro, con sus rostros serios, curtidos por el sol de la laguna, y exponían los siguientes argumentos…
Maestro, usted disculpe, no debimos actuar así, pero en mi casa, nos hemos privado de algunas cosas muy necesarias, para que yo pueda venir a estudiar, y traer lo necesario.
Usted ha dicho, que un alumno sin lápiz, es como un soldado que va a la guerra sin fusil.
Y bajando más la voz, para no llamar mas la atención de sus compañeros; en ocasiones, mis hermanos y yo, preferimos andar en nuestra casa descalzos, para no maltratar los zapatos que traemos a la escuela.
La laguna da para comer, para vivir, pero no da para lujos.
Y estar comprando lápices, colores, reglas, cuadernos seguido, nadamas porque si, es un lujo.
Por favor, maestro, una vez mas se lo pedimos.
Déjenos ir por nuestras cosas…
El maestro veía en esos jovencitos, su otro rostro, el de la mirada de un hombre maduro, del que sabe ganarse el pan de cada día, del que se levanta de madrugada con sus padres, para ir a la laguna de Pueblo Viejo, y pasar horas aventando la red, que pesa lo suyo por la plomada.

sábado, 18 de julio de 2009

(video) Lic. Argelia Bortoni

(Video) Sr. Eduardo Saldaña Arteaga/Lesbia Lubina Rivas Guevara

(video) Sacerdote José Antonio

(video) Cronista y Lic. Carolina Infante Pacheco/Profra. Olga Neli Casados

( video ) Sra. Amparo González Berumen

( video ) Sr. Raúl Hernández Guerrero

( video) Pintor Jorge Yapur Sherife

( video ) Dra. Ana Elena Díaz Alejo

( video ) Ma. de la Luz Mayorga de Hernández,( video )Libro "Pueblo Viejo 1 y 2,

( video) Lic. Argelia Bortoni/Libro "Pueblo Viejo" vol.1 y 2

(video) Sra. Lesbia Rivas Guevara/(video)Pueblo Viejo vol. 1 y 2

Patronato Cultural/Presentación Libro

jueves, 16 de julio de 2009

Dos grupos,un salon ( d )

Y me regreso al salón de actos, y a su patiecito trasero o callejoncito, donde aventábamos nuestros trofeos de guerra, obtenidos en nuestras escaramuzas infantiles.
Nos gustaba ahí, porque las dos puertas del salón de actos, daban al patio grande del lado izquierdo de la escuela.
Y cuando empezábamos con los reclamos, de un lado y otro, ¡entrégame lo mío !
¡Bueno, pero tu también entrégame lo que me quitaste!, estábamos en el brete, de tener que dar toda la vuelta al salón de actos.
Cuando ingresaba alguno de los dos maestros responsables del salón de actos, empezaban las quejas…
Los de aquel grupo, nos hicieron esto y aquello.
Y los del otro grupo, replicaban, pero ellos empezaron.
Y el maestro;
¡Ya!, ¡cállense!
¡Y pónganse a trabajar!
Y de nuevo la alegata;
Yo no puedo, me aventaron el lápiz.
Yo tampoco, no encuentro mi cuaderno.
Y risitas, y más risitas.
Si el maestro era blando, de inmediato escogía unos cuatro chamacos, que fueran por todo lo tirado al exterior del salón.
Si quería escarmentarnos, repartía pedacitos de lápiz, de los que los chamacos no quieren usar, por lo trabajoso de agarrar esos cabitos, y de cualquier cuaderno viejo, que alguien hubiera abandonado tiempo atrás, en una repisa que había en una esquina del salón ,repartía hojas para que trabajaran aquellos que no tuvieran cuaderno.
Se hacia el silencio.
Empezábamos a trabajar cabizbajos.
Pensando en nuestras cosas afuera.
¿Y si algún alumno de otro salón, pasaba agachadito por fuera, para que no lo viéramos, y se llevaba nuestras cosas?
Y empezábamos…

martes, 14 de julio de 2009

Dos grupos,un salón (c)

Y el hacerse travesuras, como correr agachaditos, quitar un lápiz, o un borrador, y aventarlo por una ventana al exterior.
Porque por fuera de ese salón de actos, por la parte que colinda con el solar de las señoritas Alejandre, existía una banquetita delgada, y un tramo ancho de tierra de unos 3 metros, por todo lo largo que estaba el salón de actos, y en ese callejoncito, había sembrados, limoncitos, granadas y rosales.
De donde yo cortaba rosas hermosas, grandes, de colores variados, como el rosa, amarillas, blancas; había de varios tipos, como labios de novia, que son blancas, con orillita roja, los rosales sangre de toro, que eran rojo _ quemado, los bouquet de novia, que dan en racimo, así como las 7 hermanas, que son pequeñas, y siempre en racimitos, no se diga las de tipo de enredadera.
Y en mayo, yo llevaba de esas flores, a la Virgen, vestida de blanco, y éramos muchas las niñas, que en cánticos, después de cada misterio del rosario, con nuestras manos en plegaria, dábamos vuelta a los bancas de la iglesia, con el ¡ave, ave Maria!…
Y como éramos niñas, si podíamos dábamos la vuelta corriendo, y las catequistas, que no podían gritar dentro de la iglesia.
Terminando el rosario, a salir, y todas apredeaban a los guayabos de doña Mangú, y yo mas colmilluda, iba con modo, y le hablaba, porque su casa estaba frente a la sacristía de la iglesia, y su solar, abarcaba de calle a calle, y con un por favor, humildito, me la echaba a la bolsa, y doña Mangú, me prestaba una vara de tendedero, de las de otate, y ya aparecía yo, muy salsa, con permiso y toda la cosa, y recorría ese solar tan grande, y las demás niñas que continuaban, en el solar de la iglesia, empezaban a gritar, y corrían a casa de Doña Mangú , y Doña Mangú las mandaba a la porra, les decía, ¡No! ya las vi apedreando mi solar; y que como iba yo primero, pues tenia la derechera.
Yo tenía que portarme bien, porque mi abuelita, me vigilaba, de modo constante, desde la escuela que esta ubicada en contra esquina a la iglesia.
¡Y cuidadito y me dan una queja de ti!
Y un dia, que me vacilan, que yo a todo le tenia miedo a las catequistas, a doña Mangú, a mi abuelita, y que les demuestro que no, que me brinco al solar de doña Mangú, el de las guayabas, y recogí de las tiradas, y unas mulillas, que van y que le dicen a la dueña, ¡vaya a ver quien anda adentro!, y yo no podía salir sin ayuda, porque ese solar estaba mas bajo que el de la iglesia como metro y medio, y por mas que trataba de escalarlo, poniendo mis piesecillos entre las piedritas o ladrillos de esa barda, no lo lograba, y pedía una mano amiga, y las que me la daban, de verme con semejante susto, se desbarataban de risa, y así menos me podían ayudar.
Y que me cae la dueña y que me caigo de su gracia.
¡Mira nadamas!, yo que siempre te doy permiso, si eres igual a las demás.
¡Y ten tu permiso!, se acabo para mi.
En ese tiempo, también florea el framboyán, y eran enormes los ramos que cortaba del árbol que se ubicaba al fondo del solar de la escuela.
Y apartábamos los botones, de las flores sin abrir, y a la salida de la doctrina, en la placita, jugábamos a los gallitos, que consiste en enganchar los pistilos, que cada niña traíamos escogidos, por gruesos, grandes, o que se yo; y el que no se rompía, ese ganaba.
Bien que se divertía uno con esos gallitos, y en ocasiones, nosotras, nos poníamos gallitos de coraje, ¡tu me empujaste!, ¿ah si? , pues tu lo jalaste antes de tiempo, por eso rompiste el mío.
Y se pasaba el tiempo volando, ¡oh, hermoso tiempo el de la niñez!

lunes, 13 de julio de 2009

Dos grupos,un salón ( b )

Te explico brevemente…
O alguna madre de familia, que impertinentes, llegaban a cualquier hora.
Aunque estuviera el zaguán grande cerrado con cadena y un gran candado.
Se colaban por la parte de atrás, que tenia la tela mallacorla, destrozada en tramos espaciados, por los chamacos.
Y mire, maestro, mi hijo cumple con todo, ¿y porque su cuaderno tacho aquí y allá?
Otra madre, mi hijo trajo la tarea, y usted no se la reviso.
Si llego llorando, tanto que trabajo, y usted ni se la tomo en cuenta.
Señora, y no le dijo su hijo, ¿que ni siquiera me la presento cuando la pedí?
Que estaba platicando, si señora, ¡platicando!, dando la espalda al pizarrón, mientras yo me ocupaba en calificar tareas.
Y yo decía fuerte, ¡a ver niños! traigan la tarea al escritorio, la voy a revisar.
Cuando tocaron la salida, hasta entonces recapacito de donde estaba, y empezó en su bolsa, a buscar su cuaderno de tareas.
Ya para entonces, niño al que le entregaba su cuaderno de tareas revisadas, niño que salía del salón.
Recogí mi material educativo, cerré mi maletín y empezaba a salir del salón, para dejar libre, para el profesor del turno vespertino, cuando su hijo corre y me dice: ¡maestro, maestro!, no ha revisado mi tarea.
Tengo mi horario para firmar entrada y salida de labores.
La maestra de guardia, al final, firma de responsable, y la libreta de asistencia diaria, se guarda con llave, en el escritorio del director.
Como ve, las cosas sucedieron de diferente manera a como su hijo se las contó.
Y esa madre… ¡ay que pena!, profesor.
Disculpe mi atrevimiento.
Y extendiendo su mano, abierta la palma en ademán de amenaza, le dice a su hijo, que asustado, entre sus compañeros, escuchaba toda la conversación…
¡Ya veras!, ya veras, cuando llegues a la casa.
¡Y tu padre! ¡Me va a ayudar a corregirte!
Y nosotros, alumnos de los dos grupos, mientras se arreglaba esto o aquello, empezábamos las guerritas con bolitas hechas con pedacitos de hojas de cuaderno.

martes, 7 de julio de 2009

Dos grupos, un salón ( a )

DOS GRUPOS, UN SALON.


Por ser el salón de actos, muy amplio y largo, hubo ocasiones, en que al realizarse alguna mejora a un salón, como pintura, o por que hiciera falta otra aula, se metieron dos grupos a este salón.
De la parte de en medio, se dejaba un breve espacio libre, y hacia cada lado del salón, de modo que quedaran los alumnos de cada grupo dándose la espalda, se colocaba el mobiliario.
Cada maestro, tenía su escritorio de fierro, su silla, y su pizarrón.
Los maestros, quedaban de frente, pero a una distancia unos de otro, considerable.
A mi me toco un tiempo, estar en esas circunstancias.
Pero no podíamos estudiar bien, se escuchaba la clase de uno y otro grupo.
El bullicio de uno y de grupo.
Si el maestro de un grupo se veía obligado a salir a alguna diligencia, a traer algún material educativo pesado o delicado, que no pudiera mandar a alguno de sus alumnos; con una seña le encargaba al maestro compañero, que se encontraba en el otro extremo del salón, a sus alumnos.
Y nos dejaba trabajo, como para marearnos.
Y si tocaba la coincidencia que al único maestro que le habían encargado a los dos grupos, recibiera alguna visita inesperada, ya sea de otro compañero, que le solicitara algo de urgencia, ¿como lleno esta forma de…?
Firma esta circular de…es importante.
Te explico brevemente…

viernes, 3 de julio de 2009

Juntas magisteriales y sindicales

JUNTAS MAGISTERIALES Y SINDICALES


Volviendo al corredor central, techado, al final de el, a su lado izquierdo, estaba el salón de actos.
De ordinario, lo ocupaba un grupo de sexto año.
Pero cuando había juntas de toda la zona escolar, se llenaba con mesabancos dobles y dos escritorios de lámina al centro, con sus sillas.
Tenían que caber entre 100 y 120 asientos.
Llegaban temprano los maestros, de diferentes escuelas, localidades, e invariablemente, terminaba rebasando el cupo del salón de actos.
Los maestros venían de escuelas de Orcasitas, El Km. 75, La Laja, El Km. 80, San Gregorio, Chijol, Tantoyuca, Reventadero, Méndez, Tampuche, El Pueblito, Chijol Num. 17, La Isleta , El Higo y de muchos lugares mas.
Empezaban las juntas temprano, les daban un receso para lonchar, y terminaban a veces después del mediodía.
Los recibía el inspector de la zona, luego hablaba el director de la “Expropiación Petrolera”, y continuaba así, por niveles de escalafón.
A veces, las juntas eran asuntos relacionados con la enseñanza.
Y en otras, laborales, sindicales.
Solo se oía la voz del que exponía, al micrófono un tema.
Los maestros varones, es ese tiempo, fumaban tanto, que al mirar yo al interior, en pequeños brinquitos para poder alcanzar el alfeizar de la ventana, distinguía nubes aquí y allá, de volutas de humo.

lunes, 29 de junio de 2009

Señor Gaspar Henaine Capulina ( c )

Y los pobladores, ¿que ya se va Capulina?
Pero si no lo he saludado.
¿Eso fue todo?
¿No va a hacer algo?
¿A poco el boleto era por sólo verlo?
¡A no, mi boleto me costó!
¡Y yo lo saludo!, y el otro ¡yo lo toco! y ahora si…
La gente se abalanzo sobre Capulina.
Con todo y su silla de ruedas, su pierna enyesada, y ayudantes.
Creo que jamás olvido esa visita a Pueblo Viejo.
Sus acompañantes, empujaban aquí y allá a la multitud, para abrirle paso.
Y Capulina gritaba, ¡déjenme salir!
¡Déjenme pasar!
Pero no sean así ¡me van a lastimar!
¡Ay, ay! ¡Mi patita!
Para mí, que maldijo una y otra vez al público.
A gritos, pero nada se oía.
Cuando Pueblo Viejo grita, no hay quien le gane.
Se fué Capulina huyendo del pueblo.
No hubo aplausos.
Y los pobladores, en ese tiempo, llegaron a la decisión de…
Ya no queremos artistas renombrados, uno que paga lo doble o lo triple la entrada y ellos que no cumplen.

miércoles, 24 de junio de 2009

Señor Gaspar Henaine Capulina ( b )

Llegó con cara de dolor, cansado del viaje.
En una silla de ruedas, uno de sus piernas enyesada, que había sufrido un accidente su vehiculo, creo que chocó contra una vaca que se le atravesó por la carretera, no supe cual, no supe donde, no supe cuando.
Empezó amablemente a explicar su retrazo, pero que él cumplía sus contratos, y que ahí estaba, en nuestro pueblo.
Encantado de estar en Pueblo Viejo.
La multitud al escuchar sus explicaciones, agradecida, casi hasta las lágrimas, de que un personaje tan importante, a pesar de problemas, estuviera entre nosotros empezó a cercarlo….
Más, y más y más…
Todos se alborotaron, lo querían agarrar, tocar.
Unos se atrevieron a quitarle el sombrerito que siempre utilizaba, el agujereado del centro.
Los que acompañaban al Sr. Capulina, ponían cara de….
¿Que pasa aquí?
¿Que pasa con los pobladores de este pueblo?
Capulina se asustó.
Les dijo a sus ayudantes, sáquenme de aquí.
Vamonos, así no puedo trabajar.
Y los pobladores, ¿que ya se va Capulina?
y Capulina...
"No sé..., puede ser..., a lo mejor...,¡Quien sabe ! "

martes, 23 de junio de 2009

Sr. Gaspar Henaine Capulina ( a )

CAPULINA

En ese patio, un día dió una función, Capulina sólo, sin su compañero Viruta y decir función, función, creo que exagero.
La gente del pueblo, llenaba los corredores exteriores de la escuela, que son 2 uno inferior y otro superior, y los corredores interiores; sólo dejaron, un pequeño círculo, tal vez de unos 8 por 10 metros libre.
Había mucha expectación.
Se retraso tal vez unas 3 horas.
Pero siendo un artista renombrado, valía la pena esperar.
Ya hacia hambre, sed, todo mundo sudado, y vuelto a sudar.
Pero ahí estábamos, esperando al personaje.
Cada que un carro, o camioneta, de más o menos lujo se veía llegar por la carretera a Ozuluama, empezaba un rumor.
¡Capulina! ¡Ahí viene Capulina!
¿Donde?, ¿Dónde?
Hubo momentos en que la multitud, a empujones se acomodaba, de un modo, de otro.
Que si llegaba por el zaguán grande, no, tal vez por uno de los pequeños, así son los artistas, le juegan al misterioso.
Y yo quiero ser el primero en descubrir la llegada.
Yo tendré el honor de estrechar su mano.
Cuando llego, todo mundo estaba fastidiado, y peleado con todos.
Se hizo el silencio en el patio.
¡Ábranle paso al Sr. ¡Ca-pu-li-na!
Y llegó.